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El porvenir
según las profecías de la Palabra de Dios
En estos últimos tiempos, en estos días en que los corazones de los hombres se llenan de espanto a causa de las cosas que suceden o han de acontecer pronto, nos es grato ofrecer, a creyentes y amigos de habla castellana, la presente adaptación de la obra del siervo del Señor y autor cristiano holandés H. L. Heijkoop; la cual, publicada en artículos en una revista bíblica juvenil, fue luego compilada e impresa.
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La progresiva revelación de Dios
“Jehová ha dicho que él habitaría en la oscuridad” (2 Crónicas 6:1). Cuando la nube –presencia de Dios– llenó el tabernáculo o el templo, ni los sacerdotes ni el mismo Moisés, en su tiempo, podían penetrar en él, “porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Dios” (Éxodo 40:35; 2 Crónicas 5:14). Él “habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver” (1 Timoteo 6:16). En otras palabras, él es desconocido en la tierra, permanece inaccesible en la luz celestial. Cuando Moisés desea ver la gloria de Dios, Jehová le responde: “No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá” (Éxodo 33:20). Sin embargo, a través de los siglos –como lo dice Pablo a los atenienses– algunos han buscado “si en alguna manera, palpando, puedan hallarle” (Hechos 17:27). Incluso un filósofo griego como Platón no pudo más que «palpar». Era necesario que Dios se revelase.
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¿Quién es Jesús?
Cuando Jesús preguntó: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:15-16). Se lo había revelado el Padre, y por esta razón es llamado “bienaventurado”. Al final de su vida, sabiendo que en breve debía abandonar el cuerpo (2 Pedro 1:14), el apóstol hace una exhortación muy importante: “Creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (cap. 3:18). De un modo muy simple, y sin duda muy parcialmente, hemos intentado mostrar algunas de las glorias de esta Persona maravillosa, cuya profunda contemplación puede transformar nuestras vidas (2 Corintios 3:18). Mientras estemos en la tierra, nunca podremos escudriñar todo este misterio. “Nadie conoce al Hijo, sino el Padre” (Mateo 11:27). En su oración, el mismo Señor Jesús decía: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3). Efectivamente, “este es el verdadero Dios, y la vida eterna” (1 Juan 5:20).
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Ver a Jesús por donde anduvo
Al final de su vida en esta tierra el apóstol Juan, aquel a quien Jesús amaba y con quien tenía mayor intimidad que con otros, nos dice con emoción: “Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida… lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido” (1 Juan 1:1-4).
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Orientación cristiana
¿Qué dice la Biblia acerca del Espíritu Santo?
Una persona es un ser vivo, consciente de su existencia, que piensa, manifiesta su voluntad y obra conscientemente. Y, ¿qué dice la Biblia acera del Espíritu Santo? Nos enseña:
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A orillas del Jordán
Juan el Bautista había sido enviado para preparar “el camino del Señor” (Mateo 3:3). En medio de la ruina moral de Israel, un pequeño residuo todavía esperaba al Mesías. Venían a su bautismo, bautismo de arrepentimiento, confesando sus pecados. Juan anunciaba que aquel que vendría después de él sería más poderoso que él; decía que él mismo no era digno de desatar sus sandalias.
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Dios en sí mismo
“Jehová ha dicho que él habitaría en la oscuridad” (2 Crónicas 6:1). Cuando la nube –presencia de Dios– llenó el tabernáculo o el templo, ni los sacerdotes ni el mismo Moisés, en su tiempo, podían penetrar en él, “porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Dios” (Éxodo 40:35; 2 Crónicas 5:14). Él
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Dios manifestado en carne, en el Nuevo Testamento
“Grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne…, recibido arriba en gloria” (1 Timoteo 3:16). “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”. “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre)” (Juan 1:1, 14).
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Dios se reveló progresivamente
1 Corintios 1:21 nos dice que “el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría”. Pero Dios quiso, por propia iniciativa, revelarse progresivamente.
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El amado Hijo del Padre
Su amado Hijo (Colosenses 1:13)
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El anticristo
El nombre de anticristo se encuentra solamente en las epístolas de Juan. Pero, como veremos, se habla de su persona en otros lugares, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. En 1 Juan 2, el apóstol escribe a los hijitos, recordándoles que vendrá el anticristo.
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El Cristo – El Mesías
Unos jóvenes amigos creyentes nos pidieron una vez que habláramos del tema siguiente: ¿Son una misma persona el Cristo profético, el Cristo histórico y el Cristo vivo? Veamos, pues, lo que nos dice la Palabra al respecto.
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El Hijo de Dios
Había transcurrido algún tiempo desde la pesca milagrosa, cuando Pedro, de rodillas ante Jesús, le dijo: “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador” (Lucas 5:8). Los discípulos siguieron a su Señor, vieron su poder, su corazón lleno de compasión, sus discusiones con los fariseos y otras sectas judías, y fueron testigos de su rechazo (Mateo 11:20-24;12:14).
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El Hijo del Hombre
En 1 Timoteo 3:16 se nos dice que el misterio de la piedad es grande: “Dios fue manifestado en carne”. En el Antiguo Testamento, Dios se dio a conocer de distintas maneras: por sueños, por visiones, por la aparición de un ángel, por la palabra dicha a los profetas “muchas veces y de muchas maneras” (Hebreos 1:1).
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El milenio
Hemos visto en Zacarías 14:4 que el Señor Jesús descenderá del cielo para juzgar a los enemigos de Israel. Afirmará sus pies sobre el monte de los Olivos (v. 4), en el mismo lugar desde donde ascendió al cielo (Hechos 1:9-12). Primeramente, destruirá el poder del Imperio romano (Europa occidental) que quiere luchar contra él, y echará vivos a sus jefes en el infierno.
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El porvenir de Europa Occidental
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El porvenir de Israel
En el capítulo precedente hemos visto cómo Dios ha confirmado reiteradamente en su Palabra que cumplirá sus promesas, hechas a Abraham, a Isaac y a Jacob. Por consiguiente, volverá a traer a Israel a Palestina para que habite allí siempre y goce de las bendiciones de Jehová. Mas, ahora podemos preguntarnos:
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El porvenir de la cristiandad
En el libro del profeta Isaías, capítulo 11:9, leemos que vendrá un día en que “la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar”. Es, a la verdad, un maravilloso consuelo para aquellos que ven imperar en toda la tierra la incredulidad, el ateísmo y, como lógica consecuencia, la depravación moral cada vez más acentuada.
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El porvenir de la Iglesia
En 1 Corintios 10:32 encontramos la siguiente clasificación: la Iglesia de Dios, los judíos y los gentiles. Por este último término se designa a todos aquellos que no son judíos y que tampoco pertenecen a la Iglesia. En otros pasajes de la Escritura son llamados “las naciones”, “los pueblos” o “las gentes”. En las profecías también nos enfrentamos con esta clasificación.
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El porvenir de los pueblos alrededor de Palestina
En uno de los capítulos precedentes hemos visto cómo han sido descritos en el libro de Daniel los cuatro imperios que han de ejercer sucesivamente su dominio. En los primeros cinco capítulos, tenemos la historia y el carácter del reino babilónico. En el siguiente, el de los medos y persas.
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El porvenir de Rusia
Si leemos a los profetas Daniel, Jeremías y Ezequiel, nos sentiremos conmovidos por la gran diferencia de sus puntos de vista. Como hemos observado, Daniel habla del tiempo comprendido entre la transmigración del pueblo a Babilonia hasta la destrucción de los enemigos a la venida del Señor Jesús en gloria a la tierra.
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El que “estaba sentado en el trono”
La más grande esperanza del creyente es la de ver al Señor Jesús “tal como es”; pero a menudo se pregunta: «¿Veremos a Dios?». En estos dos capítulos del Apocalipsis hay, sin embargo, personajes distintos: el que está sentado en el trono; el Cordero inmolado en medio del trono; los siete espíritus de Dios delante del trono.
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El Salvador
“El Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo” (1 Juan 4:14). El nombre mismo de Jesús revela ese carácter: Jehová salva. El ángel dijo a los pastores: “Os ha nacido… un Salvador” (Lucas 2:11). Los samaritanos de Sicar dieron testimonio de ello: “Nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo, el Cristo” (Juan 4:42).
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El Señor
Después de mostrarnos la humillación de Cristo Jesús, Filipenses 2:9-11 nos presenta su exaltación: “Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla… y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”.
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