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Estudio sobre el libro de los Números
Vamos a emprender el estudio de la cuarta gran división del Pentateuco, los cinco libros de Moisés. Encontraremos que el carácter esencial de este libro es tan manifiesto como el de los tres precedentes, los cuales ya han ocupado nuestra atención. En el libro del Génesis, después de describirse la creación, el diluvio y la dispersión de Babel, tenemos la elección, según Dios, de la simiente de Abraham. En el libro del Éxodo encontramos la redención. El libro del Levítico nos habla de la comunión por medio del culto sacerdotal. En Números observamos la marcha y la lucha en el desierto.
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Las siete fiestas de Jehová
Etapas de la vida cristiana
Las fiestas de Jehová, como están expuestas en Levítico capítulo 23, eran “fiestas solemnes”, es decir, tiempos fijados para acercarse a Dios y presentarle sacrificios (v. 37). Según el pensamiento divino, no eran fiestas del pueblo, sino “las fiestas solemnes de Jehová”, santificadas para él y para su gloria. Cuando la tradición y los ritos las despojaron de su verdadero carácter –hasta el punto de excluir de ellas al mismo Señor Jesús–, esas fiestas fueron llamadas meramente “fiesta de los judíos” (Juan 5:1; 7:2).
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Balaam
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Conclusión
Cada una de las fiestas que vimos (la Pascua, los panes sin levadura, la gavilla por primicia, la conmemoración al son de las trompetas, la expiación y los Tabernáculos) estaba acompañada de sus respectivos sacrificios, como nos lo muestran estos dos capítulos.
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Conclusión
Aquí terminamos nuestras meditaciones sobre esta maravillosa porción de la Palabra de Dios
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Dios encuentra toda su complacencia en Cristo
Estos dos capítulos deben leerse juntos. Forman una parte distinta del libro, llena de interés y de instrucción. El principio del capítulo 28 nos da un resumen del contenido de toda la sección. “Habló Jehová a Moisés, diciendo: Manda a los hijos de Israel, y diles: Mi ofrenda, mi pan con mis ofrendas encendidas en olor grato a mí, guardaréis, ofreciéndomelo a su tiempo” (v. 1-2).
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El caso de Rubén, Gad y la media tribu de Manasés
Este capítulo ha dado lugar a grandes discusiones. Se han emitido opiniones muy diversas acerca de la conducta de las dos tribus y media. ¿Tenían razón o no al escoger su heredad en la ribera del Jordán lindante con el desierto? La conducta que siguieron, ¿era expresión de poder o de debilidad? ¿Cómo podremos formular un sano juicio en este asunto?
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El designio y las promesas de Dios son inmutables
Las palabras que abren este capítulo son particularmente notables cuando se las compara con el contenido del capítulo anterior. En aquel todo parece tenebroso y sin esperanza. Moisés tuvo que decir al pueblo: “No subáis, porque Jehová no está en medio de vosotros, no seáis heridos delante de vuestros enemigos” (cap. 14:42).
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El hombre y su miserable corazón
Hasta aquí, en el estudio de este libro, hemos considerado la manera en que Dios dirigía a su pueblo en el desierto y proveía a sus necesidades. Hemos recorrido los diez primeros capítulos, y en ellos hemos visto las pruebas de la sabiduría, la bondad y la providencia de Jehová, el Dios de Israel.
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El nazareato
Habló Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: El hombre o la mujer que se apartare haciendo voto de nazareo, para dedicarse a Jehová, se abstendrá de vino y de sidra; no beberá vinagre de vino, ni vinagre de sidra, ni beberá ningún licor de uvas, ni tampoco comerá uvas frescas ni secas.
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El pan de la tierra
En el desierto los israelitas se alimentaban del maná. Cada mañana tenían que levantarse muy temprano a fin de recoger la cantidad que necesitaban para el consumo del día (esto se repite seis veces en Éxodo 16). Era imposible hacer provisiones para más de un día, ya que el maná criaba gusanos.
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El reconocimiento de la tierra de Canaán por los doce espías
Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Envía tú hombres que reconozcan la tierra de Canaán, la cual yo doy a los hijos de Israel; de cada tribu de sus padres enviaréis un varón, cada uno príncipe entre ellos. Y Moisés los envió desde el desierto de Parán, conforme a la palabra de Jehová” (v. 1-3).
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El sacerdocio de Aarón y los levitas
Las primeras líneas del capítulo 18 contienen una exposición detallada de las funciones del sacerdocio de Aarón. Vamos a dirigir la atención del lector a este último punto.
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El segundo censo antes de entrar en el país
Aquí tenemos el segundo censo de los hijos de Israel, cuando están a punto de entrar en la tierra prometida. ¡Qué triste es considerar que, de los seiscientos mil hombres de guerra que fueron censados al principio, solamente habían sobrevivido dos: Josué y Caleb! Los cuerpos de todos los demás “cayeron en el desierto” (Hebreos 3:17).
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El voto a Jehová
Esta corta sección del libro tiene lo que podríamos llamar un alcance de dispensación. Ella se aplica especialmente a Israel y trata el tema de los votos y los juramentos. El hombre y la mujer presentan aquí un notable contraste: “Cuando alguno hiciere voto a Jehová, o hiciere juramento ligando su alma con obligación, no quebrantará su palabra; hará conforme a todo lo que salió de su boca” (v.
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Finees
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Introducción
Vamos a emprender el estudio de la cuarta gran división del Pentateuco, los cinco libros de Moisés. Encontraremos que el carácter esencial de este libro es tan manifiesto como el de los tres precedentes, los cuales ya han ocupado nuestra atención.
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La bandera
Como ya lo hemos hecho notar, había otra cosa igualmente necesaria para el guerrero, además de la declaración exacta de su genealogía: era el reconocimiento de su bandera. Ambas cosas eran esenciales para la marcha y el combate en el desierto. Por otra parte, eran inseparables.
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La disciplina relacionada con la morada de Dios
Jehová habló a Moisés, diciendo: Manda a los hijos de Israel que echen del campamento a todo leproso, y a todos los que padecen flujo de semen, y a todo contaminado con muerto. Así a hombres como a mujeres echaréis; fuera del campamento los echaréis, para que no contaminen el campamento de aquellos entre los cuales yo habito.
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La fiesta de los panes sin levadura
En todas las Escrituras, la fiesta de los panes sin levadura está íntimamente ligada a la Pascua. No se podría creer en el Señor Jesús y seguir viviendo como antes. “Nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta… con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad” (1 Corintios 5:7-8).
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La fiesta de los tabernáculos
Como la fiesta de los panes sin levadura, la de los Tabernáculos duraba siete días.
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La genealogía
Después de estas breves consideraciones sobre el conjunto del volumen divino, vamos a entrar en el estudio del libro que ahora debe ocuparnos.
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La incredulidad
Entonces toda la congregación gritó, y dio voces; y el pueblo lloró aquella noche” (v. 1). ¿Nos asombra esto? ¿Qué podía esperarse de un pueblo que no veía más que gigantes, murallas y grandes ciudades?
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La muerte de María y de Aarón
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