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El hogar cristiano

El hogar fue establecido por Dios, y fue Su designio para la humanidad. Cuando Dios hizo a Adán y a Eva y los unió en santo matrimonio, mandándoles que fructificaran y se multiplicaran y que llenaran la tierra, instituyó la primera familia y el primer hogar (Génesis 1:27-28). Toda la estructura social humana descansa sobre la unidad de la familia. Y el hogar, la morada de la familia, bien sea una choza o una mansión, es la fortificación o el refugio de la comunidad. De ahí a que se diga con frecuencia: «El hogar es el baluarte de la nación». Sobre él descansa todo el edificio de la civilización. Si él desaparece, desaparece la nación, porque la nación no es sino un conjunto de individuos unidos por una relación de familia. Es evidente, pues, la importancia del hogar y de la vida familiar conforme a los pensamientos de Dios.

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El yugo desigual

“El amor de Cristo –dice el apóstol– nos constriñe” (2 Corintios 5:14). Este es el motivo más poderoso de todos. Cuanto más lleno esté el corazón del amor de Cristo, y cuanto más fijemos nuestros ojos espirituales en su bendita Persona, más buscaremos seguir sus huellas celestiales. Ahora bien, entre los numerosos obstáculos que se oponen a esta plena consagración de corazón a Cristo que yo deseo ardientemente para mí y para mis lectores, el yugo desigual, tal como lo veremos, ocupa uno de los primeros lugares.

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Mimosa

La joven hindú

Este relato verídico es la historia siempre nueva de un alma que se dejó ganar por el infinito amor del Salvador. Para comprenderla mejor, hemos pensado que sería bueno explicar un poco lo que son las «castas». Muchos años antes de la era cristiana, el pueblo hindú estaba dividido en cuatro sociedades: los sacerdotes, los jefes (magistrados y soldados), los agricultores y los vencidos. Las dos primeras «clases» dominaban las otras dos; la tercera gozaba de un monopolio que le aseguraba una buena posición. En cuanto a la cuarta, vivía completamente sometida. Estas divisiones comenzaron a causa de las diferencias de origen y por conquistas que obligaron a vencedores y vencidos a vivir juntos. Con el correr de los siglos, se subdividieron en fracciones muy pequeñas llamadas desde entonces «castas».

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Tú y tu casa

El cristiano en el hogar

Hay dos casas que ocupan un lugar muy prominente en las páginas inspiradas: La casa de Dios y la casa del siervo de Dios. Dios atribuye una gran importancia a su casa, y justamente porque es suya. Su verdad, su honor, su carácter y su gloria están comprometidos en el carácter de su casa. Por tal motivo, es su deseo que la expresión de lo que Él es se manifieste con total claridad en lo que le pertenece.

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Adiós, hermanitos

Después de unos días de descanso, la madre sintió que debía marcharse. No podía estar quieta entre nosotros mientras su pequeño «El que trae suerte» abría sus grandes ojos a toda clase de cosas que no olvidaría nunca. También tenía miedo de que oyera palabras que todo su cariño de madre no bastaría para borrar de su memoria.

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Alabemos al Señor en todo tiempo

Con la larga enfermedad de los niños se terminaron los recursos de Mimosa y llegó otra vez el día en que la pobre madre no tuvo nada para darles de comer. Se acordaba de las dos rupias que le habían negado y no quería exponerse a un nuevo rechazo.

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Átate las sandalias

En ese tiempo, el marido de Mimosa vivía en una ciudad situada a unos 16 km de su pueblo. Ella podía haber venido a la misión sin que él lo supiera, pero era tan honrada que ni se le ocurrió hacerlo. Jamás flaqueó su fidelidad para con ese hombre falto de inteligencia, quien pasaba su tiempo soñando en vez de trabajar para mantener a su familia.

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Booz

Mayil apenas hacía sus primeros pasos cuando nació otro pequeño ser, que iba a ser la alegría de su madre.

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Cabeza de mula

Volvamos atrás para comprender un poco cuáles fueron las causas que motivaron la respuesta a las oraciones de Star.

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Cuida a mi pajarillo

Mucha gente concurrió, como de costumbre, al velatorio del pequeño Mayil, pero muy poca simpatía testimoniaron a Mimosa.

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El amor en el temor

Mimosa sentía una gran aprensión por sus hijos. ¿No cohabitan siempre el temor y el amor en el corazón de una madre? Sabía que había muchos peligros en la calle, tantos como las motas de polvo en el camino.

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El amor vencedor

Sólo nos falta contar lo que para Mimosa resultó una gran felicidad después de tantos sufrimientos. Cierto domingo por la tarde, cuando el sol doraba el cielo con sus últimos rayos, fuimos a la orilla del Lago Rojo, al pie de las montañas, acompañadas por mucha gente del lugar.

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El filo de la espada

Lentamente pasaron los meses. Mimosa tuvo que volver al trabajo; de otro modo, se hubiera acabado el alimento para la familia. Su esposo, tendido todo el día en la estera, era una boca más para alimentar. Se podía confiar en Kinglet, quien lo cuidaba y también se ocupaba de Mayil y Music mientras la madre estaba ausente.

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El hogar para Dios

Comenzamos nuestra meditación sobre el hogar cristiano recordando su institución por Dios mismo y vimos que el verdadero hogar cristiano es aquel en el que al Señor se le da su justo lugar, y donde las relaciones establecidas por él son mantenidas de acuerdo con su pensamiento y propósito, a fin de glorificarle.

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El látigo

–¿Qué pasa con esta criatura? ¿Qué tiene? Quien hablaba así era la madre de Mimosa; estaba muy enfadada. Y cuando esa mujer estaba enojada, usaba el látigo sin titubear. –¡Mírenla! ¡No hay ni rastro de ceniza sagrada en su frente! –¿Qué dirán los vecinos? –dijo la tía. –¡Ven acá, ingrata! ¡Apresúrate!

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El matrimonio, la base del hogar

Ahora que hemos visto el lugar vital, ordenado por Dios, que el hogar ocupa en el sistema social, nos detendremos un poco en detalle en la honorable y santa institución del matrimonio, el cual fue dado por Dios como la base misma del hogar.

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El que trae desgracias

Le esperaba un nuevo dolor. Su quinto hijo también fue un varón. Los vecinos vinieron a verla; zumbaban a su alrededor como abejas. La compadecían o la censuraban, según sus antojos. Pero todos sacudían sus cabezas y volvían las palmas de sus manos al cielo profetizando cosas terribles.

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El que trae suerte

Los hijos de Mimosa eran niños simpáticos y se hacían querer. El mayor era un hombrecito que sabía arreglárselas solo. Era muy recto por naturaleza. El pequeño Music era muy inteligente y atractivo. Luego nació el cuarto. El cuarto hijo, si es varón, según se dice trae buena suerte a la familia. Si además el quinto es una niña, los dos son considerados como buen presagio.

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El regreso de Mimosa

Cierto día recibimos una carta de Mimosa en la que nos decía: «Les ruego que me vengan a buscar, puedo ir». ¿Cómo era posible? ¿Qué había sucedido?

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El remedio mágico

En aquella época, Mimosa y su esposo eran muy pobres. Por lo tanto, cuando él estuvo bastante bien como para hacer un trabajo ligero, ella le suplicó que aceptara lo que le ofrecían, pues ella se sentía sumamente cansada. El marido ya veía lo suficiente para realizar aquella tarea. Debía acompañar a un pariente que iba a uno de esos lugares santos al sur del país.

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El torito gris

Un día, mientras Mimosa me contaba sus experiencias y su vida pasada, de repente expresó: «Entonces el torito gris se fue al cielo». Sabía algo de ese lugar, de sus puertas de perlas, sus muros, sus calles de oro puro, su río y árbol de vida. Este cuadro de hermosura y de gloria había llamado la atención de esta joven.

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El yugo desigual comercial

Consideremos ahora el yugo desigual en su aspecto comercial, tal como lo vemos en el caso de las sociedades comerciales. Si bien no presenta un aspecto tan serio como el que acabamos de considerar –pues en este compromiso uno puede librarse con mayor facilidad que en el conyugal–, no deja de ser un obstáculo al testimonio del creyente.

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El yugo desigual filantrópico

Solo nos resta considerar el aspecto filantrópico del yugo desigual.

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El yugo desigual matrimonial

Consideremos, primeramente, el yugo doméstico o matrimonial. ¿Qué pluma sería capaz de describir las angustias del alma, la miseria moral, así como las perniciosas consecuencias para la vida espiritual y el testimonio, que surgen del matrimonio de un creyente con una persona inconversa?

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