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Un reposo venidero
No se crea que hemos perdido de vista el muy importante hecho de que el sábado tendrá que ser celebrado otra vez en la tierra de Israel y en todo el mundo. Seguramente que sí. Queda un reposo para el pueblo de Dios (Hebreos 4:9).
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Un resultado feliz para otros
Este resultado feliz para Isaac mismo produjo un efecto saludable en otros: “Y Abimelec vino a él desde Gerar, y Ahuzat, amigo suyo, y Ficol, capitán de su ejército. Y les dijo Isaac: ¿Por qué venís a mí, pues que me habéis aborrecido, y me echasteis de entre vosotros?
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Un rey que no conocía a Dios
“Entretanto, se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no conocía a José; y dijo a su pueblo: He aquí, el pueblo de los hijos de Israel es mayor y más fuerte que nosotros. Ahora, pues, seamos sabios para con él, para que no se multiplique, y acontezca que viniendo guerra, él también se una a nuestros enemigos y pelee contra nosotros, y se vaya de la tierra” (v. 8-10).
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Un sacrificio más excelente
Todas estas consideraciones nos ayudan a comprender algo del significado y de la virtud de la declaración que hemos hecho: “Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín”. Caín no tuvo esta fe y, por lo tanto, no trajo sacrificio cruento. Abel tuvo fe y, por lo tanto, ofreció la sangre y la grosura que tipifican tanto la vida como la excelencia innata de la persona de Cristo.
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Un sacrificio quemado al fuego: olor grato para Dios
“Y lavará con agua los intestinos y las piernas, y el sacerdote hará arder todo sobre el altar; holocausto es, ofrenda encendida de olor grato para Jehová” (v. 9). El lavatorio que se ordena aquí hacía que el sacrificio, en figura, fuera tal como Cristo era esencialmente: puro interior y exteriormente.
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Un solo centro: El nombre de Jesús
Repetiremos la pregunta y rogamos fervorosamente al lector que la considere y responda en la presencia de Dios y a la luz de la Escritura: ¿Dónde podría hallar el apóstol esa disposición el próximo domingo en Londres, París, o en cualquiera otro sitio de la cristiandad?
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Un único lugar, un solo centro
¡Qué privilegio indecible para cuantos amaban a Dios reunirse en el sitio donde el nombre de Dios era ensalzado! ¡Qué gracia querer reunir a su pueblo alrededor suyo en ocasiones! Este hecho no perjudicaba en nada los derechos y privilegios personales de los israelitas. Al contrario, abundaban aún más.
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Un yugo imposible de llevar
La lectura del capítulo 15 de los Hechos nos enseña como responde el Espíritu Santo a toda tentativa de poner a los creyentes bajo la ley como regla de vida. “Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés” (v. 5).
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Una conciencia sensible
Dudamos que este deber sea comprendido como debiera. Tememos que haya una forma de obrar superficial, ligera e inconsiderada en cuanto al pecado y a la caída, que ha de contristar al Espíritu de Dios. Nos contentamos con una simple confesión de labios para afuera, sin tener el corazón lleno del profundo sentimiento de lo malo que es el pecado a los ojos de Dios.
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Una descripción profética
Entonces habló Moisés a oídos de toda la congregación de Israel las palabras de este cántico hasta acabarlo” (cap. 31:30). Esta relevante sección del divino volumen reclama nuestra atención unida a la oración. Comprende todas las relaciones de Dios con Israel, desde el principio hasta el fin. Nos ofrece un solemne relato de su grave pecado, de la ira y juicio divinos.
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Una dificultad impide participar en la Pascua
No obstante, este capítulo nos presenta la Pascua desde el punto de vista del desierto; esto explica por qué se menciona en él la siguiente circunstancia: “Pero hubo algunos que estaban inmundos a causa de muerto, y no pudieron celebrar la pascua aquel día; y vinieron delante de Moisés y delante de Aarón aquel día” (v. 6).
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Una esposa para el Hijo
Para comprender en forma clara y completa el contenido de este capítulo, consideremos los puntos que siguen: el juramento, el testimonio y el resultado de la misión de Eliezer.
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Una libre entrada
El segundo y precioso fruto de la justificación es que, por medio del Señor Jesucristo, Tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes (v. 2).
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Una maravillosa esperanza
“Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, a estos también glorificó” (v. 29-30).
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Una maravillosa promesa
Y no solo ello, sino que al mismo tiempo sabemos que, “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (v. 28). No siempre sabemos, por falta de conocimiento, qué debemos pedir como conviene (el propio apóstol Pablo es un ejemplo de ello, como lo vemos en 2 Corintios 12), pero hay algo que sabemos,
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Una parte común entre Dios y los sacerdotes
El considerar juntamente todas estas diferencias notables que hay entre el holocausto y el sacrificio de paz permite distinguir las dos ofrendas con gran claridad. En la ofrenda de paz hay algo más que la perfecta sumisión de Cristo a la voluntad de Dios. El adorador es introducido, no solo para mirar, sino para comer. Esto da un carácter acentuado a esta ofrenda.
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Una renovación continua
“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (v. 2). En estas palabras el apóstol agrega aun un segundo elemento a la consagración personal a Dios, Una advertencia contra las malas influencias del mundo, dominio de Satanás.
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Una seria advertencia
Estimado lector, ¿comprende la aplicación que tiene a usted mismo? ¿Ha descubierto, a la luz de la presencia de Dios, que usted verdaderamente ha fracasado, que ha naufragado y que no tiene ninguna excusa que alegar? ¿Ha sido inducido a aplicarse personalmente las dos frases en las que nos hemos detenido: “no entraréis” y “cuando hayáis entrado”?
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Una vida con Dios
Aun cuando veamos a Abraham caído en faltas de detalle, notamos en él algo que, de manera general, le distingue: una vida con Dios, elevada, verdadera, íntima, por lo que, en la parte de su historia que meditamos, disfruta de tres privilegios particulares, a saber: de ofrecer a Dios algo que le es agradable; de estar en plena comunión con Dios y de interceder por otros delante de Dios.
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Unidad del cuerpo de Cristo y falsa doctrina
Y si todo esto era indiscutible para Israel, ¡cuánto más lo es para la Iglesia de Dios! Podemos estar seguros de que nada es tan aborrecible a Dios como la indiferencia a todo lo relacionado con Cristo. El eterno propósito y consejo de Dios es glorificar a su Hijo.
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Variedad de servicios bajo las órdenes de Cristo
Siempre se debe tener en cuenta que su tarea variaba, y que, además, cada uno debía trabajar bajo las órdenes de Aarón. Había una responsabilidad individual en la más armoniosa acción colectiva.
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Vasos de ira y vasos de misericordia
El apóstol llama a esos hombres “vasos de ira” en relación con la imagen del alfarero, así como designa “vasos de misericordia” a aquellos que se someten a Dios y a su Palabra. Unos y otros se encaminan a su meta final, ya sea la destrucción, ya sea la gloria. Ellos están preparados para eso, pero ¡no perdamos de vista la gran diferencia que existe entre las dos preparaciones!
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Verás delante de ti la tierra, mas no entrarás allá
También es notable ver cómo este capítulo termina recordando los actos administrativos de Dios para con su fiel siervo Moisés.
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“Veré la sangre…”
El israelita no descansaba en sus propios pensamientos, ni en sus sentimientos, ni tampoco en sus experiencias relativas a la sangre. Esto habría sido descansar sobre un miserable fundamento de arena. Sus pensamientos y sus sentimientos podían ser profundos o superficiales; pero fuesen profundos o superficiales, nada tenían que ver con el fundamento de su paz.
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