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¿Barrabás o Jesús?
La lucha entre las tinieblas y la luz, de la cual somos testigos, confirma la verdad enunciada al principio del evangelio según Juan: “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo” (cap. 1:9).
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“Consumado es”
La obra hecha en la cruz ofrece aun otro aspecto que, en todas las épocas, ha llenado de admiración a quienes han meditado en ella. Es lo que expresa esta estrofa de un cántico:
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“Crucificado en debilidad”
“Y le llevaron a un lugar llamado Gólgota, que traducido es: Lugar de la Calavera” (Marcos 15:22).
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El fin del traidor
“Entonces Judas, que le había entregado, viendo que era condenado, lleno de remordimiento…” (Mateo 27:3; V. M.). Sin duda no había pensado en tal desenlace para el Señor, quien siempre había logrado escapar de las conspiraciones de sus enemigos. Judas había juzgado que era la ocasión favorable para satisfacer una vez más su codicia.
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El oprobio de los hombres y el despreciado del pueblo
Consideremos ahora los acontecimientos que caracterizaron el fin de “la noche que fue entregado”, escena durante la que el “Señor de gloria”, “el cual creó los confines de la tierra”, fue objeto de los más ignominiosos tratos de parte de sus criaturas.
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El que “estaba sentado en el trono”
La más grande esperanza del creyente es la de ver al Señor Jesús “tal como es”; pero a menudo se pregunta: «¿Veremos a Dios?». En estos dos capítulos del Apocalipsis hay, sin embargo, personajes distintos: el que está sentado en el trono; el Cordero inmolado en medio del trono; los siete espíritus de Dios delante del trono.
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“Fuera del campamento”
“Tomaron, pues, a Jesús, y le llevaron. Y él, cargando su cruz, salió…” (Juan 19:16-17). En el transcurso de los tiempos, ¡cuántos creyentes han sentido su corazón oprimido al detenerse a considerar esta escena! Poco antes, Pilato había dicho al pueblo: “Mirad, os lo traigo fuera… Y salió Jesús” (Juan 19:4-5).
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“He ahí tu madre”
“Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena” (Juan 19:25-27). ¡Cuán preciosas eran las relaciones que estas mujeres mantenían con Jesús! Ellas lo habían seguido desde Galilea y “le servían de sus bienes” (Marcos 15:41; Lucas 8:2-3). “Y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén”.
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“He aquí el Cordero de Dios”
Hasta aquí hemos seguido, con el corazón oprimido, al “varón de dolores” por el camino donde sufrió de parte de los hombres. Pero ahora se abre un nuevo capítulo en la historia de la cruz. Comienza con estas palabras: “Y desde la hora sexta” (Mateo 27:45).
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“He aquí el hombre”
En el mismo instante en que Barrabás el malhechor fue librado, Jesús, de quien el más alto magistrado del país acababa de proclamar solemnemente su inocencia, fue entregado a los verdugos. “Así que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó” (Juan 19:1).
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“¡He aquí vuestro Rey!”
La perplejidad de Pilato había llegado a su colmo. Hasta ese momento los judíos se habían constituido en defensores de aquellos que comparecían ante él. Ahora sucedía todo lo contrario: él estaba convencido de la inocencia del acusado, ¡y ellos exigían su condena a muerte! Pilato no les ocultó su profundo desprecio:
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Herodes
Aunque no estuviese dispuesto a abrir su corazón a la verdad, Pilato estaba convencido de la inocencia de Jesús y de la futilidad de las acusaciones que levantaban contra él. Por eso se esforzaba por desprenderse de esta causa embarazosa.
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Judas Iscariote, el que entregó a Jesús
En los tres primeros evangelios, el relato de los acontecimientos que consideraremos en esta meditación comienza con estas palabras: “Mientras él aún hablaba”. El Señor, en su infatigable gracia, asistía a los suyos; entre tanto el que iba a entregarlo, “Judas, uno de los doce”, se acercaba en medio de las tinieblas.
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La casa de Dios
La Palabra también nos presenta al conjunto de los creyentes como la casa de Dios aquí en la tierra.
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La conversión del ladrón
“Lo mismo le injuriaban también los ladrones que estaban crucificados con él” (Mateo 27:44). Seguramente, nunca se habrá contemplado una escena igual: condenados a muerte injuriando sin motivos a otro ajusticiado.
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La fiesta de los tabernáculos
Como la fiesta de los panes sin levadura, la de los Tabernáculos duraba siete días.
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La gavilla por primicia
La Pascua y la fiesta de los panes sin levadura podían ser celebradas en el desierto, pero para traer al Señor la gavilla por primicia era menester haber entrado en la tierra que él les daba. La Pascua era sacrificada por la tarde, a la puesta del sol, y comida en la noche. En la mañana todo estaba terminado (Deuteronomio 16:6-7).
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“Me negarás tres veces”
A continuación de los versículos que relatan el arresto del Señor Jesucristo, leemos: Todos los discípulos, dejándole, huyeron (Mateo 26:56).
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“Padre, perdónalos”
Los evangelios refieren siete frases pronunciadas por el Señor en la cruz (Mateo 27:46; Marcos 15:34; Lucas 23:34, 43, 46; Juan 19:26-30). Meditemos sobre la primera de ellas. El Señor la pronunció inmediatamente después de haber sido crucificado.
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Pilato
“Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era de mañana” (Juan 18:28). El sumo sacerdote, el concilio, el gobernador, Herodes el tetrarca, todos ellos comenzaron su actividad muy temprano, con una energía particular generada por su odio contra Dios. Esto revela también la febril agitación que se apoderó de los jefes del pueblo.
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“Sálvate a ti mismo”
Ahora contemplamos al Señor Jesús colgado en una cruz, expuesto a los rayos del sol del oriente y a las miradas impúdicas de la multitud, así como a los incesantes sarcasmos de sus enemigos, a todo lo cual se añaden las torturas físicas de la crucifixión.
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Contenido del arca - Hebreos 9:4
Las tablas de la ley
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¿Cuál es el objetivo de este ministerio?
Efesios 4:12-16 nos da la respuesta:
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¿Cuál es el resorte de este ministerio?
1 Corintios 13, tan notablemente colocado entre los capítulos 12 y 14, nos revela el secreto: el amor. El más hermoso don, sin el amor, no es más que un címbalo que retiñe; no es nada y no aprovecha para nada. El otro resorte es la gloria de Dios, según 1 Pedro 4:11: “Para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo”.
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