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Isaías 5:1–9:7

El capítulo 5 comienza con lo que podríamos llamar el cántico de Isaías. Si nos volvemos a Deuteronomio 32, podemos leer el cántico de Moisés, que es por una parte retrospectivo, y por otra parte profético. Moisés pronunció su cántico al comienzo de la historia nacional de Israel. Isaías, por su parte, pronunció el suyo hacia el final. El testimonio de ambos es el mismo.

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Isaías 53:10–55:13

Hasta aquí, esta gran profecía ha tratado de los sufrimientos y muerte en humillación del siervo de Dios, principalmente, desde el lado humano y visible; ahora se adentra en cosas más profundas, fuera del alcance de la vista humana. Los versículos 10 a 12 anuncian lo que Dios mismo realizó, y qué conseguirá aún por medio de esto.

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Isaías 56:1–58:14

Al final de Isaías 55, el maravilloso relato profético concerniente a aquel que iba a surgir como el “siervo” y el “brazo” del Señor, llega a su fin. En el capítulo 56, el profeta tuvo que volver al estado de las cosas entre el pueblo al que se había dirigido anteriormente.

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Isaías 59:1–60:5

Las gloriosas promesas contenidas en los versículos finales de Isaías 58, pueden haber sonado idealistas y visionarias, incluso en tiempos de Isaías; y más aún en nuestros días, cuando, a pesar de todos los esfuerzos, el problema de Israel y su tierra parece sin solución. ¿Qué ha retrasado –y todavía retrasa– la realización de tales promesas?

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Isaías 60:6–62:3

La abundancia de cosas que, en forma de bendiciones terrenales, será derramada sobre Israel, se brindan con mucho detalle a partir del versículo 6 de Isaías 60. En ese versículo se menciona a Sabá, la tierra desde donde vino la reina que visitó a Salomón con mucho oro y especias. Cuando ella llegó (como se relata en 1 de Reyes 10), expresó alabanzas hacia Salomón.

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Isaías 62:4–64:3

Si el versículo 3 de nuestro capítulo anuncia cómo el Israel de Dios en la era venidera será una corona de gloria y una diadema en la mano de Dios, el versículo 4 declara el lugar de bendición que será de ellos, en contraste con todo lo que a ellos los ha caracterizado hasta ahora.

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Isaías 64:4–65:12

Es sorprendente cómo el versículo 4 prosigue a lo que hemos bosquejado en los tres primeros versículos. Isaías deseaba una manifestación poderosa del poder de Dios, como el que se había manifestado al principio de la historia de Israel.

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Isaías 65:13 – 66:24

Aunque Dios tiene que pronunciar un juicio sobre los malhechores, que debe ejecutarse a su debido tiempo, se deleita en la misericordia y la bendición que otorga a sus verdaderos siervos. Esto él lo hace manifiesto en el pasaje que inicia en el versículo 13.

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Isaías 9:8–14:32

En este punto del capítulo 9 el profeta reanudó la denuncia contra el pueblo y su pecado, que había sido interrumpida para poder relatar su visión del Dios de los ejércitos, y dar la profecía sobre Emmanuel. Ahora vemos cómo la mano de Dios se extendió sobre ellos con ira y disciplina.

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Job - la disciplina para conocer su propio corazón

Uno de los motivos del camino por el desierto era conducir al pueblo a “saber lo que había” en su corazón (Deuteronomio 8:2), ese corazón que solo Dios puede sondear verdaderamente:

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Junto al mar

El monte nos habla íntimamente de la comunión con el Señor. El mar presenta, sobre todo, las circunstancias exteriores, el ruido de la muchedumbre, los altibajos de la vida y también el ministerio público que tuvo un amplio lugar en la senda de Jesús.

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La casa de Dios

La Palabra también nos presenta al conjunto de los creyentes como la casa de Dios aquí en la tierra.

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La Cena y la Mesa del Señor

Los pasajes sobre la institución de la Cena en los tres primeros evangelios y en 1 Corintios 11 hablan en primer lugar a nuestros corazones. ¡Cuánto había “deseado” el Señor comer, por última vez, la pascua con sus discípulos!

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La conducta

La conducta de un cristiano no depende de las prescripciones exteriores que deba observar, sino de una vida interior que manifieste una manera de vivir según Dios. Es la enseñanza de Romanos 12:2: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento”.

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La esposa

Leer Efesios 5:22-32; Mateo 13:45-46; Apocalipsis 19:7-9; 21.

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La familia de Dios

Después de haber visto lo que la gracia de Dios ha hecho por nosotros, consideremos ahora lo que ha hecho de nosotros.

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La fiesta de los panes sin levadura

En todas las Escrituras, la fiesta de los panes sin levadura está íntimamente ligada a la Pascua. No se podría creer en el Señor Jesús y seguir viviendo como antes. “Nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta… con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad” (1 Corintios 5:7-8).

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La fiesta de los tabernáculos

Como la fiesta de los panes sin levadura, la de los Tabernáculos duraba siete días.

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La gavilla por primicia

La Pascua y la fiesta de los panes sin levadura podían ser celebradas en el desierto, pero para traer al Señor la gavilla por primicia era menester haber entrado en la tierra que él les daba. La Pascua era sacrificada por la tarde, a la puesta del sol, y comida en la noche. En la mañana todo estaba terminado (Deuteronomio 16:6-7).

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La infancia y la juventud

Leer previamente Hechos 16:1-3; 2 Timoteo 1:5; 3:14-15

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La ofrenda vegetal

En la ofrenda vegetal, no se trata de una víctima degollada, de sangre derramada, de propiciación ni de pecado. La ofrenda no es ofrecida para “ser aceptada”.

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La pascua

Dios quiere reunir un pueblo alrededor de sí mismo en su reposo para que publique Su alabanza (Isaías 43:21). Para que ello sea posible, todo debe estar en orden no solamente en gracia, sino también en justicia, porque Dios es tanto luz como amor. En figura, la Pascua echa los fundamentos de esta obra.

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La ruina

¿Por qué esta casa, tan bien fundada y edificada en el principio, ha sido arruinada al punto de presentar la confusión actual? Mientras dormían los hombres… un enemigo ha hecho esto (Mateo 13:25, 28).

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La Trinidad

1.  Dios había declarado claramente a Israel por conducto de Moisés: “Jehová nuestro Dios, Jehová uno es” (Deuteronomio 6:4). Por eso el primer mandamiento de la ley precisaba: “No tendrás dioses ajenos delante de mí”.

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