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Un poder dudoso
Un hecho característico de los días del fin, de estos malos días que nos han llegado, es que se habla mucho de poder y poco de obediencia a la Palabra de Dios.
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Un privilegio inestimable
Jehová había fijado su morada en medio de su pueblo rescatado y en ningún otro sitio. La redención era la base esencial de la morada de Dios en medio de los hombres. Fuera de la redención, la presencia divina no podía sino acarrear la destrucción del hombre; pero, conocida la redención, esta presencia proporciona al rescatado el más alto privilegio y la más resplandeciente gloria.
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Un pueblo restaurado, de vuelta y bendito
Este capítulo es de profundo interés e importancia. Es profético y nos presenta algunas de “las cosas secretas” a que hace referencia la última parte del capítulo anterior.
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Un puesto y un servicio especial
Los levitas estaban especialmente designados, de entre las demás tribus, para ocupar un puesto y cumplir un servicio muy particulares.
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Un reposo venidero
No se crea que hemos perdido de vista el muy importante hecho de que el sábado tendrá que ser celebrado otra vez en la tierra de Israel y en todo el mundo. Seguramente que sí. Queda un reposo para el pueblo de Dios (Hebreos 4:9).
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Un resultado feliz para otros
Este resultado feliz para Isaac mismo produjo un efecto saludable en otros: “Y Abimelec vino a él desde Gerar, y Ahuzat, amigo suyo, y Ficol, capitán de su ejército. Y les dijo Isaac: ¿Por qué venís a mí, pues que me habéis aborrecido, y me echasteis de entre vosotros?
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Un rey que no conocía a Dios
“Entretanto, se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no conocía a José; y dijo a su pueblo: He aquí, el pueblo de los hijos de Israel es mayor y más fuerte que nosotros. Ahora, pues, seamos sabios para con él, para que no se multiplique, y acontezca que viniendo guerra, él también se una a nuestros enemigos y pelee contra nosotros, y se vaya de la tierra” (v. 8-10).
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Pláticas sencillas
Un sabio consejo
No contentos con ser responsables de la sangre inocente, estos jefes todavía querían añadir a su culpabilidad la muerte de los apóstoles: “Ellos, oyendo esto, se enfurecían y querían matarlos” (v. 33). Si hubiesen temido pensando en sus pecados, hubieran encontrado el perdón en Aquel a quien habían crucificado; pero, endurecidos por su orgullo, iban a cargar su conciencia con otros crímenes.
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Un sacrificio más excelente
Todas estas consideraciones nos ayudan a comprender algo del significado y de la virtud de la declaración que hemos hecho: “Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín”. Caín no tuvo esta fe y, por lo tanto, no trajo sacrificio cruento. Abel tuvo fe y, por lo tanto, ofreció la sangre y la grosura que tipifican tanto la vida como la excelencia innata de la persona de Cristo.
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Un sacrificio quemado al fuego: olor grato para Dios
“Y lavará con agua los intestinos y las piernas, y el sacerdote hará arder todo sobre el altar; holocausto es, ofrenda encendida de olor grato para Jehová” (v. 9). El lavatorio que se ordena aquí hacía que el sacrificio, en figura, fuera tal como Cristo era esencialmente: puro interior y exteriormente.
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Un solo centro: El nombre de Jesús
Repetiremos la pregunta y rogamos fervorosamente al lector que la considere y responda en la presencia de Dios y a la luz de la Escritura: ¿Dónde podría hallar el apóstol esa disposición el próximo domingo en Londres, París, o en cualquiera otro sitio de la cristiandad?
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The Mackintosh Treasury
Un Sumo Sacerdote que se compadece de nuestras debilidades
Ahora bien, la epístola a los Hebreos nos presenta tres preciosas facetas del servicio sacerdotal del Señor. En primer lugar, leemos en el capítulo 4:
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Un único lugar, un solo centro
¡Qué privilegio indecible para cuantos amaban a Dios reunirse en el sitio donde el nombre de Dios era ensalzado! ¡Qué gracia querer reunir a su pueblo alrededor suyo en ocasiones! Este hecho no perjudicaba en nada los derechos y privilegios personales de los israelitas. Al contrario, abundaban aún más.
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Un yugo imposible de llevar
La lectura del capítulo 15 de los Hechos nos enseña como responde el Espíritu Santo a toda tentativa de poner a los creyentes bajo la ley como regla de vida. “Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés” (v. 5).
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Pláticas sencillas
Una advertencia a los discípulos
Para ir al monte de los Olivos era necesario salir de la ciudad, descender hasta el torrente de Cedrón y subir la colina enfrente de Jerusalén. En vez de dejarse agobiar por el peso de todo lo que le esperaba, Jesús aprovechó el tiempo de la marcha hacia Getsemaní para advertir a los discípulos lo que sucedería. La profecía de Zacarías iba a cumplirse:
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Pláticas sencillas
Una apariencia de piedad
Tras demostrar el estado ruin de los jefes del pueblo, Jesús sintió la necesidad de advertir a las multitudes, y a los discípulos, para que distinguieran entre la manera de actuar de estos jefes religiosos y la Escritura que ellos enseñaban. Su respeto exterior por la Palabra divina incitaba a que se considerara su conducta; esto debería hacerse siempre.
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Una conciencia sensible
Dudamos que este deber sea comprendido como debiera. Tememos que haya una forma de obrar superficial, ligera e inconsiderada en cuanto al pecado y a la caída, que ha de contristar al Espíritu de Dios. Nos contentamos con una simple confesión de labios para afuera, sin tener el corazón lleno del profundo sentimiento de lo malo que es el pecado a los ojos de Dios.
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Pláticas sencillas
Una conferencia en Jerusalén
La reunión de los cristianos en medio de las naciones también ofrecía a Satanás un nuevo campo de actividad. Este procuró dañarla desde adentro, tal como lo había hecho exteriormente sirviéndose de los judíos incrédulos para suscitar la persecución, como lo vimos en los capítulos precedentes, mientras que los judíos convertidos turbaron a las iglesias interiormente.
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Pláticas sencillas
Una cuestión referente al matrimonio
Jesús continuó su obra de amor sanando a las multitudes que lo seguían de Galilea a Judea. En vez de convencerse viendo las obras que Jesús hacía, los fariseos vinieron a él con preguntas para tratar de ponerlo en oposición a las enseñanzas de Moisés, dadas para el régimen de la ley.
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Pláticas sencillas
Una curación en día de reposo
Jesús entró nuevamente en la sinagoga un día sábado, donde encontró a un hombre que tenía la mano seca. Los asistentes observaban si lo curaría, para poder acusarlo. Conociendo sus pensamientos, Jesús mandó al lisiado que se levantara delante de todos, y mirándolos dijo: ¿Es lícito en los días de reposo hacer bien, o hacer mal; salvar la vida, o quitarla? (v. 4).
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Pláticas sencillas
Una curación en día de reposo
Otro sábado Jesús entró en una sinagoga y enseñaba. Había allí un hombre que tenía seca la mano derecha. Los escribas y fariseos, que siempre buscaban la manera de encontrar a Jesús en falta, lo observaban para ver si sanaría a este lisiado, y así tener de qué acusarlo. Ya los vemos decididos a deshacerse de Jesús a quien no podían soportar.
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Una descripción profética
Entonces habló Moisés a oídos de toda la congregación de Israel las palabras de este cántico hasta acabarlo” (cap. 31:30). Esta relevante sección del divino volumen reclama nuestra atención unida a la oración. Comprende todas las relaciones de Dios con Israel, desde el principio hasta el fin. Nos ofrece un solemne relato de su grave pecado, de la ira y juicio divinos.
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Una dificultad impide participar en la Pascua
No obstante, este capítulo nos presenta la Pascua desde el punto de vista del desierto; esto explica por qué se menciona en él la siguiente circunstancia: “Pero hubo algunos que estaban inmundos a causa de muerto, y no pudieron celebrar la pascua aquel día; y vinieron delante de Moisés y delante de Aarón aquel día” (v. 6).
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Una esposa para el Hijo
Para comprender en forma clara y completa el contenido de este capítulo, consideremos los puntos que siguen: el juramento, el testimonio y el resultado de la misión de Eliezer.
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