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La obra cumplida
Meditaciones acerca de la muerte de nuestro Señor Jesucristo
Entre las escenas descritas en la Palabra de Dios no hay otras más conmovedoras que las que exponen los sufrimientos y la muerte del Señor Jesús. Pero tales escenas nos introducen en un terreno santo, en el que debemos entrar con los pies descalzos. Por otra parte, nos resulta difícil sondear las profundidades de este tema, como lo fue también para los discípulos.
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Vida Cristiana
¿Hemos de ayunar bajo la actual dispensación de la gracia?
Si bien es verdad que el Señor condenó tanto el ayuno judaico como el farisaico, no por esto debemos pensar que no puede haber un ayuno cristiano; al contrario, creo que en el ayuno hay un verdadero beneficio, del cual pocos cristianos conocen su importancia.
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Vida Cristiana
La comunión
La oración es la expresión de las necesidades y de los anhelos del alma; la alabanza y la adoración son el reflejo de su plenitud o completa satisfacción. Pero la COMUNIÓN es el compendio de ambas, es mucho más sublime y elevada. La comunión con Él es el mayor privilegio que el Creador puede conceder a su criatura. Un ángel sirve y alaba, pero no conoce la comunión.
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Vida Cristiana
La maledicencia
Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones” (o maledicencias). (1 Pedro 2:1) La maledicencia siempre tiende a arruinar la reputación del prójimo; puede ser provocada por algún motivo como también puede ser del todo gratuita.
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Vida Cristiana
¡Regocijaos conmigo!
Las múltiples exhortaciones dirigidas a los cristianos en las epístolas y en los evangelios nos muestran el grado de la intimidad en la comunión que el Señor desea entre los miembros que constituyen su Cuerpo. Quizás una de las más hermosas es la siguiente:
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¿Barrabás o Jesús?
La lucha entre las tinieblas y la luz, de la cual somos testigos, confirma la verdad enunciada al principio del evangelio según Juan: “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo” (cap. 1:9).
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Cántico: Voz de amor
Voz de amor y de clemencia en el Gólgota sonó; Y al oírla, con violencia el Calvario retembló: ¡Consumado es, consumado es! Fue la voz que el Cristo dio.
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“Consumado es”
La obra hecha en la cruz ofrece aun otro aspecto que, en todas las épocas, ha llenado de admiración a quienes han meditado en ella. Es lo que expresa esta estrofa de un cántico:
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“Crucificado en debilidad”
“Y le llevaron a un lugar llamado Gólgota, que traducido es: Lugar de la Calavera” (Marcos 15:22).
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De Betania a Getsemaní
Tanto Mateo 25, como Marcos 13 y Lucas 21, describen el final del ministerio público del Señor Jesús; y desde los capítulos siguientes el Espíritu Santo relata los sufrimientos que el Señor soportó durante el último período de su vida terrenal
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El fin del traidor
“Entonces Judas, que le había entregado, viendo que era condenado, lleno de remordimiento…” (Mateo 27:3; V. M.). Sin duda no había pensado en tal desenlace para el Señor, quien siempre había logrado escapar de las conspiraciones de sus enemigos. Judas había juzgado que era la ocasión favorable para satisfacer una vez más su codicia.
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El interrogatorio nocturno
El Señor tuvo que soportar seis interrogatorios consecutivos, a saber: 1. Ante los principales sacerdotes. Juan 18:12-24. 2. Interrogatorio nocturno ante el concilio o sanedrín (los principales sacerdotes “buscaban falso testimonio contra Jesús”). Mateo 26:57-66; Marcos 14:53-64.
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El oprobio de los hombres y el despreciado del pueblo
Consideremos ahora los acontecimientos que caracterizaron el fin de “la noche que fue entregado”, escena durante la que el “Señor de gloria”, “el cual creó los confines de la tierra”, fue objeto de los más ignominiosos tratos de parte de sus criaturas.
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“Fuera del campamento”
“Tomaron, pues, a Jesús, y le llevaron. Y él, cargando su cruz, salió…” (Juan 19:16-17). En el transcurso de los tiempos, ¡cuántos creyentes han sentido su corazón oprimido al detenerse a considerar esta escena! Poco antes, Pilato había dicho al pueblo: “Mirad, os lo traigo fuera… Y salió Jesús” (Juan 19:4-5).
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“He ahí tu madre”
“Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena” (Juan 19:25-27). ¡Cuán preciosas eran las relaciones que estas mujeres mantenían con Jesús! Ellas lo habían seguido desde Galilea y “le servían de sus bienes” (Marcos 15:41; Lucas 8:2-3). “Y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén”.
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“He aquí el Cordero de Dios”
Hasta aquí hemos seguido, con el corazón oprimido, al “varón de dolores” por el camino donde sufrió de parte de los hombres. Pero ahora se abre un nuevo capítulo en la historia de la cruz. Comienza con estas palabras: “Y desde la hora sexta” (Mateo 27:45).
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“He aquí el hombre”
En el mismo instante en que Barrabás el malhechor fue librado, Jesús, de quien el más alto magistrado del país acababa de proclamar solemnemente su inocencia, fue entregado a los verdugos. “Así que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó” (Juan 19:1).
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“¡He aquí vuestro Rey!”
La perplejidad de Pilato había llegado a su colmo. Hasta ese momento los judíos se habían constituido en defensores de aquellos que comparecían ante él. Ahora sucedía todo lo contrario: él estaba convencido de la inocencia del acusado, ¡y ellos exigían su condena a muerte! Pilato no les ocultó su profundo desprecio:
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Herodes
Aunque no estuviese dispuesto a abrir su corazón a la verdad, Pilato estaba convencido de la inocencia de Jesús y de la futilidad de las acusaciones que levantaban contra él. Por eso se esforzaba por desprenderse de esta causa embarazosa.
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Judas Iscariote, el que entregó a Jesús
En los tres primeros evangelios, el relato de los acontecimientos que consideraremos en esta meditación comienza con estas palabras: “Mientras él aún hablaba”. El Señor, en su infatigable gracia, asistía a los suyos; entre tanto el que iba a entregarlo, “Judas, uno de los doce”, se acercaba en medio de las tinieblas.
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La conversión del ladrón
“Lo mismo le injuriaban también los ladrones que estaban crucificados con él” (Mateo 27:44). Seguramente, nunca se habrá contemplado una escena igual: condenados a muerte injuriando sin motivos a otro ajusticiado.
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“Me negarás tres veces”
A continuación de los versículos que relatan el arresto del Señor Jesucristo, leemos: Todos los discípulos, dejándole, huyeron (Mateo 26:56).
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“Padre, perdónalos”
Los evangelios refieren siete frases pronunciadas por el Señor en la cruz (Mateo 27:46; Marcos 15:34; Lucas 23:34, 43, 46; Juan 19:26-30). Meditemos sobre la primera de ellas. El Señor la pronunció inmediatamente después de haber sido crucificado.
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Pilato
“Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era de mañana” (Juan 18:28). El sumo sacerdote, el concilio, el gobernador, Herodes el tetrarca, todos ellos comenzaron su actividad muy temprano, con una energía particular generada por su odio contra Dios. Esto revela también la febril agitación que se apoderó de los jefes del pueblo.
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