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Cuarto discurso de Moisés

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¿Debe el cristiano involucrarse en la política?

Muchos estiman que como buen ciudadano, un cristiano debe interesarse por el gobierno de su país, y debe votar, contribuyendo así a llevar al poder a hombres honorables. Pero Dios habla de manera distinta. Repetidas veces en su Palabra, y de diversas maneras, nos dice que como hijos suyos no somos ciudadanos de ningún país ni miembros de sociedad alguna:

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¿Debemos salir del mundo?

Antes de terminar quisiera insistir sobre otro punto. Por cierto, no podemos evitar el contacto con el orden de cosas del mundo, pero aquel contacto jamás debe ser el de la comunión: “Porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial?” (2 Corintios 6:14-15).

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Decretos que determinan diversos aspectos de la vida del hombre

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“Deja ir a mi pueblo”

Los capítulos 7 a 11 forman una parte singular del libro del Éxodo. Su contenido puede agruparse bajo los tres títulos siguientes: los diez juicios de Jehová, la resistencia de “Janes y Jambres”, las cuatro objeciones de Faraón.

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Después de entrar en el país

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Dios encuentra toda su complacencia en Cristo

Estos dos capítulos deben leerse juntos. Forman una parte distinta del libro, llena de interés y de instrucción. El principio del capítulo 28 nos da un resumen del contenido de toda la sección. “Habló Jehová a Moisés, diciendo: Manda a los hijos de Israel, y diles: Mi ofrenda, mi pan con mis ofrendas encendidas en olor grato a mí, guardaréis, ofreciéndomelo a su tiempo” (v. 1-2).

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Dios ha confiado al hombre el desempeño de la justicia

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Dios llama a Moisés

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Dios se sirve de las circunstancias para disciplinar a Jacob

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Dios va con vosotros para pelear por vosotros

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El altar de bronce y el atrio

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El alto de Jacob en Siquem sus consecuencias

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El Antiguo Testamento - consideraciones generales

Grandes principios caracterizan a esta revelación. Diremos algo sobre ellos antes de ocuparnos en los detalles.

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El cántico de Moisés

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El caso de Rubén, Gad y la media tribu de Manasés

Este capítulo ha dado lugar a grandes discusiones. Se han emitido opiniones muy diversas acerca de la conducta de las dos tribus y media. ¿Tenían razón o no al escoger su heredad en la ribera del Jordán lindante con el desierto? La conducta que siguieron, ¿era expresión de poder o de debilidad? ¿Cómo podremos formular un sano juicio en este asunto?

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El culto, la comunión y la adoración

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El designio y las promesas de Dios son inmutables

Las palabras que abren este capítulo son particularmente notables cuando se las compara con el contenido del capítulo anterior. En aquel todo parece tenebroso y sin esperanza. Moisés tuvo que decir al pueblo: “No subáis, porque Jehová no está en medio de vosotros, no seáis heridos delante de vuestros enemigos” (cap. 14:42).

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El día séptimo y el río

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El diluvio y Noé

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El fin de la vida de Abraham Jacob y Esaú

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El gran día de la expiación

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El holocausto

El holocausto nos presenta una figura de Cristo cuando “se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios” (Hebreos 9:14); por eso el Espíritu Santo le asigna el primer lugar entre los sacrificios. Si el Señor Jesús se ofreció para cumplir la gloriosa obra de la expiación, fue porque el supremo objeto que perseguía en esta obra era glorificar a Dios:

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El hombre corrompe las instituciones divinas

Las páginas de la historia de la humanidad siempre han sido manchadas. De principio a fin, no son más que anales de culpas, faltas, crímenes del hombre. En medio de las delicias del huerto de Edén, el hombre prestó oído a las mentiras del tentador (Génesis 3). Después de haber sido preservado del juicio por la gracia de Dios, e introducido en una tierra renovada, se embriagó (Génesis 9:21).

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