Juan
Juan

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 1

Jesucristo, eterno en su existencia, se hace hombre

“El unigénito Hijo” que da a conocer al Padre, tal es el tema de este evangelio (v. 18; véase 1 Juan 4:9). Desde el primer versículo, del cual cada término debe ser sopesado, nos lo presenta como el Verbo (la Palabra), una persona eterna, distinguible de Dios Padre y que sin embargo es Dios(Salmo 90:2). Hasta donde pueda remontarse nuestro pensamiento en el tiempo, él ya era. Pero aquel Verbo, el Señor Jesús, creador de todas las cosas, única fuente de vida y de luz, no se dirigió a nosotros desde los majestuosos cielos, sino que vino al mundo (v. 9) sujetándose a nuestras limitaciones en el espacio y en el tiempo. Misterio insondable, ¡“el Verbo fue hecho carne”! (v. 14; 1 Timoteo 3:16). No vino como un mensajero apresurado que en seguida vuelve al que lo envió. Habitó entre nosotros sin dejar de estar, pese a ello, “en el seno del Padre”. Todo lo que Dios es en su propia naturaleza: amor y luz, gracia para el corazón y verdad para la conciencia del pecador, se acercó a nosotros y brilló en esta persona adorable. Pero las tinieblas morales del hombre no comprendieron la verdadera luz (v. 5); el mundo no conoció a su Creador y el pueblo de Israel no recibió a su Mesías (v. 11).

Y usted, ¿ha recibido a Jesucristo en su corazón? En caso afirmativo, usted es un hijo de Dios, según el versículo 12 y Gálatas 3:26.

Testimonio de Juan el Bautista

No fue el peso de sus pecados lo que condujo a los delegados de los judíos a Juan el Bautista, sino más bien la curiosidad, el deseo de saber quién era, o tal vez alguna inquietud. Su encuesta dio a Juan la oportunidad de entregar su mensaje (comp. 1 Pedro 3:15 final). Mas él no tenía nada que decir acerca de sí mismo (v. 22), no era más que una simple voz. Fue “enviado de Dios” para dar testimonio de “la luz” (v. 6-8). En cierto sentido todos los redimidos son llamados a dar testimonio de la luz, sobre todo al andar “como hijos de luz” (Efesios 5:8). Por sí mismos no son nada, solo son instrumentos por medio de los cuales Cristo, la luz moral del mundo, debe ser manifestado.

Dios indicó de antemano a su siervo cómo reconocer a su Hijo amado. “He aquí el Cordero de Dios”, exclamó Juan cuando Jesús apareció. Dios proveyó una víctima santa para quitar el pecado del mundo, víctima esperada desde la caída del hombre, anunciada por los profetas y por las figuras del antiguo pacto que Dios había hecho con el pueblo de Israel (véase Éxodo 12:3; Isaías 53). ¡Qué víctima! El Cordero de Dios es también el Hijo de Dios (v. 34).

Venir y ver

El andar de Jesús (y no solamente la señal del Espíritu venido de arriba: v. 33) llenaba de gozo y convicción el corazón de Juan (v. 36). ¡Sentimientos que hablan siempre a los demás! Dos de sus discípulos lo oyeron y siguieron a Jesús, gozando de su presencia. Este privilegio también podemos disfrutarlo nosotros al congregarnos según Mateo 18:20: “Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Andrés nos da aún otro ejemplo: llevó a su hermano Simón a Jesús. Antes de pensar en cualquier actividad para el Señor, recordemos a los que nos rodean y que todavía no lo conocen. De Andrés no se habla mucho, pero su servicio de ese día tuvo grandes consecuencias: su hermano Simón llegó a ser el apóstol Pedro. Felipe oyó el llamado del Señor y habló a Natanael de ese nazareno que no era otro que el Mesías prometido. Pero ningún argumento tuvo el peso de esa simple invitación:

¡Ven y ve!

Cuántos nombres y títulos magníficos exaltan aquí las glorias eternas, actuales o venideras del Señor Jesucristo: Verbo, Vida, Luz, Unigénito Hijo que está en el seno del Padre, Cordero de Dios, Maestro, Mesías o Cristo, verdadero Nazareno, Hijo de Dios, Rey de Israel, Hijo del Hombre.