Juan
Juan

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 2

Milagro en una boda en Caná

Jesús fue convidado a una boda. Pero, cosa notable, toda la escena mencionada tuvo lugar fuera de la sala del festín; nada se dice de los esposos. Todo lo que sabemos de ellos es que tuvieron la feliz idea de invitar a Jesús y a sus discípulos. Queridos amigos, ¿podemos asociar al Señor a cada una de nuestras circunstancias? ¿Se sentiría él a gusto tomando parte en nuestras fiestas familiares y en nuestras diversiones? Solo él puede darnos el verdadero gozo, simbolizado por el vino en la Palabra de Dios. No obstante, el agua destinada a la purificación fue la que produjo este vino del gozo.Para poder gozar de la comunión con Dios es necesario ser purificado de todo pecado y tener limpia la conciencia. Este será el caso para Israel en los tiempos de la restauración, como también lo es para nosotros: Disfrutamos el gozo espiritual solo en la medida en que nos juzgamos a nosotros mismos.

Servir “primero el buen vino” es típicamente humano (v. 10). Desde su juventud el hombre se apresura a gozar de todo lo que puede ofrecerle la vida, porque con los años poco a poco vendrán las preocupaciones, las penas, el ocaso, la muerte. El mejor vino se sacó primero. Pero Jesús actúa de manera diferente. Él ha reservado a los suyos gozos eternos verdaderamente incomparables con las vanas alegrías de esta tierra. ¡No anhelemos otros! (Colosenses 3:2).

Purificación del templo – Deseo de milagro

Jesús subió de Capernaum a Jerusalén. “La pascua de los judíos” estaba cerca. Esta fiesta ya no tenía el carácter de las “fiestas solemnes de Jehová” ni de las “santas convocaciones” (Levítico 23:2), pues un vergonzoso comercio llenaba el templo. Los comerciantes vendían ahí los distintos animales para los sacrificios. Indignado, el Señor purificó la casa de su Padre.

Amigos creyentes, en la actualidad nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo. Si nos hemos dejado invadir y dominar por costumbres o pensamientos impuros, dejemos que el Señor ponga orden y nos santifique. Él quiere que todos nuestros afectos sean solo para el Padre.

Las personas de las cuales se habla en los versículos 23-25 creían en Jesús con su inteligencia, pero su corazón no había sido verdaderamente tocado. Reconocían Su poder para obrar milagros, pero eso no era fe, y Jesús no se fiaba de ellos. La fe viene por el oír la Palabra de Dios (comp. v. 22; Romanos 10:17). El perfecto conocimiento que Jesús tiene del corazón humano prueba su divinidad (v. 25; léase Jeremías 17:9-10), pero su amor no se ha enfriado por eso, pues él encuentra sus verdaderos motivos para amar en sí mismo y no en los hombres.