Capítulo 16
Consecuencias del envío del Espíritu Santo
Si el mismo Señor no lo hubiera declarado, nos costaría entender que su partida fuera conveniente para sus discípulos. Ocurre lo mismo con tantas cosas que momentáneamente nos afligen y que, sin embargo, son para nuestro provecho (v. 6, 7). Enviado del cielo por Jesús, el Espíritu Santo conduciría a los creyentes a toda la verdad (v. 13). En estos capítulos (cap. 14-16) el Señor confirma la inspiración de todos los libros del Nuevo Testamento. Los evangelios: Él “os recordará todo lo que yo os he dicho” (cap. 14:26); los Hechos: “Él dará testimonio acerca de mí, y vosotros daréis testimonio también” (cap. 15:26-27); las epístolas: “Él os enseñará todas las cosas” (cap. 14:26); el Apocalipsis: Él “os hará saber las cosas que habrán de venir” (v. 13). Pero la presencia del Espíritu Santo aquí en la tierra también implica graves consecuencias para el mundo y demuestra su culpable rechazamiento de Cristo (v. 8-11).
Por sus preguntas (v. 17-18) los discípulos probaron cuán incapaces eran, en aquel momento, de soportar las enseñanzas de su Maestro (v. 12). Para nosotros, ahora, el Espíritu está presente y glorifica a Jesús al enseñarnos lo que es suyo. Glorifiquémoslo también recibiendo y guardando esta revelación.
Últimas palabras del Señor
Los discípulos iban a conocer la tristeza de la separación, pero Jesús los consoló de antemano hablándoles del gozo que les esperaba cuando volvieran a verlo después de su resurrección (cap. 20:20). ¡Cuántos motivos de gozo tiene el creyente!: La esperanza del regreso del Señor (comp. v. 22); la obediencia a sus mandamientos (cap. 15:10-11), ¿hemos experimentado cuánto gozo nos brinda?; la dependencia y la respuesta a nuestras oraciones (cap. 16:24); las revelaciones del Señor en su Palabra (cap. 17:13); la comunión con el Padre y con el Hijo (1 Juan 1:3-4), todas ellas fuentes infinitas de un “gozo cumplido”. ¿Ha experimentado usted el gozo que esto produce?
¿Por qué Jesús prefiere no decir a los suyos que él rogará al Padre por ellos (v. 26), cuando este es justamente el tema de todo el siguiente capítulo? Porque, lejos de reivindicar para sí mismo los afectos de los discípulos, su gran objetivo es ponerlos en relación directa con el Padre. El Señor no promete a los suyos una vida sin pruebas, con paz a su alrededor, sino una paz interior. Y concluye diciendo: “Confiad”. El mundo, nuestro común enemigo, es fuerte, pero yo lo “he vencido”. Y por la fe en su victoria nosotros también lo venceremos (1 Juan 5:4).
