Juan
Juan

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 15

La vid verdadera

Israel era una viña estéril, a pesar de todos los cuidados del divino Labrador (véase Salmo 80:8-9, Isaías 5:2). En contraste, Jesús se presenta como la Vid verdadera llevando fruto por medio de sus discípulos. Pero, así como no todos los pámpanos de una vid llevan el mismo fruto, el Señor hace la diferencia entre los que dicen conocerlo y los clasifica según “los que no llevan “fruto”, “llevan fruto”, “llevan más fruto” (v. 2) y llevan “mucho fruto” (v. 5, 8). Para formar parte de estos últimos se necesitan dos condiciones: morar en él, como la rama está ligada al tronco que la alimenta, y que él more en nosotros, de la misma manera que la rama deja circular la savia, es decir, su vida.

Por otra parte, no olvidemos que si el Padre nos limpia de una manera a veces dolorosa, es para que llevemos más fruto (v. 2). Pero, además, ¡cuántas consecuencias preciosas emanan de semejante comunión! El conocimiento de la voluntad de Dios y, por ende, la respuesta a nuestras oraciones, ya que solo queremos lo que él mismo desea (v. 7), el gozo (v. 11) y, en fin, la aprobación inestimable de Aquel que nos llama sus amigos (v. 14).

Los discípulos en este mundo

Si nuestras oraciones tienen por objeto llevar “fruto” para Dios, siempre serán escuchadas (v. 16). Y ¿en qué consiste el fruto? Esencialmente en el amor de los redimidos los unos por los otros, y en sus múltiples manifestaciones. “Esto os mando: Que os améis unos a otros” dice el Señor. Esto abarca todos los servicios que se desprenden del amor. Es la tercera vez que formula este “mandamiento nuevo” (v. 17; véase v. 12; 13:34). Cuando el amor escasea entre los miembros de una familia, ¿no es algo triste y anormal? ¡Cuánto más si se trata de la familia de Dios! En cambio, el odio del mundo hacia los creyentes, quienes con su conducta lo juzgan, es absolutamente natural y sabemos que vendrá, salvo si el mundo encuentra algo de él mismo que pueda amar en nosotros, y entonces es una muy mala señal.

“El siervo no es mayor que su señor” (v. 20), repite el Señor. En el capítulo 13:16 lo dijo en relación con el servicio. Aquí se refiere a los sufrimientos que el Señor tendría que padecer por parte del mundo, y de los que los suyos tendrían que soportar por causa de su nombre. Así el nombre de Jesús “invocado sobre vosotros” (Santiago 2:7) da al mundo la ocasión de manifestar su odio, y al Padre le permite contestar nuestras oraciones (v. 16 fin).