Capítulo 1
Ascensión del Señor Jesús
Lucas, el autor inspirado del libro de los Hechos, empieza su relato con la ascensión de Jesús al cielo, aunque ya había narrado ese acontecimiento al final de su evangelio. La razón de esto es que la venida del Espíritu Santo y toda la obra que debía resultar de ella “hasta lo último de la tierra” deriva de la presencia de Cristo en la gloria (Juan 7:39, 16:7). Además, esta introducción confirma que todo lo que los apóstoles hicieron corresponde a las órdenes que recibieron del Señor (v. 2, 8) y justifica el servicio de ellos. “Me seréis testigos”, les dijo Jesús, para dirigir sus pensamientos hacia él y apartarlos de las cosas de esta tierra (v. 6). Fueron los primeros depositarios de las verdades maravillosas que le concernían: Aquel que había padecido estaba ahora vivo (v. 3). Viéndolo ellos, fue alzado al cielo (v. 9), y volverá de la misma manera, según la promesa comunicada por los ángeles (v. 11). Ellos tendrían que anunciar estas cosas por el poder del Espíritu que iban a recibir pronto (v. 8).
La primera reunión después de la ascensión del Señor fue dedicada a la oración; todos los apóstoles estuvieron presentes. Hoy día estamos llegando al final de la historia de la Iglesia sobre la tierra; pronto tendrá lugar la última reunión antes de su retorno. Mientras esperamos la venida del Señor, ¡no dejemos de congregarnos! (léase Hebreos 10:25).
Reemplazo de Judas
Pedro –un Pedro plenamente restaurado– tomó la palabra en medio de los primeros discípulos. Recordó el miserable fin de Judas, quien se había ahorcado (Mateo 27:5-8). ¡Horrible muerte, pero una suerte eterna más terrible aún! (v. 25). Luego, basándose en la autoridad de las Escrituras y a la luz de ellas, mostró la necesidad de reemplazar al discípulo caído. Doce apóstoles debían ser los testigos oficiales, por así decirlo, de este hecho fundamental del cristianismo: la resurrección del Señor (1 Corintios 15:3-5). José, llamado Barsabás, y Matías se hallaban entre los que habían tenido el privilegio de acompañar a Jesús durante su ministerio. Tal vez pertenecían al grupo de los setenta que habían sido enviados otrora de dos en dos (Lucas 10:1). Después de haber orado al Señor, quien conoce “los corazones de todos”, para que manifestase su voluntad, echaron suertes y Matías fue elegido.
Echar suertes para conocer la voluntad de Dios no nos corresponde más hoy día, porque el Espíritu Santo está presente para dar a los creyentes el discernimiento que necesitan. Con respecto a esto es interesante comparar esta escena con la de Hechos 13:2, en la cual el Espíritu ordena: “Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado”.
