1 Samuel
1 Samuel

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 9

Una búsqueda inútil

Aquí comienza un nuevo período de la historia de Israel. Es el de la realeza. El pueblo siente la necesidad de una organización exterior tal como el ser humano la ama: una monarquía pomposa (Hechos 25:23), un poderoso ejército y, finalmente, un rey de quien poder sentirse orgulloso. Dios va a darle exactamente lo que desea. ¡He aquí a Saúl, hijo de Cis, joven de lo más distinguido del pueblo, el más hermoso y alto de todo Israel! ¿No es el más indicado?

El padre de Saúl lo manda a buscar sus asnas. Él obedece, pero la búsqueda resulta inútil. “Volvámonos” propone Saúl a su compañero. Pensamos en ese necesario cambio de dirección en la vida de todo hombre: la conversión.

Cuando se experimenta cuán inútil y decepcionante resulta ser la búsqueda de las cosas de la tierra, entonces es necesario “volver en sí” (Lucas 15:17) y retornar a la casa del Padre. El compañero de Saúl le da un sabio consejo: Vamos a ver al vidente, él nos declarará el camino. El representante de Dios para nosotros es Jesús. Volverse a él para conocer el camino es ir en la dirección correcta.

Saúl encuentra a Samuel – Una orden seria

Samuel cuenta con Jehová para designar al rey que ha sido pedido. Y todo está divinamente planeado para que pueda encontrarlo. Invitado al festín, Saúl oirá al “vidente” declarándole

Todo lo que está en su corazón
(v. 19; 1 Corintios 14:25).

¿Cuál es el deseo que habita en el fondo de nuestro corazón? ¿El de ser «alguien», de hacer grandes cosas? ¿O más bien el humilde deseo de agradar al Señor Jesús?

Siguiendo las instrucciones de Samuel, el cocinero reserva la mejor porción para Saúl, la espaldilla, imagen de la fuerza que hace falta para conducir al pueblo. Notemos que contrariamente a la doble porción de los sacerdotes (véase Levítico 7:31-32), él no recibe la parte del pecho, imagen de los afectos necesarios para amar a Jehová y a su pueblo. ¿Estarán ausentes del corazón de Saúl?

Al día siguiente, Samuel se las arregla para tomar aparte al futuro rey y decirle: “Espera tú un poco para que te declare la palabra de Dios” (v. 27). Esa orden puede estar dirigida al pecador que sigue el camino de su propia voluntad, para invitarle a aceptar a Cristo ahora. Pero también es para el creyente. Saber detenernos un momento para escuchar al Señor cuando nos habla, es necesario, particularmente en la agitada vida de hoy.