1 Samuel
1 Samuel

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 25

Muerte de Samuel – Nabal, un personaje triste

Samuel muere y con él cesan las oraciones que hacía subir fielmente a favor del pueblo (cap. 12:23). Moisés y Samuel son dos grandes ejemplos de la intercesión (Jeremías 15:1). Siempre es solemne cuando Dios retira un hombre o una mujer de oración, cuando una voz calla… tal vez, después de haber orado mucho por nosotros. Empero, la del Señor no se interrumpirá. Él está “viviendo siempre” para interceder por nosotros (Hebreos 7:25).

David, el verdadero rey, el salvador de Israel, está en medio de su pueblo como un fiel pastor. Cuida los rebaños del rico Nabal tan atentamente como otrora a sus propias ovejas. Ahora envía a sus jóvenes con palabras de paz para la casa de ese hombre (v. 6; comp. con Lucas 10:5). Pero Nabal no conoce a David y le desprecia (v. 10). Se parece a esos fariseos que decían de Jesús: “Respecto a ese, no sabemos de dónde sea” (Juan 9:29). Rechaza tanto al verdadero rey como a sus mensajeros. Es también lo que el Señor anunciaba a sus discípulos:

El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha
(Lucas 10:16).

Además, como el rico “insensato” de Lucas 12:16-20, Nabal habla de lo que Dios colocó en sus manos como si fuera suyo: mi pan, mi agua… (v. 11).

Cómo resolver una situación – Las cualidades de Abigail

“Me devuelven mal por bien”, dice David en el Salmo 35, versículo 12. Es lo que hace Nabal. Igual había hecho Saúl, como él mismo lo confesó en el capítulo precedente: “Me has pagado con bien, ha­biéndote yo pagado con mal” (cap. 24:17). Pero esta vez, David no devuelve el bien. En un momento de irritación, el jefe ofendido ciñe su espada para vengarse. Ha dejado de parecerse al perfecto Modelo,

Quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente
(1 Pedro 2:23).

En la casa de Nabal cohabitan la sabiduría y la locura. La locura se manifestó por boca de Nabal, el incrédulo (su nombre significa loco, ayer lo comparamos con el rico insensato de Lucas 12:16-21). La sabiduría interviene a su turno por medio de la piadosa Abigail, mujer de “buen entendimiento” (v. 3). Con sus presentes va al encuentro de aquel a quien reconoce como el ungido de Jehová. Se prosterna, confiesa su indignidad y exalta las glorias actuales y futuras que su fe discierne en el rey según Dios. Comprobamos que la locura y la incredulidad van juntas, así como la verdadera sabiduría es inseparable de la fe.

La intervención divina

Mientras Nabal festeja como un rey (después de haber rechazado y ultrajado al verdadero rey), Dios mismo lo hiere. No perdemos nada al dejar que el Señor obre en nuestro lugar.

Abigail, mujer de fe, se distinguió por su buen entendimiento, su prontitud (v. 18, 23, 42), su hu­mildad y su abnegación. “Cuando Jehová… te establezca por príncipe… acuérdate de tu sierva”, había pedido ella (v. 30-31; comp. con la petición del malhechor en Lucas 23:42).

La respuesta supera todas sus esperanzas: ahora David la hace su esposa (v. 42). Sin pesar, esa mujer abandona las riquezas de la tierra para compartir la suerte del rey rechazado en las cuevas y los desiertos. Unida anteriormente a un insensato, llega a ser la feliz compañera del “amado”, ¡ahora en los sufrimientos, pero más tarde en el reinado! Es una hermosa figura de la Iglesia, la Esposa de Cristo, compartiendo la posición de su Señor, hoy no reconocida y rechazada por el mundo, como lo fue Él mismo; pero, ¡mañana vendrá a reinar con él en gloria! “Si sufrimos, también reinaremos con él”, recuerda 2 Timoteo 2:12. Somos

Herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados
(Romanos 8:17).