Capítulo 20
Un compromiso desinteresado
La llegada de Saúl a Naiot provoca la huida de David. No obstante, este guarda alguna esperanza de volver a tomar su lugar en la corte y regresa para pedir consejo a su amigo Jonatán.
En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia
(Proverbios 17:17).
Compañeros en los días felices, David y Jonatán van a sentir cuán precioso y consolador es su afecto en el momento de la prueba.
Con más razón será así en nuestra relación con el Amigo supremo. ¿Podríamos conocer su perfecta simpatía, si nunca la necesitáramos? (Hebreos 4:15-16).
Aparentemente, David no es más que un pobre proscrito, para quien las promesas divinas de la realeza están anuladas. Pero la fe de Jonatán sigue viendo en él a aquel que infaliblemente debe reinar, a aquel cuyos enemigos serán eliminados, inclusive su propio padre (a quien por loable respeto evita nombrar). Notemos cómo habla del porvenir con plena certeza. Así los redimidos de Jesús disciernen sus admirables glorias por la fe y saben que su Salvador, hoy en día odiado y rechazado por el mundo y su príncipe, pronto aparecerá como el rey de gloria, teniendo a todos sus enemigos bajo sus pies.
¿Cómo reaccionar cuando se burlan del Señor?
¿Cómo se explica el recíproco amor de David y Jonatán? Entre ellos existía este estrecho vínculo: una misma fe. Tanto el uno como el otro había mostrado esa fe al obtener a solas una victoria de Jehová sobre los filisteos.
Porque tienen en común “una fe igualmente preciosa”, los creyentes se reconocen y se aman (2 Pedro 1:1). Recordémoslo cuando elijamos nuestros amigos. Para nosotros, hijos de Dios, no puede haber verdadera y profunda amistad fuera de una misma fe en el Señor Jesucristo (Salmo 119:63).
De nuevo, y no sin riesgos, Jonatán es el abogado de David frente a su padre Saúl. Incrédulo, este finge ignorar la sentencia de Dios (1 Samuel 13:13-14) y, pese a ella, quisiera asegurar los derechos de la sucesión real a su hijo (v. 31). En apariencia, Jonatán obra en contra de su propio interés. Es la señal del verdadero amor (véase 1 Corintios 13:5). Aun después que Saúl procurara matarlo a él también, si tiene dolor, es a causa del ultraje hecho a David y no por sí mismo (v. 34).
Queridos amigos, ¿qué nos aflige más? ¿el ultraje hecho al Señor Jesús por el mundo o los prejuicios que este nos cause?
¿Cómo se explica el recíproco amor de David y Jonatán? Entre ellos existía este estrecho vínculo: una misma fe. Tanto el uno como el otro había mostrado esa fe al obtener a solas una victoria de Jehová sobre los filisteos.
Porque tienen en común “una fe igualmente preciosa”, los creyentes se reconocen y se aman (2 Pedro 1:1). Recordémoslo cuando elijamos nuestros amigos. Para nosotros, hijos de Dios, no puede haber verdadera y profunda amistad fuera de una misma fe en el Señor Jesucristo (Salmo 119:63).
De nuevo, y no sin riesgos, Jonatán es el abogado de David frente a su padre Saúl. Incrédulo, este finge ignorar la sentencia de Dios (1 Samuel 13:13-14) y, pese a ella, quisiera asegurar los derechos de la sucesión real a su hijo (v. 31). En apariencia, Jonatán obra en contra de su propio interés. Es la señal del verdadero amor (véase 1 Corintios 13:5). Aun después que Saúl procurara matarlo a él también, si tiene dolor, es a causa del ultraje hecho a David y no por sí mismo (v. 34).
Queridos amigos, ¿qué nos aflige más? ¿el ultraje hecho al Señor Jesús por el mundo o los prejuicios que este nos cause?
