1 Samuel
1 Samuel

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 28

Adonde conduce el desánimo

La primera visita de David a Aquis, rey de Gat, había terminado en la completa confusión de David (cap. 21:10-15). Mas, a pesar de esto, vuelve allí por temor a Saúl. No reconocemos a aquel que en el capítulo 26, versículos 6 a 12, descendió sin miedo al mismo campamento de su adversario para tomar la lanza que se hallaba a su cabecera. Menos aún reconocemos al vencedor de Goliat en aquel que va a buscar refugio junto a los filisteos. ¡Ay! ¿No ocurre a menudo que ya no se nos reconoce como discípulos de Jesús? Quizá, con su socorro habíamos obtenido alguna victoria. Como David, habíamos mostrado confianza en Dios y firmeza en nuestro testimonio delante de los hombres. Habían podido verse en nosotros algunos rasgos de la gracia. Luego, de un momento a otro, nada más parece subsistir. Nos hallamos nuevamente del lado del mundo, de acuerdo con los enemigos del Señor.

Sí, en Gat, David olvidó la derrota del filisteo. ¡Queridos hermanos, nunca olvidemos la cruz! Como una barrera, nos separa del mundo que crucificó a Jesús. Más bien, imitemos a Pablo, quien dice:

Lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo
(Gálatas 6:14).

Saúl angustiado interroga a una vidente

Mientras David está en Gat, en una situación equívoca y peligrosa, Saúl se encuentra en una posición más peligrosa aún. Delante de los filisteos que inician una nueva guerra, su corazón se turba en gran manera, porque ya nada lo sostiene. Por haber abandonado a Jehová, ahora es Jehová quien lo abandona. Saúl intenta buscarle por todos los medios; sin embargo, es trabajo perdido: ¡Dios permanece sordo! Es una solemne ilustración de Proverbios 1:24-28. Pero, acordémonos de que incluso un creyente no puede esperar conocer la voluntad del Señor cuando su conciencia está en mal estado.

Todavía hoy, ciertas personas pretenden ser capaces de evocar a los espíritus de los muertos, y el diablo se sirve de ellas para extraviar a pobres almas supersticiosas. Estas últimas se comunican, pues, no con los muertos sino con los demonios.

Hermanos en Cristo, ¡no tengamos siquiera curiosidad por estas cosas! A los ojos de Dios son abominación (Deuteronomio 18:10-12; Levítico 19:31). Saúl lo sabía; en tiempos mejores, había tenido el cuidado de quitarlas de Israel (v. 3). Hombre inconstante, carnal, hele aquí en su desconcierto recurriendo a una vidente de Endor.

¡Demasiado tarde!

¡Espantosa escena! La misma mujer clamó en alta voz, porque Samuel no apareció a consecuencia de sus encantamientos. Ni ella, ni Satanás su amo tenían el poder para hacerlo. Por un instante, la mano de Dios entreabrió la puerta de la morada de los muertos e hizo subir a su siervo Samuel a la escena.

Lo que el profeta declara al rey caído es similar al mensaje que, siendo muy joven, fue encargado de decir a Elí (cap. 3:11-13). Es una terrible confirmación de la sentencia de Jehová. Solo falta un día y será ejecutada; el reinado quitado a Saúl será dado a David y el rey y sus hijos irán a encontrarse con Samuel en el lugar en que los muertos aguardan la resurrección: para vida o para juicio.

Es muy solemne el fin de ese hombre, quien había empezado con tan buena disposición. Queridos amigos, recordemos bien esto: las más hermosas cualidades, en ausencia de la nueva vida, conducen al castigo eterno tan seguramente como los más groseros pecados. Jesús da esa vida divina a todos los que se la pidan. ¿La posee usted?