1 Samuel
1 Samuel

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 12

El último discurso de Samuel

Por tercera vez, Samuel reúne al pueblo. Lo junta en Gilgal para renovar allí la realeza. Al mismo tiempo, va a abdicar de sus funciones como juez, desempeñadas fielmente, como lo testifica el pueblo. Podemos comparar sus palabras con las del apóstol Pablo a los ancianos de Éfeso, en el capítulo 20 de Hechos (v. 26-27, 33-35). No están destinadas a glorificar al que las pronuncia, sino a poner a quien las oye ante su propia responsabilidad. E igualmente por tercera vez, Samuel hace sentir a Israel lo que ha perdido al pedir un rey. Subraya su ingratitud y su falta de confianza en Jehová (v. 9-12).

Los versículos 14 y 15 nos muestran que el pueblo es sometido a prueba nuevamente. Sin la ley como bajo la ley, en el desierto o en el país, con o sin jueces (o sacerdotes), siempre el pueblo había fallado abandonando a Jehová para volver a sus codicias y a sus ídolos. Ahora, es como si Dios les dijera: «¿Quieren un rey? ¡Bueno! ¡Veamos si quizá les vaya mejor con un rey!». Y, en su condescendencia, permite esta nueva experiencia.

No dejar de orar e interceder

La lluvia que Samuel pide en plena época de siega (tiempo en que nunca llueve en esas regiones; Proverbios 26:1), era un milagro destinado a probar al pueblo que el profeta hablaba de parte de Jehová. ¿Qué más les dice? Después que se humillaron, de manera conmovedora los exhorta a apartarse de las vanidades, que no aprovechan, para servir a Dios “con todo su corazón” (v. 20-21; comp. con Tito 2:12-14). El servicio de Samuel como juez ha terminado. Pero él guarda toda su actividad de intercesor (1 Samuel 12:23), tanto como de profeta, para enseñarles de parte de Jehová “el camino bueno y recto”. En la persona de Samuel, la gracia divina les mantiene este doble recurso: la oración y la Palabra. Queridos hijos de Dios, tenemos una Persona mucho más excelente todavía: Jesús; él nunca cesa de orar por cada uno de nosotros. Y para trazarnos el camino recto y bueno en la tierra, nos da su Espíritu y su Palabra. Con tales recursos, somos mucho menos excusables que Israel si no andamos en su honor.

El reinado de Saúl ha comenzado. Después de dos años, acordándose Saúl de la orden expresa del profeta (cap. 10:8), reúne al pueblo en Gilgal, frente a sus enemigos, los filisteos.