1 Samuel
1 Samuel

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 1

El ambiente en la casa de Elcana

Abordamos ahora los libros de Samuel. La época de los jueces todavía no ha terminado y veremos aún a dos más, Elí y Samuel, antes de comenzar el período de los reyes. Como lo hizo con Sansón, Dios nos presenta la familia en la cual va a nacer Samuel. Elcana, levita, habitaba en el monte de Efraín (1 Crónicas 6:33-38). Tenía dos mujeres: Penina y Ana, lo que no era según el pensamiento de Dios. Observemos, pues, las consecuencias en esa casa: continuas disputas, al punto que se llama a Penina la “rival” (o enemiga) de Ana (v. 6). En lugar de consolarla porque no tiene el hijo que desea, no deja de irritarla. ¿Enemigos en una familia? ¡Qué tristeza! ¿Qué tal andan nuestras relaciones con nuestros hermanos y hermanas?

Cada año, Elcana subía con su familia a Silo, lugar en que Jehová había puesto la memoria de Su nombre. Allí se hallaban el arca y los sacerdotes. Esta vez, Ana trae su aflicción y la expone a Dios en oración (v. 10). ¿No era lo mejor que podía hacer? Imitémosla en lugar de responder a los que nos causen tristeza. Nos oirá el

Dios de toda consolación
(2 Corintios 1:3).

Una oración respondida – Nacimiento de Samuel

Dios no contesta las oraciones que tienen como objeto nuestra propia satisfacción (Santiago 4:3). Por el contrario, cuando nuestro blanco es su gloria, nunca dejará de concedernos lo que pedimos (Juan 14:13).

Es el caso de Ana. Pidió un hijo, no para guardarlo egoístamente junto a ella, sino para que fuese un siervo de Dios

Todos los días de su vida
(v. 11).

El más grande deseo de los padres cristianos debe ser que sus hijos, desde su niñez, sean consagrados al Señor Jesús. Sin duda, para varios de ustedes, jóvenes lectores, fue esta la oración de sus padres desde antes de su nacimiento. Pero, la respuesta depende también de su deseo personal. Si, como Samuel, usted tiene una piadosa madre que día tras día le presentó al Señor, posee un gran privilegio, pero igualmente una responsabilidad.

Ana expuso su petición a Dios “en toda oración y ruego” como exhorta Filipenses 4:6. Y también cumplió con el versículo anterior al contestar gentilmente a Elí, quien la acusó de estar ebria. Su rostro ya no es el mismo (v. 18). La paz de Dios llena su corazón (Filipenses 4:7) aun antes de obtener la respuesta, la que no tardará.

“Pedido a Dios” será, pues, el nombre del pequeño Samuel (v. 20).