Capítulo 26
No defender nuestros derechos
La generosidad de David en el capítulo 24 pareció tocar por fin el corazón de Saúl. Sin embargo, no se trataba de un verdadero arrepentimiento. La cobarde denuncia de los zifeos, quienes buscan ser bien mirados, pone al rey malo en campaña contra aquel que, un día, deberá tomar su lugar. El Salmo 54, escrito en esa oportunidad, nos permite medir lo doloroso que fue para David ese hecho infame de los hombres de Zif. Implora el socorro de Dios contra los hombres violentos que buscan su vida:
No han puesto a Dios delante de sí
(Salmo 54:3);
pero él le invoca, y en respuesta a su oración, Dios lo protege y le brinda una nueva ocasión de mostrar la pureza de sus intenciones para con Saúl. Una expedición nocturna pone en manos de David la lanza con la cual, en dos oportunidades, el rey criminal quiso traspasarlo. Una palabra bastaría para que David fuera liberado de su perseguidor: Abisai la espera. Pero, una vez más, la misericordia detiene su brazo (v. 9).
¿No es así como obró nuestro perfecto Modelo? (véase también Lucas 9:54-55). Ponía en práctica lo que había enseñado anteriormente a sus discípulos: “Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen… Sed, pues, misericordiosos… no juzguéis… no condenéis” (Lucas 6:27, 36-37). ¡Es de desear que demos más cumplimiento a estas palabras del Señor Jesús!
¿Una conversión auténtica?
Tal vez nos sea difícil comprender el carácter de Saúl. ¿Cómo conciliar sus pesares, sus promesas y sus demostraciones de afecto con el renovado encarnizamiento para perseguir a David y destruirlo? Nunca confundamos la fe con la sentimentalidad. Esta última es capaz de derramar abundantes lágrimas y repetir sin verdadera convicción: “He pecado” (cap. 15:30; 26:21); incluso puede tomar los más solemnes compromisos. Con todo, la conciencia no es tocada y la prueba de ello es que los frutos no son durables. Saúl es un hombre superficial, capaz de mucha emoción, pero sin fuerza para ejecutar sus buenas resoluciones, porque no tiene fe.
¡Qué dignidad conserva David pese a su humillación! Es perseguido como “perdiz por los montes” (v. 20); sin embargo, todo muestra que él es dueño de la situación. Reprende a Abner y firmemente formula a Saúl preguntas que este no puede contestar (v. 18).
Otra vez, nuestros corazones se dirigen hacia Aquel que, después de haber sido humillado, menospreciado y rechazado, “será engrandecido y exaltado, y será puesto muy en alto”. Además, se agrega:
Los reyes cerrarán ante él la boca
(Isaías 52:13, 15).
