1 Samuel
1 Samuel

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 16

Dios elige un nuevo rey para sí mismo, David

El rey según la carne es puesto a un lado en los pensamientos de Dios, aunque su reinado todavía se prolonga cierto número de años. Se introduce otro rey, aquel de quien Samuel había dicho: “Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón” (cap. 13:14). Es David, figura de Cristo, cuyo nombre significa «Amado», el que perfectamente complace el corazón de Dios. Samuel no está preparado para reconocerlo, porque, pese a la experiencia hecha con Saúl, aún mira la apariencia. Somos demasiado propensos a juzgar por lo que vemos y a dejarnos impresionar por las cualidades (y los defectos) exteriores. Pero

Dios no hace acepción de personas
(Gálatas 2:6).

¡Él mira el corazón! Todas las apariencias, mediante las cuales podamos engañarnos y engañar a los demás, no le ocultan a Él el verdadero estado del corazón.

Samuel visita a la familia de Isaí. El joven pastor de ovejas, a quien se había omitido llamar a la fiesta, es ungido “en medio de sus hermanos” como rey para Jehová (v. 13). Esta unción de aceite (figura del Espíritu Santo) nos recuerda cómo el Amado del Padre fue señalado a Juan el Bautista en el Jordán: “Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ese es el que bautiza con el Espíritu Santo” (Juan 1:33; comp. 1 Samuel 16:12, fin del versículo).

David trae alivio

El Espíritu de Dios vino sobre David (v. 13) y se apartó del desdichado Saúl, dando lugar a un espíritu que ahora lo atormenta. Dios se sirve de este medio para introducir en la corte, en calidad de tocador de arpa al joven David, músico experimentado, quien, más tarde, llegará a ser “el dulce cantor de Israel” (2 Samuel 23:1). En esta oportunidad se da de él un hermoso testimonio (v. 18); así vemos que en la misma corte del rey había quienes conocían al ungido de Jehová. Filipenses 4:22 nos habla de un hecho análogo: en la casa de César, es decir, en el entorno del emperador romano, también había cristianos. Dios se provee de testigos en todos los medios.

Más de un detalle relaciona a David con aquel del cual es figura: Cristo, verdadera “vara del tronco de Isaí”, de quien está escrito:

Reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu… de conocimiento y de temor de Jehová
(Isaías 11:1-2).

Ante el mundo, ¿qué testimonio damos de nuestro Amado?

“Yo te tomé del redil, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel”, dirá Jehová más tarde (2 Samuel 7:8). Al atender a sus ovejas, David fue preparado para «apacentar» fielmente al pueblo de Israel (véase Salmo 78:70-72).