1 Samuel
1 Samuel

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

Pedir en la tienda

Capítulo 2

Oración profética y alabanza de Ana

Según Filipenses 4:6, pasaje citado en la página anterior, la acción de gracias es el indispensable complemento de nuestras oraciones. Ana no deja de agradecer a Aquel que le concedió su pedido. Nosotros tampoco olvidemos hacerlo cada vez que Dios nos conteste. Ana va más lejos todavía. Para ella, es la ocasión de alabar a Jehová con un hermoso cántico. ¿Cuáles son los motivos de su alabanza? La santidad de Dios (v. 2), su sabiduría (v. 3), su poder (v. 6), su justicia (v. 10). Mas, por encima de todo, exalta la gracia, como lo indica su nombre (Ana significa gracia), de la cual ella es objeto. Esta gracia levanta al pobre miserable (usted y yo) del polvo, imagen de la muerte, y del “muladar” del pecado, para darle una parte con Jesús en su gloria y en su reinado.

Finalmente, las últimas palabras de este cántico hacen referencia al poderoso Rey, al “Ungido”: el Señor Jesús. ¿Nos alegramos de tal salvación, como lo hace Ana? (v. 1), ¿de tal Salvador? Es instructivo comparar las palabras de María en Lucas 1:46-55 con el cántico de Ana. Ella también se regocija, no solo en Dios su Salvador, sino también en lo que el poder y la gracia de Dios hicieron por todo Israel (v. 54).

¡Qué contraste!

Como lo había prometido, Ana se separó de su pequeño hijo quien, desde ahora, habita con Elí en Silo, en la presencia de Jehová. Notemos el contraste entre este niño que sirve y los hijos de Elí, ya adultos, cuya mala conducta era un escándalo para el sacerdocio. ¡Qué triste ejemplo ofrecían estos a todo el pueblo y en particular al pequeño Samuel, quien los veía todos los días! Ustedes, los mayores, cuiden el ejemplo que dan a los más pequeños que están a su alrededor. Recuerden estas serias palabras del Señor:

Cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar
(Mateo 18:6).

Y en cuanto a los más jóvenes, no se dejen influir por la mala conducta de ciertas personas mayores o de quienes, si bien se dicen cristianos, con su mal comportamiento niegan a Cristo. ¡Miren al Señor Jesús!

Por medio de la hermosa historia de Samuel comprobamos que incluso un niño puede servir al Señor, y que también puede parecerse a Jesús (comp. v. 26 con Lucas 2:52).

Consecuencias de una mala educación

Para el pueblo, la mala conducta de los hijos de Elí era un escándalo. Y, sobre todo ante Dios, ¡qué deshonra para su nombre! Ofni y Finees (aunque este último lleva el mismo nombre que un fiel sacerdote: Números 25:11) habían sido educados en la proximidad del santuario, en contacto con las verdades divinas. ¡Grande es su responsabilidad con relación al resto del pueblo! ¡Grande también es nuestra responsabilidad si tuvimos los mismos privilegios al ser instruidos en el conocimiento de Dios!

Elí, pese a que fuese piadoso, no supo reprender a sus hijos. Es cierto que les había hecho algunas amonestaciones (v. 23); no obstante, le faltó firmeza. A veces, a ciertos hijos les parece que sus padres son demasiado severos. En los hijos de Elí se ven las consecuencias de una educación con poca firmeza. Y para Elí mismo, estas consecuencias son dramáticas: su casa privada del sacerdocio y sus hijos eliminados. Un profeta fue el encargado de traerle este triste mensaje. El Nuevo Testamento confirma que si los hijos de un siervo de Dios no son sumisos y disciplinados, eso puede quitar todo po­der al ministerio del padre (1 Timoteo 3:4-5).

Quizás, esta advertencia concierne a uno u otro de nuestros jóvenes lectores.