1 Samuel
1 Samuel

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 30

La disciplina paterna

Dios no permitió que David participara en la batalla contra Saúl, a quien, en dos ocasiones, había perdonado la vida tan generosamente; ni contra Jonatán su amigo; ni contra Israel su pueblo, sobre el cual era llamado a reinar.

Pero, aunque protegido, ahora debe pasar por la disciplina como todo siervo desobediente. Esta disciplina es el desastre que encuentra al volver a Siclag. ¡Ay, qué angustia para estos hombres y especialmente para su jefe! Los que le son más queridos han desaparecido. No sabe si han muerto o solo son cautivos. David lo ha perdido todo. Peor aún: exiliado de Israel, perseguido por Saúl, rechazado por sus falsos amigos, los filisteos, ahora sus verdaderos amigos, sus fieles compañeros desde el comienzo, se vuelven contra él y hablan de apedrearlo. Ya no tiene nada… Sin embargo, ¡Dios sigue estando con él! Y leemos estas notables palabras:

David se fortaleció en Jehová su Dios
(v. 6).

No pudiendo contar con nada ni con nadie, experimenta lo que dice un cántico: «Cuando todo me falta, Él mismo me queda». Entonces, con la fuerza que vuelve a hallar en su Dios, se lanza resueltamente sobre la huella de los raptores amalecitas.

Un encuentro casual – Generosidad y sabiduría de David

El pobre esclavo egipcio abandonado por su amo, a quien David recoge y reconforta, nos hace pensar en la condición del pecador perdido. Cuando Satanás lo ha dejado en un estado de total debilidad y de muerte moral, Jesús, como el buen Samaritano, le da la vida para las fuerzas y la capacidad para servirle.

Guiados por este muchacho, David y sus hombres caen sorpresivamente sobre los amalecitas, ocupados en festejar su victoria. Y Dios permite que recuperen todo lo que les había sido arrebatado y que se apoderen de un gran botín. ¡Qué gracia divina! ¡Es preciso que todos la aprovechen, inclusive los que guardaron el bagaje: tal es la respuesta de David a sus compañeros egoístas y celosos (v. 23-24). ¿No es igual la enseñanza del Evangelio? El obrero de la hora undécima recibe tanto como sus compañeros de la mañana, pese al enojo de estos, porque están frente a un amor, lleno de bondad (Mateo 20:14-15). Por ejemplo, no pensemos que un creyente discapacitado o enfermo será menos favorecido en el día de Cristo, porque aparentemente no estuvo «en primera linea». No podemos juzgar el servicio de otros creyentes ni apreciar su recompensa. El Señor la ha preparado a la medida de su perfecto amor.