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La nueva vida del creyente

Del nuevo nacimiento a la gloria

Uno no es salvo por las buenas obras que cumpla: “Dios… nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia” (Tito 3:5). Es también un grave error pensar que es necesario completar de alguna manera la obra de Cristo respecto de nuestros pecados, al cumplir buenas obras que nos acrediten méritos (Efesios 2:9). La Palabra de Dios es muy clara: hemos sido “creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10).

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La oración

“Señor, enséñanos a orar” (Lucas 11:1)

Primero es necesario escuchar, luego hablar. “Hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero” (Éxodo 33:11). Hoy el creyente goza de un privilegio aún mayor: comunicarse con Dios no solo como con su amigo, sino escucharle y hablarle como a su Padre.

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La tentación y el socorro divino

¿Qué es la tentación? Es la incitación a pecar. Y pecar es, fundamentalmente, hacer la propia voluntad, la cual se opone a lo que uno sabe que es la voluntad de Dios. Esta “voluntad de Dios” la resume el Señor mismo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas… Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12:30-31).

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Las siete fiestas de Jehová

Etapas de la vida cristiana

Las fiestas de Jehová, como están expuestas en Levítico capítulo 23, eran “fiestas solemnes”, es decir, tiempos fijados para acercarse a Dios y presentarle sacrificios (v. 37). Según el pensamiento divino, no eran fiestas del pueblo, sino “las fiestas solemnes de Jehová”, santificadas para él y para su gloria. Cuando la tradición y los ritos las despojaron de su verdadero carácter –hasta el punto de excluir de ellas al mismo Señor Jesús–, esas fiestas fueron llamadas meramente “fiesta de los judíos” (Juan 5:1; 7:2).

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Libre en Cristo

Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres (Juan 8:36).

¿Qué es la libertad? ¿Es hacer lo que a uno bien le parezca, tal vez sin infringir las leyes, pero violando toda regla moral, sin tener en cuenta a los demás y viviendo tan solo para sí mismo? Llevada al extremo, esta concepción de la vida solo puede producir destrucción. La destrucción de hogares, de familias, de la sociedad. Esta no es la verdadera libertad. Ella no puede ser independiente de una ley moral. En nuestra época, los hombres hablan fácilmente de liberarse de los tabúes y de las reglas arcaicas, pero en realidad son esclavos de sus propios impulsos, pues son incapaces de dominarlos (2 Pedro 2:19).

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Más fruto

La disciplina paternal

Nuestro tema parece austero a primera vista, sin embargo es muy actual. A menudo los jóvenes y los menos jóvenes se preguntan: «¿Por qué permitió Dios tal acontecimiento en mi vida? ¿Por qué perdí mis exámenes? ¿Por qué mi madre está enferma? ¿Por qué este duelo?». A tales preguntas se dan dos grandes categorías de respuestas; una es la del fatalismo: «Estaba ya escrito; solo hay que aceptarlo y someterse, porque es inevitable». La otra respuesta, la cristiana, es muy diferente: «¿Qué quieres enseñarme?».

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Orar...

Respiración del alma, expresión de la fe, impulso de amor, combate espiritual, la oración es vital para el creyente. Por medio de la oración se acerca a Dios para pedirle ayuda, pero también para agradecerle y adorarlo. A través de ella, el cristiano expresa su dependencia de Dios y testifica que el hombre no está solo en el universo, sino que Dios existe y obra.

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Una sola ofrenda, varios sacrificios

Levítico 1 a 7

Nos proponemos considerar la muerte del Señor Jesús, “la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre” (Hebreos 10:10). Será el tema central de la adoración de los redimidos en la eternidad, pero, aunque no podamos sondearlo aquí abajo, es la voluntad del Señor que nuestros corazones se ocupen en él.

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Mensaje para todos

Compañeros de obra

En nueve de las trece epístolas que llevan su nombre, Pablo se llama a sí mismo “apóstol”. En aquellas iglesias en la cuales enseñanzas erróneas empezaban a difundirse (Corinto, Galacia, Colosas), era necesario subrayar la autoridad apostólica para combatirlas.

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Características de la oración

Orar es hablar con Dios. Puede suceder que un hombre inconverso ore y Dios le responda (Jonás 1:14). Pero, en un sentido más profundo, orar es la expresión de la nueva vida que Dios da al que confía en él. La prueba de la conversión de Pablo fue: “He aquí, él ora” (Hechos 9:11). Así, la oración expresa una relación personal con Dios, un hecho de fe, de confianza en Dios.

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¿Cómo orar?

Si somos conscientes de la grandeza, la majestad y la santidad de Dios, oraremos a él con reverencia y temor (Hebreos 12:28). El que conoce a Dios como su Padre es caracterizado por la humildad y el sentimiento de su propia pequeñez, pero también tiene la seguridad de ser amado y escuchado.

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¿Cómo orar?

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Conclusión

Cada una de las fiestas que vimos (la Pascua, los panes sin levadura, la gavilla por primicia, la conmemoración al son de las trompetas, la expiación y los Tabernáculos) estaba acompañada de sus respectivos sacrificios, como nos lo muestran estos dos capítulos.

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Conclusión

La mejor conclusión que podemos sacar de estas páginas es aquella que la misma Palabra nos da: Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados (Hebreos 12:11).

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Conclusión: Ser LIBRE en Cristo

La Corte Internacional de Justicia permite juzgar a los diversos responsables de crímenes contra la humanidad que han hecho sufrir a sus semejantes. No olvidemos que existen otros tiranos temibles, a los cuales cada uno está esclavizado.

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Conmemoración al son de trompetas

La Pascua tenía lugar el decimocuarto día del primer mes. La gavilla por primicia probablemente era ofrecida el día después del primer sábado que seguía a la Pascua. Pentecostés, cincuenta días más tarde, debía tener lugar, pues, en la primera mitad del tercer mes. Luego venía una larga interrupción hasta el séptimo mes, en el cual tres fiestas se sucedían rápidamente.

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¿Cuándo orar?

Está bien decir que conocemos al Señor y respetamos sus derechos sobre nosotros. Pero si el Señor nos preguntara a cada uno: «¿Cuándo te diriges a mí?», «¿cuándo oras?», ¿qué le responderíamos? Su Palabra nos enseña lo que Él espera de los suyos:

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Dos clases de tentaciones

Santiago 1:2-3, 12 parece estar en contradicción con los versículos 13 a 15. En efecto, primeramente Santiago presenta las “diversas pruebas” como sumo gozo, una prueba de la fe que produce paciencia.

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Ejemplo supremo el

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El día de la expiación (ver nota al final del libro)

Entrar mucho más profundamente en lo que le costó a Cristo quitar el pecado de delante de Dios es el preludio de toda restauración. Reconocer la ruina (Levítico 16:1), individual o colectiva, conduce a una apreciación mucho más grande de la obra de Cristo y de su eficacia ante Dios.

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El ejemplo de cristo

Para terminar, quisiéramos poner ante cada uno de nuestros lectores el ejemplo de Cristo. Él nos ha dejado ejemplo, para que sigamos sus pisadas (1 Pedro 2:21). Cristo, el hombre perfecto, fue el hombre de oración. Confirmó ese papel central de la oración mediante su enseñanza y su vida.

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El holocausto

Como ya lo hemos visto, el holocausto, el sacrificio que es enteramente quemado sobre el altar, viene en primer lugar. En efecto, era importante poner en evidencia primero la perfección de la víctima, perfección que sólo puede ser plenamente apreciada por Dios. El mismo Señor Jesús lo dijo: “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida” (Juan 10:17).

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El pan de la tierra

En el desierto los israelitas se alimentaban del maná. Cada mañana tenían que levantarse muy temprano a fin de recoger la cantidad que necesitaban para el consumo del día (esto se repite seis veces en Éxodo 16). Era imposible hacer provisiones para más de un día, ya que el maná criaba gusanos.

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El sacrificio de paz

En la institución de los sacrificios, el sacrificio de paz estaba tercero en la lista (Levítico 1-5). Ahora, al tratarse de las “leyes” de las ofrendas (Levítico 6-7) vemos que es el último. Éste no se ofrecía para ser “aceptado”, como el holocausto, ni para ser “perdonado”, como el sacrificio por el pecado, sino que el que lo ofrecía lo hacía para dar gracias (cap. 7:12).

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