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El lugar que Jehová ha escogido para poner su nombre

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El lugar santísimo

Como la ciudad de Apocalipsis 21:16, el lugar santísimo era cúbico, manifestando así la perfección de Dios en todo. Era oscuro, pues, según 1 Reyes 8:12, Dios había dicho que “habitaría en la oscuridad”, manifestando de esa forma que aún no había sido plenamente revelado a los hombres.

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El lugar santo

Así como la puerta y el altar de bronce nos hablan del acceso al tabernáculo, abierto a cualquiera que quería venir con un sacrificio, el lugar santo nos presenta el privilegio exclusivo de los sacerdotes. Hoy, para ser sacerdote, es necesario ser hijo de Dios, nacido de nuevo. Y todo hijo de Dios es sacerdote (1 Pedro 2:5) (lo que no era el caso en Israel).

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El maná, pan del cielo

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El Mar Rojo

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El ministerio

El tema del ministerio ocupa un amplio lugar en las dos epístolas a Timoteo. Podría parecer prematuro presentarlo a los jóvenes creyentes; sin embargo, si el Señor aún no viene y lleva consigo progresivamente a aquellos que hoy tienen la carga del ministerio, los jóvenes serán llamados a ejercerlo a su turno, poco a poco y en la medida en que Dios los conduzca.

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El ministerio y los dones

Leer 1 Corintios 12; Efesios 4:7-16; Romanos 12:4-8; 1 Pedro 4:10-11. En todos estos pasajes se resalta una cosa primordial: el Señor da. En Efesios, es Cristo quien ha dado; en Corintios, es Dios quien “ha colocado” en la Iglesia; en Romanos y en 1 Pedro se tienen dones de gracia diferentes.

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El monte horeb y el evangelio

Ahora Dios da las segundas tablas, no para ser quebradas como las primeras, sino para ser guardadas en el arca encima de la cual Jehová debía tomar lugar como Señor de toda la tierra en el gobierno moral. “Y Moisés alisó dos tablas de piedra como las primeras; y se levantó de mañana y subió al monte Sinaí, como le mandó Jehová, y llevó en su mano las dos tablas de piedra.

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El nazareato

Habló Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: El hombre o la mujer que se apartare haciendo voto de nazareo, para dedicarse a Jehová, se abstendrá de vino y de sidra; no beberá vinagre de vino, ni vinagre de sidra, ni beberá ningún licor de uvas, ni tampoco comerá uvas frescas ni secas.

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El nuevo nacimiento

Pocos asuntos han suscitado mayor dificultad y perplejidad que el de la regeneración o nuevo nacimiento. Muchísimos creyentes, objetos del nuevo nacimiento, ignoran su significado, y están llenos de dudas respecto de si alguna vez han nacido realmente de nuevo.

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El pan de la tierra

En el desierto los israelitas se alimentaban del maná. Cada mañana tenían que levantarse muy temprano a fin de recoger la cantidad que necesitaban para el consumo del día (esto se repite seis veces en Éxodo 16). Era imposible hacer provisiones para más de un día, ya que el maná criaba gusanos.

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El poder de la sangre

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El que “estaba sentado en el trono”

La más grande esperanza del creyente es la de ver al Señor Jesús “tal como es”; pero a menudo se pregunta: «¿Veremos a Dios?». En estos dos capítulos del Apocalipsis hay, sin embargo, personajes distintos: el que está sentado en el trono; el Cordero inmolado en medio del trono; los siete espíritus de Dios delante del trono.

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El reconocimiento de la tierra de Canaán por los doce espías

Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Envía tú hombres que reconozcan la tierra de Canaán, la cual yo doy a los hijos de Israel; de cada tribu de sus padres enviaréis un varón, cada uno príncipe entre ellos. Y Moisés los envió desde el desierto de Parán, conforme a la palabra de Jehová” (v. 1-3).

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El reinado de la muerte

En entera conformidad con lo antedicho, en el capítulo 5 del Génesis tenemos la historia de los primeros siglos de la humanidad, en los cuales hallamos el registro de la flaqueza humana y su sujeción al dominio de la muerte. Es cierto que algunos vivieron cientos de años y que engendraron “hijos e hijas”, pero de todos ellos se declara también que murieron.

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El rescate de los primogénitos

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El retorno de Jacob a Bet-el

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El sacerdocio

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El sacerdocio

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El sacerdocio de Aarón y los levitas

Las primeras líneas del capítulo 18 contienen una exposición detallada de las funciones del sacerdocio de Aarón. Vamos a dirigir la atención del lector a este último punto.

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El sacrificio de paz

En la institución de los sacrificios, el sacrificio de paz estaba tercero en la lista (Levítico 1-5). Ahora, al tratarse de las “leyes” de las ofrendas (Levítico 6-7) vemos que es el último. Éste no se ofrecía para ser “aceptado”, como el holocausto, ni para ser “perdonado”, como el sacrificio por el pecado, sino que el que lo ofrecía lo hacía para dar gracias (cap. 7:12).

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El sacrificio de paz: la comunión

Cuanto más atentamente examinamos las ofrendas, más nos convencemos de que ninguna tipifica por sí sola la obra completa de Cristo. Solamente reuniéndolas todas, uno puede formarse una idea algo más precisa. Cada ofrenda, como era de esperar, tiene rasgos que le son peculiares. El sacrificio de paz difiere en muchos aspectos del holocausto.

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El Salvador

“El Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo” (1 Juan 4:14). El nombre mismo de Jesús revela ese carácter: Jehová salva. El ángel dijo a los pastores: “Os ha nacido… un Salvador” (Lucas 2:11). Los samaritanos de Sicar dieron testimonio de ello: “Nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo, el Cristo” (Juan 4:42).

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El segundo censo antes de entrar en el país

Aquí tenemos el segundo censo de los hijos de Israel, cuando están a punto de entrar en la tierra prometida. ¡Qué triste es considerar que, de los seiscientos mil hombres de guerra que fueron censados al principio, solamente habían sobrevivido dos: Josué y Caleb! Los cuerpos de todos los demás “cayeron en el desierto” (Hebreos 3:17).

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