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The Mackintosh Treasury

Más consideraciones sobre la base de la gran comisión

Al tratar con nuestro tema, debemos considerar aún la autoridad y la esfera de «la gran comisión»; pero antes debemos detenernos un poco más sobre su base. La comisión es realmente grande, y requiere un fundamento sólido sobre el cual descansar; y este fundamento, bendito sea Dios, se encuentra en la muerte expiatoria de Su Hijo.

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Mateo 25:10

Pero mientras ellas [las vírgenes insensatas] iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta.

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Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal

Finalmente Moisés hace un solemne llamado a los corazones y conciencias del pueblo.

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Mirar a Jesús, el único remedio prescrito por Dios

Así ocurre también ahora. El pecador es llamado simplemente a mirar a Jesús. No se le dice que mire a las ordenanzas, a las iglesias, a los hombres o a los ángeles; no hay socorro en esas cosas. El pecador es llamado a contemplar exclusivamente a Cristo, cuya muerte y resurrección constituyen el fundamento eterno de toda paz y esperanza.

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Mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma

“Por tanto, pondréis estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, y las ataréis como señal en vuestra mano, y serán por frontales entre vuestros ojos.

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Moisés

Consideremos a Moisés. Habló imprudentemente con sus labios en las aguas de Meriba (Números 20). Y ¿cuál fue el resultado?: El decreto gubernamental de Jehová le prohibió la entrada a la tierra prometida.

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Moisés agobiado por el peso de las responsabilidades

Tenemos otras lecciones que sacar de esta importante porción de la Palabra. No solo debemos considerar la decadencia de la asamblea de Israel; también vemos al mismo Moisés titubear y a punto de sucumbir bajo el peso de su responsabilidad. “Y dijo Moisés a Jehová: ¿Por qué has hecho mal a tu siervo?

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Moisés desanimado

No obstante, la prueba más dolorosa para Moisés no fue motivada por el juicio que Faraón emitió sobre su misión. El siervo fiel, cuyo corazón esté del todo entregado a Cristo, puede ser considerado por los hombres como un mero fanático visionario. Los hombres miran al creyente desde un punto de vista que no nos permite esperar de ellos otra cosa.

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Moisés, intercesor

Citaremos ahora las trascendentales palabras con las que termina nuestro capítulo.

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Moisés no entrará en el país

Consideremos ahora los últimos versículos de nuestro capítulo; en ellos encontramos una sólida instrucción. Ante todo, vemos los actos del gobierno de Dios desplegados de la manera más solemne y conmovedora. Moisés se refiere patéticamente al hecho de su exclusión de la tierra de Canaán. “También contra mí se airó Jehová por vosotros, y me dijo: Tampoco tú entrarás allá” (v. 37).

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Moisés no pasará el Jordán

El último párrafo del capítulo 27 es profundamente solemne. Los procedimientos gubernamentales de Dios se despliegan ante nuestros ojos de una manera eminentemente apropiada para conmover el corazón. “Jehová dijo a Moisés: Sube a este monte Abarim, y verás la tierra que he dado a los hijos de Israel.

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Moisés y Jehová

Los últimos versículos de este capítulo nos ofrecen un episodio conmovedor que tuvo lugar entre Moisés y su Señor, cuyo recuerdo se corresponde hermosamente con el carácter del libro de Deuteronomio, según era de esperar.

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Moisés y la gloria de Jehová

“Pero la gloria de Jehová se mostró en el tabernáculo de reunión a todos los hijos de Israel, y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos? Yo los heriré de mortandad y los destruiré, y a ti te pondré sobre gente más grande y más fuerte que ellos” (v. 10-12).

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Motivos de desaliento en el pueblo de Dios

Desde el principio del capítulo 1, encontramos un cuadro muy desalentador del estado de cosas en lo que respecta al testimonio exterior rendido a Dios en la tierra. “En el año tercero del reinado de Joacim rey de Judá, vino Nabucodonosor rey de Babilonia a Jerusalén, y la sitió.

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Motivos que mantienen al creyente ausente de la Mesa del Señor

Si pudiera despertar un mayor interés por este importante tema, un gran servicio se prestaría realmente a la causa de la verdad, y los intereses de la Iglesia de Cristo recibirían un nuevo impulso. Hay mucha ligereza e indiferencia en los corazones de los cristianos en cuanto a su participación a la Mesa del Señor.

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Muertos a la ley

Volvamos por un momento a Romanos 7. “Así también vosotros, hermanos míos” (y todos los verdaderos creyentes, todo el pueblo de Dios), “habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios” (v. 4).

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Nada faltó durante esos cuarenta años

¡Qué gracia tan maravillosa brilla en esas palabras! Lector, piense por unos momentos en el cuidado que Dios dispensó a su pueblo, de tal manera que evitó que sus vestidos envejecieran o sus pies se hincharan. No solamente los alimentaba, sino que los vestía y cuidaba de ellos en todo momento. ¡Incluso tuvo cuidado de sus pies, a fin de que la arena del desierto no los lastimara!

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Nadab y Abiú

En cierta medida, estamos preparados para oír las palabras que encabezan este capítulo: “Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó” (v. 1). ¡Qué contraste con la escena final del capítulo anterior!

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Naturaleza de la disciplina

Habiendo demostrado, a partir de las más claras afirmaciones de la Sagradas Escrituras, que la Asamblea está solemnemente obligada a juzgar a los que están dentro, y a expulsar de su seno a los perversos, procederemos ahora a considerar la naturaleza, el carácter y el espíritu de la disciplina que la Asamblea es llamada a ejercer.

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Necesitábamos ser “santificados”

Prestemos particular atención a lo que implica el hecho de que necesitábamos ser “santificados”. Ello pone de manifiesto de la manera más fuerte y clara, la ruina total, sin esperanza y absoluta en que se halla cada uno de nosotros. No importa, en lo que toca a este aspecto de la verdad, quiénes éramos o qué éramos en nuestra vida personal y práctica.

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Nehemías

Pero debemos proseguir con nuestro tema, por lo que solicitaremos al lector que se remita al capítulo 8 de Nehemías. Hemos considerado al remanente antes del cautiverio y durante este período; y ahora lo veremos en su amada tierra tras su retorno del destierro, hecho que fue posible merced a la rica misericordia de Dios.

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“¿Ni aun temes tú a Dios?”

En el caso del ladrón arrepentido, vemos un primer fruto como resultado de la acción santificadora del Espíritu eterno, en las palabras dirigidas al otro ladrón: “¿Ni aun temes tú a Dios?” (Lucas 23:40). Él no dice: “¿No temes tú el castigo?”. La santificación del Espíritu se evidencia, en cada caso, por el temor del Señor, y un santo aborrecimiento del pecado, por lo que es el pecado.

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Nicodemo debía dejar atrás muchas cosas

Pero Nicodemo, como muchos otros, debía dejar atrás muchas cosas antes de llegar verdaderamente al conocimiento de Jesús; debía desprenderse de una pesada carga de maquinaria religiosa antes de aprender la divina simplicidad del plan de salvación de Dios. Debía descender de la cumbre del saber rabínico y de la religión tradicional, y aprender el alfabeto del Evangelio en la escuela de Cristo.

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Nimrod y Babilonia

Esta porción del libro que estudiamos contiene las listas de las generaciones de los tres hijos de Noé, en las que se menciona especialmente a Nimrod, fundador del reino de Babel, o Babilonia, un nombre que ocupa una posición prominente en las páginas de la historia sagrada. Babilonia es un nombre muy conocido y de una influencia notoria.

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