Números
Números

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 32

Una triste petición

Llegados a la frontera de Canaán, los hijos de Rubén y de Gad se presentan ante Moisés y los príncipes con una triste petición:

No nos hagas pasar el Jordán. (v. 5)

Moisés, indignado, inmediatamente piensa en Cades-barnea, cuarenta años antes. ¿Será una vez más la incredulidad, el miedo que les infundan los gigantes y las ciudades fortificadas lo que haga retroceder a estas dos tribus? ¡No!, hay otra razón inesperada: ¡sus rebaños! La victoria sobre los madianitas les otorgó un botín considerable (cap. 31). Rubén y Gad tienen “una muy inmensa muchedumbre de ganado”. Por eso sus ojos se dirigen hacia los ricos pastos de la tierra de Galaad y quieren establecerse allí.

A estas dos tribus se añade también “la media tribu de Manasés hijo de José” (v. 33). Para ellos, una instalación inmediata en unas condiciones ventajosas y cómodas tiene más atractivo que la tierra prometida por Jehová. Así son muchos cristianos, ¿nos damos cuenta de ello? Sin duda alguna son salvos; forman parte del pueblo de Dios. Pero las cosas de la vida diaria les interesan más que la eternidad. Tienen un cristianismo terrenal, un corazón dividido. Para ellos el cielo no tiene valor presente. ¿No es esto mostrar poco amor hacia Aquel que se halla allí?

Prosperidad material – Familias abandonadas

Ofreciéndose para ayudar a sus hermanos en la conquista de la tierra de Canaán, los hijos de Rubén y de Gad dan muestras de celo, de valentía e incluso de abnegación. Pero eso no reemplaza, a los ojos de Jehová, el amor hacia él y por el país que les ha dado. Los guerreros de estas dos tribus conocerán la tierra prometida y pasarán el Jordán para ayudar a sus hermanos. Pero sus mujeres y sus niños jamás entrarán en ella. Por su culpa, estos no gozarán de la promesa de Jehová (cap. 14:31). Recordemos también que en otro tiempo el Faraón intentó impedir que los niños saliesen de Egipto (Éxodo 10:10). Ahora los propios padres obstaculizan la llegada de sus hijos a Canaán. El Señor Jesús ordena:

Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis.
(Marcos 10:14)

¡Desgraciadamente existe más de un medio para impedir que un niño se acerque a Jesús!

En el territorio de Galaad, indiscutiblemente los rebaños prosperarán, pero no ocurrirá lo mismo con las familias; estas decaerán, tal como lo demuestra la historia de estas tribus.

Queridos amigos, ¿qué es más importante: la prosperidad de nuestros negocios o la de nuestra alma? Ellas casi nunca pueden ir juntas.