Números
Números

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 9

La Pascua celebrada en el desierto

Ha transcurrido un año desde la salida de Egipto. Jehová comunica a Moisés sus instrucciones para celebrar este gran aniversario. La cristiandad celebra todos los años el nacimiento y la muerte del Señor. Pero después muchos no piensan más en ello hasta el año siguiente. Los redimidos del Señor, por el contrario, tienen el privilegio de recordar juntos sus sufrimientos y su muerte cada primer día de la semana, al participar en la Cena que él instituyó.

En Israel la gracia daba un recurso para aquel que estuviera impuro o de viaje. El Señor conoce las circunstancias de los suyos y responde a ellas por su misericordia, pero no cambia nada de su propia medida. Aun en el segundo mes, la fiesta debía celebrarse según los estatutos de la pascua (v. 12). Así como era necesaria la confesión de las faltas (v. 7), la Palabra invita al creyente a que se juzgue, que se pruebe a sí mismo antes de tomar la Cena del Señor (1 Corintios 11:28). Participar de ella hoy día no es una obligación a la que hemos de someternos so pena de muerte, como en el tiempo de la pascua (v. 13). ¿Acaso por eso el deseo del Señor tiene menos valor para el corazón del redimido? Con el pretexto de que ya no es una obligación, ¿resulta menos grave abstenerse? cuando el Señor dijo al dar la copa a los suyos:

Bebed de ella todos.
(Mateo 26:27)

Dios guía a su pueblo: nube y trompetas

Israel no tenía que hacerse ninguna pregunta referente a las etapas a través del desierto. Cada puesta en marcha y cada alto se verificaba por “mandato de Jehová”. ¿Se levantaba la nube? Entonces tenían que ponerse en marcha, incluso si acababan de llegar o si les gustara el lugar de estancia. ¿Y si se posaba sobre el tabernáculo? Era menester acampar sin ir más lejos. Tan indispensable era la dirección divina para acampar como para partir, fuera de noche o de día. Hermosa figura de la dependencia constante que conviene a los redimidos del Señor, y que él mismo vivió perfectamente. A pesar del mensaje que recibió de las hermanas de Lázaro y del amor que sentía por los miembros de esa familia, Jesús no fue a Betania sino dos días más tarde, cuando conoció la voluntad de su Padre (Juan 11).

Cuando la voluntad de Dios era revelada, las trompetas de plata de los sacerdotes daban la señal de los diversos movimientos del pueblo. Resonaban para llamar a las reuniones (v. 3-4), a las salidas (v. 5-6), a las batallas (v. 9) o a las fiestas solemnes (v. 10). Estas trompetas nos hablan del testimonio de Dios, dado tanto en la reunión de los santos como en su marcha, en sus combates, en su culto. En medio de un mundo enemistado, la Palabra nos exhorta:

No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor.
(2 Timoteo 1:8)