Números
Números

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 23

Dios quiere bendecir

Balaam, que ya ha obtenido libertad para ir adonde quería, desearía que Dios le permitiera decir lo que él quiere decir. Pero a pesar suyo, y a la ira de Balac, sus cuatro discursos sentenciosos se cambian por gloriosas bendiciones. Tal es también el efecto final de las presentes acusaciones de Satanás contra los redimidos del Señor (Apocalipsis 12:10). Tal como nos lo enseña la historia de Job, Dios permite que semejantes ataques se conviertan en bien para los suyos. Notemos que todo sucede en el monte, mientras el pueblo que está en la llanura lo ignora; desconoce tanto las intenciones funestas del enemigo como la manera en que Dios las hace fracasar.

“Este pueblo habitará solo” (v. 9, V. M.); este es el primer carácter de Israel, a saber, ser un pueblo separado para Dios. Lo mismo sucede con la verdadera Iglesia y con cada creyente. El cristiano está moralmente separado de un mundo juzgado. Está separado para el Señor.

Muera yo la muerte de los rectos, y mi postrimería sea como la suya,
(v. 10)

desea Balaam. Pero para morir como los hombres justos es preciso haber vivido la vida de los mismos. Ahora bien, Balaam, como muchos otros, es un hombre de doble ánimo que intenta servir a dos amos. Profesa temer a Jehová y ofrece el número perfecto de sacrificios, pero al mismo tiempo se deja llevar por las concupiscencias de su propio corazón.

Un pueblo justificado

¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará?
(Romanos 8:33-34)

Como para burlarse del acusador, Dios hace proclamar al mismo Balaam, desde lo alto de la montaña, que él no ha “notado iniquidad en Jacob, ni ha visto perversidad en Israel”. Al leer el versículo 21, uno no puede dejar de preguntarse: ¿Cómo puede Dios afirmar lo que tan manifiestamente se ve desmentido por los hechos? ¿Acaso ha olvidado las murmuraciones, las codicias, la idolatría, la rebelión? El versículo 23 nos da la respuesta:

A su tiempo será dicho de Jacob y de Israel: ¡Mirad lo que ha hecho Dios!
(V. M.)

Mientras el pueblo iba acumulando pasos en falso en el desierto, Jehová cumplía la obra necesaria a fin de hacerlo apto para entrar en el país. Se había ocupado de todos los pecados de los suyos dando los sacrificios, el sacerdocio, la serpiente de bronce y otras tantas imágenes de la obra de Jesús. De manera que si Dios habla así, no es por falta de memoria ni por pasar con indulgencia sobre el mal. Es porque al contemplar a su pueblo, ve su propia obra. Constantemente tiene ante sus ojos la obra de su Hijo, y no sería fiel y justo hacia este perfecto Salvador si todavía imputase la menor falta a aquellos, a quienes él ha lavado con su sangre (1 Juan 1:9).