Números
Números

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

Pedir en la tienda

Capítulo 3

Censo de la tribu de Leví

Dios separó a los hijos de Leví para hacerlos servidores del santuario. Cuando se les puso a prueba en el juicio que siguió a lo del becerro de oro, fueron hallados fieles (Éxodo 32:26-29; Malaquías 2:4-6), por eso ahora son escogidos para el servicio de Aarón y de toda la Asamblea. Es una figura del privilegio que tiene cada creyente: servir tanto al Señor como a la iglesia, ¡lo uno no se puede separar de lo otro! Es de señalar que la palabra traducida por servicio en los versículos 7 y 8 también significa guarda, esto es, vigilancia. La atención y la vigilancia forman parte del servicio para el Señor. Esta palabra caracteriza precisamente la actividad del centinela en Isaías 21:8, quien está allí montando su guardia todas las noches. ¡Que el Señor nos conceda ser de los que saben velar por y sobre el pueblo de Dios! Notemos además que en el capítulo 4:3 otra palabra traducida por “servir” también significa labor, sufrimientos, guerra.

En los versículos 12 y 13 Jehová recuerda cuándo y cómo adquirió a los levitas. La noche de la Pascua –la cruz para nosotros– señaló su separación (leer 2 Corintios 5:15). Pero, además, estos servidores son “enteramente dados” a Aarón y a sus hijos (v. 9). ¿No es así como nuestro Sumo Sacerdote designa a sus queridos discípulos dirigiéndose a su Padre? Habla de “los que me diste” (Juan 17:9, 12, 24 y sig.).

A cada uno su propia obra

Así como nadie tenía derecho a escoger la ubicación de su tienda, ningún levita podía decidir qué servicio quería cumplir. Lo que debemos hacer no es necesariamente aquello que más nos agrada, lo que parece responder a nuestras capacidades o lo que en un momento dado se presenta ante nosotros. Es lo que el Señor quiere que hagamos.

Hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo.
(
1 Corintios 12:5)

Él es el verdadero Príncipe establecido sobre todos los cargos (v. 32), y solo él tiene la facultad para escoger la función de cada cual en la asamblea (Efesios 4:11-13), cuando se considera el conjunto de actividades que se desarrollan. Imaginemos lo que sucedería en una línea de ferrocarril si un buen día el guarda agujas decidiese cambiar de empleo o si el guarda barreras abandonara su paso a nivel. ¡Qué desorden, qué catástrofes resultarían de ello!

De todos modos, cualquiera que fuera la actividad de los levitas, cada una de las tres familias acampaba junto al tabernáculo (v. 23, 29, 35). Pensamos en esos obreros en el tiempo de David: “moraban allá con el rey, ocupados en su servicio” (1 Crónicas 4:23). «Quien está más cerca de Cristo, mejor le servirá y, sin esta proximidad no se le puede servir» (J.N.D.).

Responsabilidades y privilegios de ser redimido

Al contrario de los demás hijos de Israel, los levitas eran censados desde la edad de un mes. Pensemos en el pequeño Samuel, en Juan el Bautista (Lucas 1:15), en Jeremías (cap. 1:5). La puesta aparte precede al llamado para servir al Señor. El joven Isaías, en cuanto oyó la buena noticia: “es quitada tu culpa, y limpio tu pecado”, estuvo dispuesto a responder espontáneamente al llamado del Señor:

Heme aquí, envíame a mí.
(Isaías 6:7-8)

Desde su visión en el camino a Damasco, Saulo aprendió de boca del Señor que estaba designado para ser “ministro y testigo” (Hechos 26:16). Ningún redimido pertenece a sí mismo. Si por gracia se ha vuelto de los ídolos a Dios, como en el caso de los Tesalonicenses, es para servir al Dios vivo y verdadero…” (1 Tesalonicenses 1:9). La misma enseñanza se desprende del final de nuestro capítulo. Los levitas sustituían a los primogénitos de Israel, esto es, a aquellos que la gracia divina había guardado de la muerte en virtud de la sangre del cordero. Dicho de otro modo, cada redimido viene a ser siervo de Aquel que lo ha salvado de la muerte, que lo ha arrancado del poder del mundo y de Satanás. ¿Acaso no somos nosotros “primogénitos” en la familia de Dios por la abundancia de los privilegios recibidos? Que el Señor nos haga conscientes de sus derechos sobre nuestra vida (leer 2 Crónicas 29:11).