Capítulo 7
Ofrendas de los príncipes para la inauguración del tabernáculo
Este largo capítulo está consagrado a las ofrendas de los doce príncipes. Las primeras, seis carros y doce bueyes destinados a los levitas, nos hablan de la ayuda práctica que podemos brindar a los siervos del Señor a fin de facilitar su ministerio: hospitalidad, desplazamientos, etc. Por ejemplo, este servicio se puede realizar encaminando a los siervos de Dios (Romanos 15:24; 1 Corintios 16:6, 11; 3 Juan 5-8).
Esas ofrendas entregadas a los levitas, “a cada uno conforme a su ministerio” (v. 5), recuerdan que el Señor siempre provee a los suyos los medios para cumplir la tarea que les ha encomendado. Luego venían las ofrendas para la dedicación del altar. Servir a los hermanos y ayudarlos materialmente no es todo. Estos platos, jarros y cucharas rebosantes nos hablan de las perfecciones y del perfume excelente de Cristo, y corresponden al culto de los verdaderos adoradores. Los diversos sacrificios también formaban parte de las ofrendas y evocan los variados aspectos de la obra de la cruz. Pero, ¿por qué consagra Dios tanto espacio a esas ofrendas cuando todo podría quedar resumido en un párrafo? Comprendámoslo: da su pleno valor a lo que cada uno trae y no omite nada de lo que se hace para él.
La luz divina sondea los motivos
El versículo 89 nos revela el secreto de Moisés, varón de Dios (Salmo 90). Es la oración. Considerémoslo bajo el peso de las responsabilidades que lo agobiaban, acosado por las murmuraciones del pueblo, retirándose a la sombra y al silencio del tabernáculo para hablar con su Dios. Escuchaba “la voz” y luego “le hablaba”. Pensemos en Jesús quien, mucho antes del alba o llegada la noche, después de las fatigas del día, solía retirarse solo a un lugar apartado para orar (Marcos 1: 35; 6:46).
¿Por qué vuelve a hacer mención del candelero al principio del capítulo 8, entre la ofrenda de los bienes en el capítulo 7 y la consagración de los levitas en los versículos siguientes? ¿No es para mostrar que la luz divina sondea y aprecia tanto al don como al dador, e igualmente al servicio como a quien lo cumple? Dios sabe lo que vale nuestra entrega, de la que habla la escena de consagración. Los levitas eran presentados por Aarón como ofrenda mecida, como para dejar que esta luz divina alumbrara continuamente en ellos, sin dejar nada en la oscuridad. Si hubiese quedado la menor mancha en sus vestiduras, se habría notado inmediatamente. Cuán importante es mantenernos siempre en la presencia de Dios para servirle (1 Reyes 17:1).
