Capítulo 24
La hermosura del pueblo
Para pronunciar su tercera profecía, Balaam se abstiene de los anteriores agüeros (v. 1). Hombre entregado al espiritismo, instrumento habitual de los demonios, se ve forzado a pronunciar los oráculos que Dios pone en su boca. Y cuanto más se obstina Balaam, tanto más bendecido es el pueblo. El versículo 5 constata no solamente la ausencia de iniquidad en Jacob (la gracia), sino la admirable belleza de las tiendas de Israel (la gloria). En medio de estas tiendas se alzaba la de Jehová mismo, la morada de su gloria, de manera que todo el campamento era hecho partícipe de esta gloria.
La Iglesia sigue en el desierto, pero Dios ya la contempla según su relación con su muy amado Hijo. Ella es la Esposa de Cristo; a sus ojos está revestida con todas las perfecciones de su Esposo divino. Dios nos invita a mirar a la iglesia y a cada hermano o hermana individualmente desde “la cumbre de las peñas” (cap. 23:9), es decir, del mismo modo que él los ve desde el cielo. Entonces tendremos de ellos una visión completamente distinta. Veremos brillar la belleza del vestido de justicia con el cual el Señor ha revestido a los suyos. Notaremos en ellos unos reflejos de las glorias de Jesús. Y si hay situaciones penosas, porque tampoco podemos evitar verlas, ello será otra ocasión más para admirar la grandeza de la paciencia y del perdón divinos.
El destino de Balaam
Esta última profecía del adivino Balaam comienza por un oráculo sobre sí mismo. ¡Cuán responsable es ese hombre! Según sus propias declaraciones, oyó los dichos de Jehová, sabe la ciencia del Altísimo. ¡Vio la visión del Omnipotente! Muchos que profesan ser cristianos dirán:
Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre?
(Mateo 7:22-23)
Pero compartirán la suerte final de Balaam, porque el conocimiento de las verdades bíblicas no habrá tenido ningún efecto sobre sus conciencias. Tener “abiertos los ojos”, es decir, la capacidad para ver a Jesús, pero no querer hacerlo “ahora”, conllevará a tener que mirarlo mas “no de cerca” en un futuro. ¡Qué porvenir trágico! Eso le sucedió al hombre rico de la parábola que contemplaba atormentado la felicidad de los elegidos (Lucas 16). “Todo ojo le verá” (Apocalipsis 1:7), pero no en las mismas condiciones. ¿Cuándo y cómo verá usted al Señor?
Ante Balaam, el hombre “caído en éxtasis” (v. 16, V. M.), se desarrolla todo un panorama profético. Una estrella brillante lo ilumina: Cristo, el rey de gloria. Su aparecimiento corresponderá al juicio sobre las naciones vecinas de Israel: en primer lugar Moab mismo. Jesús es esta espléndida Estrella de la mañana que anuncia al alba (Apocalipsis 2:28; 22:16 final). Todavía invisible para el mundo, ya ha salido en el corazón del redimido (2 Pedro 1:19 final).
