Números
Números

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 15

El Dios de gracia no abandona a su pueblo

Después de las trágicas escenas del capítulo 14, uno podría pensar que la incredulidad y la rebelión del pueblo le ha hecho perder todos los derechos a la tierra de Canaán. Por eso, inmediatamente después Dios habla de la tierra prometida, mostrando con ello que nada podrá disuadirlo de cumplir sus propósitos de gracia. En este capítulo también menciona los diferentes sacrificios: holocaustos, ofrendas voluntarias (v. 3) y por el pecado (v. 24), juntamente con las ofrendas de flor de harina y libaciones, como para recordar que Dios dispone de recursos para las peores fechorías, lo que para el cristiano equivale a su único recurso que es, bajo sus múltiples aspectos, la obra de Su muy amado Hijo. De esta sube, por enojoso que sea el estado del pueblo, un “olor grato a Jehová” (expresión enunciada cinco veces). Presentada en figura bajo sus aspectos más variados, la obra de Cristo se despliega también en favor del mayor número de personas. El estatuto del extranjero era idéntico al del israelita por nacimiento; se le permitía ofrendar los mismos sacrificios y las mismas libaciones, lo cual prefigura una gracia que se extiende más allá de Israel, un evangelio predicado en toda la creación (Colosenses 1:23).

Los versículos 17 a 21 tratan de las primicias y nos recuerdan que el Señor tiene los primeros derechos sobre todo lo que poseemos (Mateo 6:33).

¿Pecados cometidos por ignorancia o deliberadamente?

La Palabra, que discierne las intenciones del corazón, establece cuidadosamente la distinción entre los pecados “por ignorancia”, que resultan del desconocimiento de la Palabra o por despiste, y los pecados “con soberbia”, (v. 30) cometidos adrede y con desprecio a la voluntad divina. Para estos no había previsto ningún recurso, tal como lo demuestra el castigo del hombre que no hizo caso del sábado (v. 32-36).

¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos,

pide el salmista. Pero consciente de su debilidad, añade:

Preserva también a tu siervo de las soberbias; que no se enseñoreen de mí…
(Salmo 19:12-13)

Con respecto al mal, el israelita tenía además un medio preventivo: la franja fijada en el borde de su vestido mediante un cordón azul, recuerdo de sus lazos con Jehová y permanente advertencia para no manchar su vestidura. ¡Hermoso símbolo de nuestro carácter celestial que jamás deberíamos olvidar! Así seremos guardados de pecar y de mirar “en pos de nuestro corazón y de nuestros ojos” (v. 39).

“Buscad las cosas de arriba… Poned la mira en las cosas de arriba…”, prescribe Colosenses 3:1-2. Allí Cristo –que debe ser suficiente para nuestros corazones– está sentado a la diestra de Dios.