Capítulo 22
Balac llama a Balaam para maldecir
Dejemos un momento a Israel para ver lo que sucedía entre sus enemigos. Asustadísimos, la gente de Moab y su rey Balac vieron cómo Israel subía del desierto, cubriendo la tierra y acampando frente a ellos. Temen por sus cosechas y desprecian a este pueblo que podría lamer su tierra “como lame el buey la grama del campo”. Moab no debe temer, porque cuando el maná, el Pan de vida, es apreciado por el pueblo de Dios, lo que el mundo posee no lo atrae para nada. Para vencer a Israel, Balac tiene la idea de emplear medios sobrenaturales. Pide ayuda al adivino Balaam, de cuya reputación está enterado. Este personifica a un clérigo complaciente que se deja alquilar “por lucro” (Deuteronomio 23:4; Judas 11). Balaam se halla en un dilema, por un lado, desea merecer las riquezas y los honores prometidos por los embajadores de Balac y, por el otro, siente que no puede ir más allá de la voluntad del Dios soberano, a quien teme. Dios visita a Balaam de noche y le declara tajante y categóricamente:
No vayas… ni maldigas al pueblo, porque bendito es.
(v. 12)
Esperando poder inducir a Jehová para que se retracte de su declaración, el profeta infiel olvida que Dios no cambia (comp. cap. 23:19). Y cuando la segunda comitiva llega, se le permite ir adonde su corazón codicioso lo empuja.
Una lección dada por un asna
Balaam aparejó su asna y salió con el corazón alegre calculando de antemano su salario de iniquidad. Pero ante Dios, su camino es perverso (v. 32), conduce a la perdición. Balaam finge obedecer a Dios cuando en realidad es tentado por “su propia concupiscencia” (Santiago 1:14). Dios quiere dárselo a entender y le habla de manera milagrosa por medio de su asna. ¡Trabajo inútil! Entonces el Ángel se deja ver y lo reprende (leer 2 Pedro 2:15-16). Más loco y más ciego que su misma asna, Balaam se obstina y Jehová lo deja seguir adelante. ¿A veces no ocurre que, para detenernos, Dios se opone en el camino de nuestra propia voluntad? Suscita obstáculos, trabas que tienen su propio lenguaje, si es que sabemos escuchar. Son tantas ocasiones que sirven para que nos preguntemos si el Señor no se está oponiendo a un proyecto que desaprueba.
El Nuevo Testamento menciona “el camino de Balaam” (2 Pedro 2:15), luego su “error” (Judas 11) y finalmente su “doctrina” (Apocalipsis 2:14). La propia voluntad extravía cada vez más.
Ahora Balac y Balaam se han unido para su obra malévola. Juntos estos dos cómplices son figura del malvado rey llamado “la bestia”, y del falso profeta o anticristo, quienes en los tiempos apocalípticos se verán empujados por Satanás contra Israel y contra Dios (Apocalipsis 13).
