Capítulo 21
La serpiente de bronce
La victoria de Horma se obtiene cuarenta años después de la derrota que lleva el mismo nombre (cap. 14:45). Es triste comprobar que inmediatamente después surge el desánimo:
No hay pan ni agua (v. 5).
El maná no escasea, pero es despreciado. La roca ha sido golpeada, pero se olvida hablarle. ¡Imagen clara de lo que se produce cuando descuidamos tanto la Palabra como la oración! No utilizar estos recursos es hundirse en el desánimo y en las quejas, es exponerse a los ataques de Satanás. La mordedura de las serpientes lleva a Israel a sentir y a confesar sus pecados. Moisés intercede una vez más y Jehová prescribe un remedio: la serpiente de bronce colocada en un asta. Una sola mirada hacia ella traía la curación. El Señor Jesús, en su charla con Nicodemo, explica el alcance espiritual de este episodio del desierto. La serpiente de bronce levantada por Moisés es el Hijo del Hombre levantado en la cruz, es Cristo hecho pecado por nosotros (2 Corintios 5:21), asimilado al poder del mal para sufrir la condenación del mismo. ¡Tal es la medida del amor de Dios por el mundo! (Juan 3:14-16). Querido amigo que lee estas líneas, ¿ha dirigido su mirada de fe hacia la obra del Salvador hecha en la cruz? ¿Tiene la vida eterna?
Un refrigerio maravilloso
Al mandato de Jehová, el pueblo se reúne en torno al pozo Beer. Príncipes y nobles cavan y el agua brota de unas fuentes profundas para refrescarlos a todos. Es una figura de los tesoros de la Palabra que los siervos de Dios han sacado a la luz para enriquecernos a nosotros. Nos sentimos beneficiarios del ministerio escrito que nos han dejado esos conductores. Hombres de labor fecunda (los que trabajan están a la cabeza, o nos presiden en el Señor, según 1 Tesalonicenses 5:12), “príncipes del pueblo”, tales como los de Berea –más nobles que los de Tesalónica– (Hechos 17:11), se dedicaron al estudio de las Escrituras. Esa es la nobleza que la Biblia reconoce y propone, porque cada hijo de Dios es invitado a escudriñar las Escrituras (Juan 5:39). El refrigerio espiritual saboreado en torno al pozo ha regocijado el corazón del pueblo.
¿Está alguno alegre? Cante alabanzas
(Santiago 5:13).
Israel canta. Desde el Mar Rojo, cuarenta años atrás, no vemos que lo haya hecho (aparte de los cantos y bailes profanos en torno al becerro de oro). Las murmuraciones por fin cedieron lugar a la alabanza. Juntamente con el gozo, Israel también halló fuerzas (Nehemías 8:10 final), las cuales despliega librando sus primeras batallas contra Sehón y Og; en estas obtiene brillantes victorias.
