Números
Números

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 4

Servicio de los coatitas

Aunque diferentes las unas de las otras, todas las funciones de los coatitas, los gersonitas y los meraritas se relacionaban con el tabernáculo. Debían desmontarlo, transportarlo y volver a montarlo etapa tras etapa a través del desierto. Si bien hay “diversidad de ministerios” (1 Corintios 12:5), todos ellos se relacionan con Jesús nuestro Señor, y cada creyente tiene, de hecho, el mismo cargo: presentar a Cristo al pasar por el mundo y manifestar las diferentes glorias morales. En palabra y en obra, los siervos del Señor son responsables de mantener viva e intacta la enseñanza cristiana. Durante sus desplazamientos a través del desierto, la mayor parte de los utensilios iban ocultos bajo la humilde piel de tejón; esto nos recuerda que los creyentes poseen su tesoro –Cristo– “en vasos de barro” (2 Corintios 4:7). Una excepción: el arca estaba cubierta con un paño azul, símbolo del carácter celestial del Hombre-Dios caminando en este mundo. El candelero se llevaba sobre unas parihuelas y era visto por todos, figura del testimonio rendido en el mundo por Aquel que es la luz del mismo (Juan 8:12). El altar de bronce bajo su paño de púrpura (v. 13) le recuerda constantemente al redimido, mientras atraviesa el mundo, los sufrimientos de Cristo y las glorias que siguen.

Servicio de los hijos de Gersón y de Merari

Se han encontrado analogías entre las atribuciones respectivas de las tres familias de los levitas con las formas principales del ministerio en la Iglesia: profetas, pastores, maestros… (Efesios 4:11). Los primeros (coatitas) presentan a Cristo en relación con las necesidades del desierto, los segundos (gersonitas) velan sobre el montaje de las cortinas, dicho de otra manera, cuidan de la asamblea como testimonio práctico –lo que se ve–, y los últimos (hijos de Merari) son responsables de las “estructuras”, de los fundamentos de la verdad. Para que el edificio quedara completo, era indispensable la colaboración de las tres familias. Un coatita podía estar empleado en llevar el arca, mientras que un gersonita probablemente solo se ocupaba de unas simples cuerdas. Pero no es la importancia ni la aparente nobleza de un trabajo lo que cuenta a los ojos del Señor, sino la fidelidad (1 Corintios 4:2). Con dos como con cinco talentos, el siervo fiel en pocas cosas será establecido sobre mucho (Mateo 25:20-23). Abstengámonos de envidiar o de subestimar el servicio de otro. ¿Quiénes somos nosotros para juzgar “al criado ajeno”? (Romanos 14:4). Solo el verdadero Aarón tiene facultad para poner “a cada uno en su oficio y en su cargo” (v. 19). ¡Qué seguridad suponía esto para el levita! Guiado por el sacerdote, sabía qué hacer y cómo hacerlo.

Complementarse en el servicio

El primer censo de los levitas en el capítulo 3 abarcaba a todos los varones de un mes arriba. Este segundo censo solo toma en cuenta a los hombres de treinta a cincuenta años. El Señor espera que le reservemos los mejores años de nuestra vida. Ya no se trata de la edad física, sino de la madurez espiritual, fruto de la experiencia adquirida poco a poco. A un joven que haya sido “fiel en lo muy poco”, el Señor podrá, llegado el momento, encomendarle “lo más” (Lucas 16:10).

Se hallaron 8.580 levitas en edad para servir. Tomando en cuenta el volumen y peso del tabernáculo, ninguno iba sobrecargado; uno podía relevar a otro. ¿Por qué entonces el Señor se ve obligado a comprobar con tristeza que, para su gran cosecha, dispone de pocos obreros? (Mateo 9:37). ¡Ay!, porque muchos “no se prestaron para ayudar a la obra de su Señor” (Nehemías 3:5). ¡Situación humillante que debería hablar a cada uno de nosotros!

El censo de los levitas se ha acabado.

Se le asignó a cada uno su oficio y a cada uno su carga.
(v. 49; V. M.)

La palabra carga o servicio (carga es la traducción literal) nos recuerda que quien sirve al Señor y a los suyos no puede hacerlo sin sentir espiritualmente el peso, sin estar comprometido de corazón (2 Corintios 11:28).