Números
Números

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 6

El voto de nazareo

Al lado de los levitas, cualquier hombre o mujer perteneciente a las demás tribus podía consagrarse a Jehová y hacer el voto de nazareo. Pero a diferencia de los hijos de Leví, su consagración era individual y facultativa. El israelita era libre para hacer o no hacer este voto, pero una vez hecho, cesaba su libertad; su vida privada y pública quedaba sometida a unas obligaciones muy estrictas, así como en un ejército el recluta voluntario está sujeto a la misma disciplina que las tropas movilizadas obligatoriamente. Las condiciones del nazareato eran tres:

1. Abstenerse de todo lo producido por la viña, símbolo de los goces del mundo;

2. Dejarse crecer el cabello, imagen de la puesta a un lado del “yo”, lo que debe caracterizar al discípulo de Cristo;

3. Huir de todo contacto con la muerte, salario y prueba del pecado.

En principio cada hijo de Dios lleva este triple carácter. Ha muerto al mundo, al “yo” y al pecado (Gálatas 6:14; 5:24; 2:17-20). Pero para tener la fuerza necesaria a fin de mantenerse firme en esta posición difícil y contraria a nuestra naturaleza, es preciso que su consagración sea total para Cristo, que sea el resultado de una gozosa decisión de su corazón. Los versículos 9 a 12 recuerdan cuán fácil es, por falta de vigilancia, perder el carácter de nazareo, y cuán difícil es volverlo a encontrar.

Estar consagrado para Dios

Las Escrituras mencionan algunos nazareos: Sansón, Samuel, Amasías (2 Crónicas 17:16), Juan el Bautista. Pero el nazareo por excelencia fue Jesús. Separado para Dios desde antes de su nacimiento, ocupado en las cosas de su Padre a los doce años, su consagración a Dios fue total hasta su muerte en la cruz. Venido al mundo, no era “del mundo”, y se mantuvo alejado de sus fiestas y sus goces (Juan 7:8; 17:14). Nunca permitió que las circunstancias familiares entorpecieran su ministerio (Lucas 8:20-21). Su dependencia fue continua (Juan 5:19). Ninguna suciedad pudo alcanzarlo (1 Pedro 2:22). ¡Qué modelo es para nosotros ese querido Salvador! Su camino fue de una entrega total. Camino difícil pero en cuyo final lo aguardaba ese gozo del cual es imagen el vino, gozo que quiere compartir con aquellos que aquí en la tierra hayan participado de su oprobio (v. 20 final; Hebreos 12:2; Mateo 26:29; 25:21).

Al finalizar el período de su voto, el nazareo ofrecía todos los sacrificios. El haber tomado posición aquí abajo junto al perfecto Nazareo, permite entrar de modo práctico en los diversos aspectos de su obra en la cruz.

Los versículos 22 a 27 ponen el broche final a este capítulo como para mostrarnos que la consagración al Señor es el camino seguro a la bendición.