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Capítulo 5
Al anochecer, al volver a su casa, se quedó muy sorprendido cuando vio sobre la mesita ubicada junto a la ventana, un libro que reconoció inmediatamente por su cubierta negra. –¡Oh! –exclamó–. ¡Pero si es la Biblia de mi padre! ¡Deben de haber pasado más de diez años desde la última vez que la vi!
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Capítulo 5
–¡Isabel, mira lo que te he comprado! La niña acudió presurosa y recibió agradecida el regalo de su madre. Era un Nuevo Testamento pequeño con Salmos, encuadernado en piel negra, de canto dorado. –¿Te gusta? –¡Oh, muchísimo! ¡Hace tiempo que deseaba tener uno así! ¡Muchas gracias!
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Capítulo 6
Pasaron algunas semanas y, lejos de mejorar, el estado del enfermo empeoraba cada día. Un domingo, antes de empezar la clase de la señorita Vázquez, Laura entró toda llorosa. –Chica, ¿qué te pasa? –le preguntaron varios niños, rodeándola con interés y cariño.
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Capítulo 7
Aquella semana trajo gratas sorpresas para Juan Villanueva. Primero, recibió una carta de la casa de reposo, situada en la Sierra de Valdelaguna, anunciándole que, debido a las diligencias del doctor López, le otorgaban una estancia gratuita durante un mes.
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Charles Studd (1860-1931)
Charles Studd nació en Spratton, Inglaterra en el año 1860. Estudió en el colegio de Eton. Durante ese período se consagró enteramente al críquet y tuvo mucho éxito. Admitido en el equipo nacional, participó en competencias internacionales.
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Como un martillo
Un misionero –es decir, un creyente que trabaja en lugares apartados para hablar de la obra del Señor Jesús– cumplía su tarea entre unos indígenas. A pesar de sus enseñanzas, no conseguía que ellos se reconocieran pecadores. Cierto día, mientras hablaba con algunos chicos de la tribu, les preguntó: –¿Ustedes creen que nunca hacen nada malo?
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Confianza
Hay muchas cosas que pueden hacernos sentir miedo; por ejemplo, quedarnos solos sin nadie que nos cuide, ir a un lugar que no conocemos; ¡y cuántas cosas más! Eso me recuerda la siguiente historia:
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¿Conoces el camino al cielo?
La lluvia era muy fuerte. En la ciudad todo parecía triste. Los autos iban despacio para no patinar. Las personas caminaban ligero, pues querían llegar pronto a sus casas. Un hombre cruzaba la calle a grandes pasos. De repente sintió que alguien le tiraba de la manga. Se dio vuelta y vio que dos ojos grandes y serios lo miraban fijamente.
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Cristo volverá – y cómo estar preparado para encontrarle
En la Biblia hallamos dos maneras de estar listos para aquel momento:
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Cristo volverá – y es el único que puede hacerlo
Muchos de los que saben algo acerca de la «doctrina» de la segunda venida de Cristo parecen tener la mente llena de señales y acontecimientos que creen ya cumplidos, que están verificándose o que se realizarán pronto. Es porque dichas personas se interesan por los «sucesos» en vez de hacerlo por la Persona misma que está viniendo.
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Cristo volverá – y para qué lo hará
Es importante entender que, por cuanto su propia nación rechazó y crucificó al Mesías, Dios reveló al apóstol Pablo lo que la Escritura llama el “misterio”, “oculto desde tiempos eternos” (Romanos 16:25) y “escondido desde los siglos en Dios” (Efesios 3:9).
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Cristo volverá – y ¿por qué?
Tiempo hubo en que la venida del Mesías como “Varón de dolores” era todavía una profecía sin cumplir. Tras aquella predicción, las generaciones se sucedieron unas a otras; se levantaron imperios y fueron derribados; el reino de Israel (las diez tribus) y más tarde el de Judá fueron destruidos mientras sus habitantes eran dispersados o llevados en cautiverio.
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Cuida a mi pajarillo
Mucha gente concurrió, como de costumbre, al velatorio del pequeño Mayil, pero muy poca simpatía testimoniaron a Mimosa.
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Cuidados incomprendidos
Al subir a un vagón de ferrocarril, uno de nuestros amigos halló a todos los pasajeros muy nerviosos. Un hombre llevaba en sus rodillas a una hermosa nena de unos dos años de edad. La pequeña tenía sueño y lloraba, pues apenas se adormecía, el padre la sacudía fuertemente y la obligaba a mantenerse despierta.
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Dar gracias
Pedro, un niño de ocho años de edad, había ido a visitar a su tío, un creyente que siempre daba gracias a Dios antes de comer y acostumbraba leer la Biblia y arrodillarse con su familia para orar antes de acostarse. Todo esto le causó gran impresión a Pedro, quien se preguntó por qué su padre no hacía lo mismo. Cuando volvió a casa, durante el desayuno dijo:
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“Debe” y “haber”
Cierto día, una madre recibió de su hijo de nueve años de edad esta cuenta: «Mamá debe a Santiago: Por haber lavado los platos: 15 $ Por haberme portado bien en clase: 20 $ Por haber barrido la cocina: 10 $ Por haber paseado a mi hermanito: 15 $ Total: 60 $»
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Días sombríos
Días sombríos vendrían para los habitantes de la casa encantada. Sin embargo, en sus corazones todo era luz.
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Días terribles
Cuando Jade Preciosa vio la expresión feroz de su padre, sintió que su corazón se le salía del pecho. Sin hacer ruido, salió sigilosamente de la habitación, atravesó el patio y empezó a correr con todas sus fuerzas. Era necesario advertir a Fan-Tu y encontrar a Sinn-Hap antes de que regresara a casa.
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Dios nos cuida
En el este de una bahía bastante grande, muy junto a la costa del mar Báltico, se encontraba una pequeña finca. Las ventanas de la casa miraban hacia el sur y el oeste, todas con vista sobre el mar.
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Dios responde
En la casa de los misioneros, Si-Hiang conversaba con la señora Studd. –Usted se quedará con nosotros, dijo esta última. Nos ayudará a cuidar las niñas, a su pequeña Alegría y a nuestra pequeña Gracia.
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¿Dónde está Dios?
Los chicos salen de la escuela dominical. Acaban de aprender que Dios es «omnipresente», es decir, que está en todas partes. En la calle se encuentra un hombre a quien el alegre grupo llama la atención. –¿De dónde vienen ustedes? –pregunta a uno de los chicos. –De la escuela dominical. –¡Ajá…! –dice el forastero–, entonces, te voy a hacer una pregunta.
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Dos de menos
–¡Miren aquí! –dijo Ana al entrar barriendo, y cerró la puerta con fuerza tras ella. Miren, el abuelo me dio veinticinco peniques. Sí, veinticinco peniques porque saqué el polvo de su habitación y ordené todo. ¿No es magnífico? Excitada, saltó a través de la pieza y con ojos brillantes miró a sus hermanas Elena y Maya, quienes leían sentadas junto a la ventana.
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El amor en el temor
Mimosa sentía una gran aprensión por sus hijos. ¿No cohabitan siempre el temor y el amor en el corazón de una madre? Sabía que había muchos peligros en la calle, tantos como las motas de polvo en el camino.
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