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Dios en sí mismo
“Jehová ha dicho que él habitaría en la oscuridad” (2 Crónicas 6:1). Cuando la nube –presencia de Dios– llenó el tabernáculo o el templo, ni los sacerdotes ni el mismo Moisés, en su tiempo, podían penetrar en él, “porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Dios” (Éxodo 40:35; 2 Crónicas 5:14). Él
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Dios manifestado en carne, en el Nuevo Testamento
“Grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne…, recibido arriba en gloria” (1 Timoteo 3:16). “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”. “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre)” (Juan 1:1, 14).
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Dios se reveló progresivamente
1 Corintios 1:21 nos dice que “el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría”. Pero Dios quiso, por propia iniciativa, revelarse progresivamente.
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Dos clases de tentaciones
Santiago 1:2-3, 12 parece estar en contradicción con los versículos 13 a 15. En efecto, primeramente Santiago presenta las “diversas pruebas” como sumo gozo, una prueba de la fe que produce paciencia.
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Ejemplo supremo el
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El acceso al santuario
El tabernáculo nos ha hablado de la Casa de Dios y del conjunto de sus rescatados, representados por las tablas, las cortinas, los doce panes, las columnas y las cortinas (o colgaduras) del atrio, figuras –entonces incompletas– del misterio que debía ser plenamente revelado al apóstol Pablo: la Iglesia que es su Cuerpo (Efesios 3:5-6).
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El amado Hijo del Padre
Su amado Hijo (Colosenses 1:13)
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El andar del creyente como hijo de Dios
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El andar del creyente como quien confiesa al Señor
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El andar del creyente con relación a los afectos naturales
Esta parte nos exhorta acerca de la conducta conveniente que deben adoptar los creyentes en sus relaciones terrenales. En primer lugar, el apóstol habla de la más íntima de estas relaciones, es decir del matrimonio (v. 22-23); luego, de los hijos y de los padres (cap. 6:1-4); y finalmente de los siervos y de los amos terrenales (cap. 6:5-9).
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El andar del creyente en relación con la Iglesia
Los tres últimos capítulos de la epístola constituyen la parte práctica de ella, en la que el apóstol exhorta a andar de una manera digna de las grandes verdades presentadas en los tres primeros capítulos. Notaremos que, como creyentes, somos exhortados a mantener una conducta que esté en armonía con nuestros privilegios y responsabilidades en tres diferentes relaciones.
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El aprecio de Pablo por Timoteo
En las diversas epístolas, hallamos varias expresiones en las cuales Pablo manifiesta su aprecio y afecto por Timoteo.
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El atrio
En principio, el atrio con su recinto nos habla del testimonio exterior y público que deben dar aquellos que componen la Casa de Dios, por oposición al tabernáculo propiamente dicho, el cual nos presenta el santuario y lo que se contempla en él.
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El Cristo – El Mesías
Unos jóvenes amigos creyentes nos pidieron una vez que habláramos del tema siguiente: ¿Son una misma persona el Cristo profético, el Cristo histórico y el Cristo vivo? Veamos, pues, lo que nos dice la Palabra al respecto.
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El cuerpo de Cristo
“¿Por qué me persigues?”,
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El día de la expiación (ver nota al final del libro)
Entrar mucho más profundamente en lo que le costó a Cristo quitar el pecado de delante de Dios es el preludio de toda restauración. Reconocer la ruina (Levítico 16:1), individual o colectiva, conduce a una apreciación mucho más grande de la obra de Cristo y de su eficacia ante Dios.
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El Hijo de Dios
Había transcurrido algún tiempo desde la pesca milagrosa, cuando Pedro, de rodillas ante Jesús, le dijo: “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador” (Lucas 5:8). Los discípulos siguieron a su Señor, vieron su poder, su corazón lleno de compasión, sus discusiones con los fariseos y otras sectas judías, y fueron testigos de su rechazo (Mateo 11:20-24;12:14).
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El Hijo del Hombre
En 1 Timoteo 3:16 se nos dice que el misterio de la piedad es grande: “Dios fue manifestado en carne”. En el Antiguo Testamento, Dios se dio a conocer de distintas maneras: por sueños, por visiones, por la aparición de un ángel, por la palabra dicha a los profetas “muchas veces y de muchas maneras” (Hebreos 1:1).
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El holocausto
Como ya lo hemos visto, el holocausto, el sacrificio que es enteramente quemado sobre el altar, viene en primer lugar. En efecto, era importante poner en evidencia primero la perfección de la víctima, perfección que sólo puede ser plenamente apreciada por Dios. El mismo Señor Jesús lo dijo: “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida” (Juan 10:17).
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El Jordán - El carro de fuego
En esta vida extrañamente agitada, Elías pasa de milagro en milagro, el último de los cuales es el más grande de todos. No hay viaje más notable que su último peregrinaje de Gilgal al Jordán. El profeta, conducido por el Espíritu de Dios, visita lugares que hablan de manera sorprendente de los designios de Dios con respecto a Israel.
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El lugar santísimo
Como la ciudad de Apocalipsis 21:16, el lugar santísimo era cúbico, manifestando así la perfección de Dios en todo. Era oscuro, pues, según 1 Reyes 8:12, Dios había dicho que “habitaría en la oscuridad”, manifestando de esa forma que aún no había sido plenamente revelado a los hombres.
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El lugar santo
Así como la puerta y el altar de bronce nos hablan del acceso al tabernáculo, abierto a cualquiera que quería venir con un sacrificio, el lugar santo nos presenta el privilegio exclusivo de los sacerdotes. Hoy, para ser sacerdote, es necesario ser hijo de Dios, nacido de nuevo. Y todo hijo de Dios es sacerdote (1 Pedro 2:5) (lo que no era el caso en Israel).
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El ministerio
El tema del ministerio ocupa un amplio lugar en las dos epístolas a Timoteo. Podría parecer prematuro presentarlo a los jóvenes creyentes; sin embargo, si el Señor aún no viene y lleva consigo progresivamente a aquellos que hoy tienen la carga del ministerio, los jóvenes serán llamados a ejercerlo a su turno, poco a poco y en la medida en que Dios los conduzca.
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El ministerio y los dones
Leer 1 Corintios 12; Efesios 4:7-16; Romanos 12:4-8; 1 Pedro 4:10-11. En todos estos pasajes se resalta una cosa primordial: el Señor da. En Efesios, es Cristo quien ha dado; en Corintios, es Dios quien “ha colocado” en la Iglesia; en Romanos y en 1 Pedro se tienen dones de gracia diferentes.
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