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Pláticas sencillas

Pablo y Félix

“Entonces Félix, oídas estas cosas, estando bien informado de este Camino, les aplazó, diciendo: Cuando descendiere el tribuno Lisias, acabaré de conocer de vuestro asunto” (v. 22). Gobernador de Judea desde hacía varios años, y casado con una mujer judía, Félix conocía bastante bien el judaísmo y el cristianismo.

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Pláticas sencillas

Pablo y los judíos de Roma

En cuanto llegó a Roma, Pablo no perdió el tiempo. Las circunstancias no lo distraían del servicio del Señor. No olvidaba a su pueblo según la carne y continuaba, como siempre, ocupándose de ellos: “Al judío primeramente, y también al griego”, había escrito (Romanos 1:16).

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Pláticas sencillas

Pablo y Silas en libertad

Las autoridades probablemente reconocieron que las faltas imputadas a Pablo y Silas no merecían el cruel castigo que se les infligió, porque al día siguiente mandaron decir al carcelero que los soltara (v. 35); por eso este se apresuró a decirles: “Los magistrados han mandado a decir que se os suelte; así que ahora salid, y marchaos en paz” (v. 36).

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Parábola de las diez minas

Quienes estaban en el entorno de Jesús pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente (v. 11). Pero el Señor les hizo comprender que no sería así, diciendo:

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Pláticas sencillas

Parábolas del reino de los cielos

Después de exponer a los discípulos la parábola del sembrador, que muestra cómo el Señor obra para obtener fruto, Jesús presenta seis parábolas más para explicar los resultados de sus siembras en este mundo, hasta el momento en que establezca su reino en gloria. Es el tiempo en el que la Iglesia está en la tierra y el reino existe en ausencia del rey.

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Pláticas sencillas

Pedro en Jerusalén

Los apóstoles y los hermanos de Judea pronto oyeron que los gentiles también habían recibido la Palabra de Dios. Cuando Pedro subió a Jerusalén, los creyentes judíos disputaban con él en estos términos: “¿Por qué has entrado en casa de hombres incircuncisos, y has comido con ellos?” (v. 3).

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Pláticas sencillas

Pedro llama al pueblo al arrepentimiento

Lo que Pedro presentó luego en su discurso era de capital importancia para el pueblo. De su aceptación o rechazo dependía la bendición o la ruina. Israel escogió la ruina. El hombre no sabe hacer otra cosa si Dios le deja que asume su responsabilidad. La ruina de los judíos era la consecuencia de su rechazo a Cristo; pero Dios quería seguir actuando en gracia para con ellos.

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Pláticas sencillas

Pedro llega a casa de Cornelio

“Cuando Pedro entró, salió Cornelio a recibirle, y postrándose a sus pies, adoró. Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre” (v. 25-26). Cornelio consideraba superior a aquel que el Señor le enviaba y quería honrarlo dignamente.

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Pedro niega al Señor

Mientras la tropa se llevaba a Jesús, Pedro lo seguía de lejos, y llegó hasta el patio del sumo sacerdote; allí se sentó con los alguaciles, junto al fuego que habían encendido. Si Pedro no estaba en condiciones de seguir de cerca a su Maestro, al menos quería seguirlo de lejos.

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Pedro y Juan

Después de haber oído el llamado de Jesús,

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Pedro y Juan llegan a Samaria

“Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús” (v. 14-16).

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Pequeño resumen

Hay tres cosas que están íntimamente unidas: la obra de Cristo; la Palabra de Dios; y su salvación. “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo” (Hechos 16:31). “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”. Gracias a Dios, esta es nuestra herencia mediante la fe.

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Perfeccionados para siempre

Veamos Hebreos 10:14: “Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados”. Esto no quiere decir que se haya quitado por completo el mal del corazón del creyente, ni que éste nunca volverá a pecar. La obra de Cristo es tan maravillosa, y Él llevó tan plenamente sobre sí nuestras culpas, que Dios no volverá a suscitar la cuestión de nuestros pecados.

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Pláticas sencillas

“Permaneced en mi amor”

“Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor” (v. 9-10).

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Persecuciones venideras

Hasta el versículo 15, el Señor da a los discípulos las instrucciones necesarias para su servicio durante el tiempo que va a transcurrir antes de su muerte; después, las que revisten un valor más general y abarcan todo el período que transcurre entre su primera venida y su gloriosa venida como Hijo del Hombre (v. 23), y eso siempre en relación con Israel.

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Pesar trapos inmundos

Muchos creen que en el día del juicio sus buenas obras serán puestas en un platillo de la balanza sostenida por la Justicia, y sus pecados en el otro platillo, y que, en caso de que pesaran más las buenas obras, entrarán en el cielo.

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Pláticas sencillas

Pilato hace azotar a Jesús

Pilato, pese a reconocer plenamente la inocencia de Jesús, le hizo azotar. Entregado a la brutalidad de los soldados romanos, el Señor llegó a ser el objeto de sus burlas. Entretejieron una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza y lo vistieron, en son de mofa, con un manto de púrpura, insignia de la realeza. Jesús recibió el homenaje irónico de los soldados, acompañado de bofetadas.

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¿Por cuántos pecados?

Permítame dirigirle una pregunta: ¿Por cuántos de sus pecados fue entregado el Señor Jesucristo? Él fue entregado por nuestros pecados. ¿Por cuántos? Aún no habíamos nacido cuando Cristo murió en la cruz. La historia de nuestras vidas pertenecía al futuro. Pero Dios conocía todos nuestros pasos y él entregó a Cristo por nuestros pecados. ¿Por cuántos?

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Pláticas sencillas

Por qué Jesús hablaba por parábolas

Los discípulos preguntaron al Señor por qué hablaba a las multitudes por parábolas. Con su respuesta Jesús les mostró que desde ese momento hacía una diferencia entre la masa del pueblo y los que escuchaban su Palabra y la recibían (véase cap. 12:46-50). A los discípulos les explicaba las enseñanzas contenidas en las parábolas, enseñanzas que permanecían ocultas para los demás.

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Predicciones sobre Jerusalén

La vista del magnífico templo, al igual que en los dos primeros evangelios, dio lugar a las enseñanzas concernientes al fin. En el pensamiento de los judíos, e incluso de los discípulos, ese templo maravilloso, casa de Dios y centro de bendición para Israel según la carne, debía permanecer para siempre.

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Pláticas sencillas

Pregunta de los saduceos

Los saduceos, otra secta de los judíos, se presentaron a Jesús tratando de confundirlo con una pregunta concerniente a la resurrección, verdad en la que no creían. Le citaron un mandamiento de Moisés según el cual, si un hombre moría sin dejar hijos, su hermano debía casarse con la viuda, a fin de levantarle descendencia.

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Pláticas sencillas

Primer día siguiente o primer día, primera parte

Este “siguiente día” es el posterior a un día que no se nombra, en el cual Juan el Bautista anunciaba la venida del Cristo, como lo vimos en los versículos 19-28. A este hecho le sigue, naturalmente, este “siguiente día” en el que Jesús aparece en público. “El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (v. 29).

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Pláticas sencillas

Primer día siguiente o primer día, segunda parte

Con el versículo 35 comienza la segunda parte del primer “siguiente día”, en el que todavía tenemos otro testimonio de lo que era Jesús y de lo que haría aquí en la tierra. “El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos. Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios. Le oyeron hablar los dos discípulos, y siguieron a Jesús” (v. 35-37).

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Pláticas sencillas

Primera parte

Jesús comienza advirtiendo a sus discípulos contra los seductores que, en esos tiempos de angustia, se presentarán en su nombre, cada uno afirmando ser el Mesías, para apartarlos de la fidelidad a Cristo, mientras lo esperan. Cuando el Señor venga, nadie podrá confundirse, porque su venida será con gran poder y gloria (v. 26). En estos tiempos habrá guerras y “rumores de guerras” (v.

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