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La muerte del padre

–¡No iré a esa peregrinación! Quien se expresaba así con tanta determinación era el jefe de familia. Los suyos, ataviados con sus mejores vestimentas, se preparaban para ir con los otros miembros de su casa a una gran fiesta, en un templo, cerca del mar.

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La planta de tulasi

Al oeste del pueblo se encontraban los campos de algodón que habían pertenecido a su familia. Incluso algunos eran todavía propiedad de sus familiares. Trabajaría allí, y ganaría lo suficiente para mantener a su marido y a su hijo. Se puso manos a la obra sin detenerse ni por el viento, ni por el sol.

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La vasija que contenía el maná

El manicomio más cercano al pueblo de Mimosa se encontraba a 800 km. Si hubiesen sido 8.000 km, hubiera sido lo mismo, pues para que un enfermo fuera admitido, debían llenarse ciertas formalidades, las que Mimosa ignoraba. A lo mejor, ni siquiera sabía que existían manicomios; por lo tanto no podía hacer atender a su marido.

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La victoria de la nueva naturaleza

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Las cinco rupias

Todos esos sentimientos interiores nos fueron relatados por Mimosa misma cuando volvió a Dohnavur más tarde. Normalmente no hablaba de sus experiencias personales; las guardaba íntimamente, al abrigo de las vanas conversaciones.

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Mayil

Su segundo hijo, un niño precioso, nació dos años después de Kinglet. Lo llamó Mayil, que significa: «Pavito real». Esa gente tan amante de los colores vivos no piensa en la vanidad. Para ellos, el pavo real representa sencillamente la hermosura. Mimosa lo llamaba a veces: «Mi hijo dorado», pues la piel aterciopelada de esos pequeños indígenas es más bien dorada que morena.

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Mimosa

Estaba de pie al sol de mediodía cuando la vi por primera vez, radiante en su sari1) rojo y anaranjado, los brazos adornados con pulseras pulidas, como los usan las mujeres hindúes. Parecía un pájaro de los bosques, tan perfecta era la armonía de sus formas y colores; en sus ojos grandes y dulces se leía algo de lo que escondía su alma de niña.

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¿No quemó la planta de tulasi?

El pequeño Music, alegre y regordete, empezaba a correr por toda la casa, cuando una tarde al crepúsculo, mientras Mimosa preparaba la cena, se sobresaltó al oír gritar a su marido. Corrió hacia la galería. –¡Mira, mira! ¡se me clavó una espina en el tobillo del pie derecho!

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Nuevos sufrimientos

Estas cosas sucedieron mientras yo estaba fuera de la casa misionera, y Star no me puso al corriente de los sucesos. Ella no quería aumentar mis preocupaciones y el trabajo difícil que yo había emprendido esos días. De todos modos sabía que yo aprobaba sus decisiones, pues gozábamos de una hermosa comunión en nuestra querida casa de Dohnavur.

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Oprimida, pero no desesperada

Mimosa llegó a la casa de su marido tarde en la noche. Allí reinaba una espantosa confusión. Ya había llegado la noticia de su proyecto, lo que sacudió a su indolente marido como también a sus vecinos. La casa se llenó de gente, estaban encolerizados. Todos gritaban juntos, maldiciendo, protestando y acumulando denuncias sobre la cabeza de la pobre mujer.

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Parpom

Pasaron los años. Mimosa había crecido. Ya no era la niña a la que habíamos conocido. Había llegado el día de su casamiento y todo estaba listo para la ceremonia.

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Prefacio

Estas series de preguntas frecuentes se dirigen principalmente a creyentes que aún son jóvenes en la fe, los cuales, si bien se formulan muchas preguntas, a menudo no tienen acceso a una enseñanza bíblica concisa. Esta obra busca suplir, en alguna medida, estas necesidades, procurando presentar la mayor cantidad posible de verdades con un mínimo de palabras.

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Pruebas cotidianas

Así pasaron meses muy sombríos. Mimosa tomó la costumbre de encogerse de hombros y replicar; no se convirtió en un modelo de paciencia de la noche a la mañana; y los severos y frecuentes castigos no contribuyeron a endulzar su carácter.

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Semillas divinas

En aquella hora amarga, Mimosa encontró un nuevo socorro divino. En el pueblo había algunas familias cristianas. Ninguna, excepto una, se ocupaba de ella porque pertenecían a otra casta; y después de todo eran cristianas sólo de nombre. Es fácil criticar a esa gente y asombrarse por su falta de amor.

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Un vistazo al pasado

Durante los días siguientes pudimos disfrutar de largas conversaciones; eran como miradas a través de ventanas abiertas al pasado. No creo que en la India se mire con frecuencia de esa manera en la vida de alguna persona. Cierta timidez se desliza, como si se hablara detrás de un vidrio. Así que es poco lo que se puede ver de esas vidas.

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Usted no me engaña

Entonces, Mimosa se fue a los campos llevando a su primogénito. Si bien nunca había oído hablar de Agar (Génesis 21:14-19), en su dolor hizo como ella. Con un pedazo de tela de algodón hizo una hamaca improvisada, la cual colgó de una rama de acacia. Colocó a su bebé dentro y balanceó suavemente la hamaca hasta que la criatura se durmió. Luego se alejó sola y clamó al Señor.

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¿A qué conclusión llega el capítulo 7?

A una conclusión que presenta dos aspectos. En primer lugar, la persona ha aprendido mediante su experiencia que no puede hacer nada bueno por sí misma, que no hay nada bueno en la carne (Romanos 7:18).

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¿A qué se refiere la expresión “el día del Señor”?

La expresión “el día del Señor”a se usa en la Biblia para describir un

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¿A quién podemos creer?

Voy a presentar otro ejemplo para explicar mejor esta cuestión. –Una tarde, estando usted en su casa entra un individuo y le dice que el jefe de la estación ferroviaria cercana acaba de morir arrollado por el tren. Pero dicho sujeto es conocido como el más atrevido embustero en toda la vecindad. ¿Creería usted, o se esforzaría siquiera en dar crédito a tal persona?

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¿Afirma la Biblia que ella es la Palabra de Dios?

Por supuesto que sí. La frase “Así dice el Señor”, y otras similares, aparecen cerca de 700 veces solo en el Pentateuco. Además se encuentra •   400 veces en los libros históricos, •   cerca de 400 veces en los profetas. •   Solo en el libro del profeta Isaías ¡aparece unas 150 veces!

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Ahora que, por gracia, formo parte de la familia de Cristo, ¿puedo continuar pecando?

No. La gracia jamás es una excusa para pecar (véase la próxima respuesta).

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¿Anda el creyente siempre en el Espíritu?

Sería normal que lo hiciera, pero, lamentablemente, no siempre es lo que observamos en la práctica. Por lo general, el creyente es guiado por el Espíritu, no obstante, es posible que llegue a contristarlo (Efesios 4:30). Esto sucede cada vez que un hijo de Dios peca, consecuencia de no haber estado ocupado con Cristo ni haber vivido bajo la mirada de su Señor, en comunión con él.

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Bajo una dirección enteramente nueva

Hace unos meses vi el siguiente anuncio al frente de un gran edificio que parecía ser un hotel: «Esta casa se abrirá de nuevo al público en breve, bajo una dirección enteramente nueva». Supuse que dicho hotel había cambiado de dueño y que éste había puesto un nuevo director. El anuncio me hizo pensar en el pasaje que acabamos de citar (1 Corintios 6:19-20).

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¿Cargó el Señor Jesús mis pecados?

Esto depende. Si usted cree en él, si se ha presentado ante él con sus pecados, y si le ha aceptado como su Salvador personal, entonces la respuesta es «sí». Jesús llevó «nuestros» pecados, es decir, los pecados de los creyentes (1 Pedro 2:24). La Biblia no dice en ninguna parte que el Señor llevó el pecado de «todos», sino que llevó el pecado de “muchos” (Isaías 53:12).

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