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Un rey que no conocía a Dios

“Entretanto, se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no conocía a José; y dijo a su pueblo: He aquí, el pueblo de los hijos de Israel es mayor y más fuerte que nosotros. Ahora, pues, seamos sabios para con él, para que no se multiplique, y acontezca que viniendo guerra, él también se una a nuestros enemigos y pelee contra nosotros, y se vaya de la tierra” (v. 8-10).

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Un sacrificio más excelente

Todas estas consideraciones nos ayudan a comprender algo del significado y de la virtud de la declaración que hemos hecho: “Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín”. Caín no tuvo esta fe y, por lo tanto, no trajo sacrificio cruento. Abel tuvo fe y, por lo tanto, ofreció la sangre y la grosura que tipifican tanto la vida como la excelencia innata de la persona de Cristo.

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Un sacrificio quemado al fuego: olor grato para Dios

“Y lavará con agua los intestinos y las piernas, y el sacerdote hará arder todo sobre el altar; holocausto es, ofrenda encendida de olor grato para Jehová” (v. 9). El lavatorio que se ordena aquí hacía que el sacrificio, en figura, fuera tal como Cristo era esencialmente: puro interior y exteriormente.

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Un servicio sólo para el Señor

¿Podría decirse que Pablo no fue fiel en esta administración? Los que entre los corintios se oponían a él intentaban establecer su autoridad a expensas de la de Pablo. Entonces dice: “Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por tribunal humano” (v. 3).

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Un solo centro: El nombre de Jesús

Repetiremos la pregunta y rogamos fervorosamente al lector que la considere y responda en la presencia de Dios y a la luz de la Escritura: ¿Dónde podría hallar el apóstol esa disposición el próximo domingo en Londres, París, o en cualquiera otro sitio de la cristiandad?

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Un solo pan

“El pan que partimos” (v. 16) es la comunión del cuerpo de Cristo. Tenemos una participación en común con este Cuerpo y nos identificamos con él. Cuando el único pan es puesto sobre la mesa y lo partimos, manifestamos en común que, todos juntos, formamos parte de un solo Cuerpo; manifestamos la unidad.

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The Mackintosh Treasury

Un Sumo Sacerdote que se compadece de nuestras debilidades

Ahora bien, la epístola a los Hebreos nos presenta tres preciosas facetas del servicio sacerdotal del Señor. En primer lugar, leemos en el capítulo 4:

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Un único lugar, un solo centro

¡Qué privilegio indecible para cuantos amaban a Dios reunirse en el sitio donde el nombre de Dios era ensalzado! ¡Qué gracia querer reunir a su pueblo alrededor suyo en ocasiones! Este hecho no perjudicaba en nada los derechos y privilegios personales de los israelitas. Al contrario, abundaban aún más.

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Un yugo imposible de llevar

La lectura del capítulo 15 de los Hechos nos enseña como responde el Espíritu Santo a toda tentativa de poner a los creyentes bajo la ley como regla de vida. “Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés” (v. 5).

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Una caña semejante a una vara

Medidaa con carácter de autoridad y poder

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Una conciencia sensible

Dudamos que este deber sea comprendido como debiera. Tememos que haya una forma de obrar superficial, ligera e inconsiderada en cuanto al pecado y a la caída, que ha de contristar al Espíritu de Dios. Nos contentamos con una simple confesión de labios para afuera, sin tener el corazón lleno del profundo sentimiento de lo malo que es el pecado a los ojos de Dios.

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Una conducta sumisa y amable

“Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades”: Los “gobernantes y autoridades” son a menudo nombrados en las epístolas. En Efesios 1:21 vemos al Señor resucitado, sentado a la diestra de Dios “sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero”.

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Una de sus cabezas como herida de muerte

La cabeza imperial del imperio romano; la sexta cabezaa.

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Una descripción profética

Entonces habló Moisés a oídos de toda la congregación de Israel las palabras de este cántico hasta acabarlo” (cap. 31:30). Esta relevante sección del divino volumen reclama nuestra atención unida a la oración. Comprende todas las relaciones de Dios con Israel, desde el principio hasta el fin. Nos ofrece un solemne relato de su grave pecado, de la ira y juicio divinos.

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Una dificultad impide participar en la Pascua

No obstante, este capítulo nos presenta la Pascua desde el punto de vista del desierto; esto explica por qué se menciona en él la siguiente circunstancia: “Pero hubo algunos que estaban inmundos a causa de muerto, y no pudieron celebrar la pascua aquel día; y vinieron delante de Moisés y delante de Aarón aquel día” (v. 6).

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Una esposa para el Hijo

Para comprender en forma clara y completa el contenido de este capítulo, consideremos los puntos que siguen: el juramento, el testimonio y el resultado de la misión de Eliezer.

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Una estrella que cayó del cielo

Una estrella que cayó del cieloa.

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Una gran estrella, ardiendo como una antorcha

Potestad (a la que le habría correspondido actuar como luminaria) que abandona su posición de autoridad y sus relaciones con Dios y arde en lugar de alumbrar

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Una gran montaña ardiendo en fuego

Una gran montaña ardiendo en fuegoa (véase 6:14). Mar – véase 7:1.

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The Mackintosh Treasury

Una nueva creación

Esta gran verdad es enseñada en 2 Corintios 5:17, donde leemos: Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

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Una parte común entre Dios y los sacerdotes

El considerar juntamente todas estas diferencias notables que hay entre el holocausto y el sacrificio de paz permite distinguir las dos ofrendas con gran claridad. En la ofrenda de paz hay algo más que la perfecta sumisión de Cristo a la voluntad de Dios. El adorador es introducido, no solo para mirar, sino para comer. Esto da un carácter acentuado a esta ofrenda.

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Una salvación universal

El carácter de la gracia es absoluto. No se nos dice que traerá o que ha traído, sino que trae. Esto hace de la salvación, perfectamente cumplida, una cosa actual, inmutable, que no puede cambiarse ni revocarse. Pero, además, aparece a todos los hombres. Su alcance es universal y nadie queda excluido de ella.

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Una seria advertencia

Estimado lector, ¿comprende la aplicación que tiene a usted mismo? ¿Ha descubierto, a la luz de la presencia de Dios, que usted verdaderamente ha fracasado, que ha naufragado y que no tiene ninguna excusa que alegar? ¿Ha sido inducido a aplicarse personalmente las dos frases en las que nos hemos detenido: “no entraréis” y “cuando hayáis entrado”?

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Una tercera categoría de obreros

Al final de este pasaje hallamos una tercera categoría de obreros

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