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Cristo y las resurrecciones

Hay un hecho que explica, hasta cierto punto, la prisa con la que aun ciertos cristianos aceptan estas ideas confusas. La gran verdad de la resurrección de entre los muertos, si no es ignorada, por lo menos es echada en un lamentable olvido. Esta “primera resurrección” es contemporánea a la venida del Señor para arrebatar a sus santos con él (1 Corintios 15:51-55; 1 Tesalonicenses 4:15-18).

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Cuadros - División del Apocalipsis

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Cuarta revelación

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Despertar y edificación del templo

En los capítulos precedentes hemos visto la actividad del remanente de Judá. Este se componía, en su mayoría, de gente que había podido probar su genealogía.

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División de la carta

Los dos primeros capítulos nos hablan de la cruz de Cristo como base de toda nuestra posición cristiana. Los capítulos 3 al 9 tratan del orden que conviene a la casa de Dios; los capítulos 11 al 14, del que conviene al cuerpo de Cristo. Entre estas series de capítulos está situado el 10, como una clase de paréntesis introducido entre la casa de Dios y el cuerpo de Cristo.

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Dos maneras de morir

“Si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis” (Juan 8:24). “Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor” (Apocalipsis 14:13). Cualesquiera que sean las causas de fallecimiento contadas por las estadísticas, sea que se muera en la cama, en el hospital o en la carretera… conforme a las Escrituras sólo hay dos maneras de morir.

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Dos naturalezas en pelea

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El altar y los fundamentos del templo

A los dos caracteres del remanente mencionados más arriba, se les añaden, en nuestro capítulo, muchos otros.

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El amor de Dios hacia su pueblo

“La palabra de Jehová a Israel, por medio de Malaquías” (v. 1, RVA 1989). Aunque Malaquías profetizaba en medio de los débiles restos de Judá y Benjamín, vueltos del cautiverio, abarca en su pensamiento a Israel, es decir, al conjunto del pueblo. En eso difiere de Zacarías, quien considera tan solo a Judá y Jerusalén.

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El camino de la salvación

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El conocimiento de la salvación

Abra ahora la Biblia y lea usted el versículo que muestra cómo el creyente puede saber que tiene la vida eterna: “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna” (1 Juan 5:13).

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El derramamiento del Espíritu

Encontramos aquí una nueva división del tema. Está señalada en las Biblias hebraicas, las que empiezan el capítulo 3 en el versículo 28 del capítulo 2.

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El Día de Jehová o la invasión del Asirio

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El día de Jehová or el juicio de las naciones

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El gozo de la salvación

Hallará en las Escrituras que, si usted es salvo por la obra de Cristo y está seguro de ello por la Palabra de Dios, va a conservar el gozo de la salvación por el Espíritu Santo que mora en cada creyente.

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El libro de la ley y la fiesta de los tabernáculos

Los capítulos 8 al 10 hablan del estado religioso del pueblo y forman una especie de paréntesis, ya que el capítulo 11 se vincula directamente al capítulo 7.

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El Sol de justicia

En el capítulo 3 vimos el contraste entre el terrible día del juicio y el día en que Jehová hará (v. 2 y 17).

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Epílogo

Este epílogo, como también las palabras “al que nos ama” (de la introducción: 1:1-18), no pertenecen al tema profético del libro. Se trata aquí de la actual venida del Señor como estrella de la mañana. No son las siete iglesias (cap. 2 y 3), sino la Iglesia, la Esposa, la que vela por el Espíritu, contemplando al Señor en su carácter celestial, diciéndole: ¡Ven!

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Esdras

Entramos aquí en un nuevo período de nuestra historia. Han transcurrido cuarenta y siete años desde la dedicación del templo, sesenta y ocho aproximadamente desde el edicto de Ciro.

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Expulsión de las mujeres extranjeras

Hemos visto, en el capítulo precedente, que Dios había respondido a la humillación de uno solo, Esdras, quien agrupó en torno a sí, según un mismo espíritu de contrición, a aquellos compañeros que temblaban ante las palabras del Dios de Israel.

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Fin del trabajo y dedicación del templo

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Hechos divinos, no sentimientos

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Humillación, separación, confesión

La última celebración en la serie de las fiestas judías era la de los tabernáculos (Levítico 23). Ahora bien, el capítulo que se abre ante nosotros no tiene nada que ver con las ordenanzas levíticas. Solo el día veinticuatro –es decir, después del gran día de la fiesta de los tabernáculos que terminaba el día veintitrés– los hijos de Israel se reunieron en la aflicción y la humillación (v. 1).

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Introducción

El libro de Nehemías, hijo de Hacalías, no es la continuación inmediata del libro de Esdras. Comienza en el vigésimo año de Artajerjes (Mano Larga), es decir, trece años después de la llegada de Esdras a Jerusalén (comp. Esdras 7:7), que tuvo como resultado los acontecimientos relatados en los capítulos 7 a 10 de su libro.

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