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Doce temas importantes

de las Sagradas Escrituras

La noción de un Dios supremo, Creador de todas las cosas, es admitida de buen grado aun entre los pueblos no cristianos. Si este Dios supremo no se hubiera ocupado de su criatura después de haberla formado, habría permanecido en esferas alejadas sin ninguna relación con el hombre formado a su imagen y semejanza. Pero Dios se reveló.

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El pecado después de la conversión

El asunto que vamos a considerar es el que más inquieta a los creyentes al principio de su carrera. Se trata de la pérdida de la comunión con Dios, originada después de la conversión, a causa del pecado.

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La eterna seguridad del creyente

Es conocida la historia de los dos hombres que disputaban acerca de una moneda. Mientras el uno sostenía que era de oro, el otro afirmaba que era de plata. Comenzaban ya a lanzarse miradas siniestras y a usar un lenguaje descortés, cuando apareció un tercero y les preguntó por el motivo de la disputa. «Esta moneda es de oro, y este hombre sostiene que es de plata», dijo el uno; el otro, muy airado, contestó: «Esta moneda es de plata, y este hombre insiste en afirmar que es de oro». Entonces el tercero dijo: «Los dos tienen razón, solo que el uno mira una cara y el otro la otra; la moneda es de oro por un lado y de plata por el otro». Vamos, pues, a examinar nosotros la cuestión de la salvación por los dos lados, y al final llamaré la atención de ustedes acerca de algunos textos de la Escritura que tratan de este asunto y que muy a menudo son mal interpretados por los creyentes.

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La ley del leproso

La lepra siempre se consideró como la más repugnante de las enfermedades, la más terrible. No solamente porque el fin de ella es la muerte, sino porque cada parte del cuerpo afectado por ese mal muere realmente mientras el enfermo continúa viviendo. Es pues la lepra, más que cualquier otra enfermedad, una imagen de la muerte y su poder consumiendo la vida. Su comienzo se asemeja al del pecado: es pequeño, insidioso y no se nota ningún síntoma alarmante.

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La paz con Dios

El tema que trataremos ahora es: La paz con Dios: qué es y quién la tiene. Este asunto tiene, como lo reconocerá usted, una gran importancia, y así debemos hacerlo constar en primer término. ¡No tener paz con Dios no es una cuestión de tiempo o de circunstancias; se trata, nada menos, que de la eternidad! Sí, de la eternidad, de una cuestión de salvación o de condenación; una cuestión, en fin, que supera infinitamente a todas las demás por su importancia.

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Orientación cristiana

La segunda venida de nuestro Señor Jesucristo (1)

Hubo un tiempo en que fue universalmente sostenida por los cristianos la idea de que había de realizarse una última resurrección general compareciendo en seguida todos ante Dios; y que Dios había de examinar nuestras vidas y decidir entonces si estamos entre las ovejas o entre los cabritos. Deseo mostrarles por las Escrituras que la idea de una «resurrección general» carece de fundamento.

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Orientación cristiana

La segunda venida de nuestro Señor Jesucristo (2)

Ahora, al entrar en estos asuntos, es importantísimo distinguir entre la esperanza de los judíos y la de los cristianos. Dios había hecho de los judíos una nación especialmente favorecida. Los conservó separados, les dio la ley, los probó; y al probarlos probó la raza humana entera, hallándola completamente incapaz de servirle y agradarle.

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Orientación cristiana

La segunda venida de nuestro Señor Jesucristo (3)

La venida del Señor debe tener un gran efecto en nosotros. Está escrito que es menester esperar velando la vuelta del Señor, como los que esperan a sus señores. El Señor Jesucristo da un gran valor a nuestro acto de esperar vigilantes Su venida, y se entristece cuando ve que no nos hallamos esperando y velando.

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Orientación cristiana

La segunda venida de nuestro Señor Jesucristo (4)

Y ¿qué hay con respecto al tribunal de Cristo? Dice la Palabra que los creyentes han de comparecer (probablemente luego después de la venida de1 Señor para llevar consigo a su pueblo) ante el tribunal de Cristo (2 Corintios 5:10). ¿Para qué? ¿Para ser juzgados? No. Para ser premiados. Leyendo cuidadosamente, verán que es así.

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Conocer al hombre

¿Basta con mirarse al espejo para conocerse? ¿Basta con frecuentar a una persona para saber cómo es? Ni las cualidades naturales ni los defectos se disciernen fácilmente, cuánto menos el alma humana en sus profundos recovecos, que solo ciertas circunstancias pueden sacar a la luz.

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Después de la conversión empieza la batalla

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Dios

La revelación que Dios da de sí mismo es progresiva y corresponde a la naturaleza de las relaciones establecidas con su criatura.

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El calvario y el fuego

En cierta ocasión, una partida de cazadores atravesaba una de las inmensas llanuras de América. Se hallaban a cierta altura cuando, de pronto, los expertos ojos del guía advirtieron un peligro muy común en aquellos paí­ses. A lo lejos resplandecía una gran llamarada.

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El conocimiento de la obra de Dios y la realidad de nuestra vida

El asunto que vamos a considerar es el que más inquieta a los creyentes al principio de su carrera. Se trata de la pérdida de la comunión con Dios, originada después de la conversión, a causa del pecado.

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El leproso y su llaga

La Escritura, especialmente el Antiguo Testamento, abunda en figuras maravillosas de nuestro Señor Jesucristo y de las cosas que le conciernen. En el Nuevo Testamento estas figuras son llamadas sombras, como lo leemos en las epístolas a los Colosenses 2:17 y a los Hebreos 8:5; 10:1.

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El mundo

La expresión «el mundo» tiene varios sentidos, por lo cual es necesario considerarla en su contexto para no malinterpretar lo que Dios quiere decir a este respecto.

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El Obrero de la paz

Pero ¿cómo puede Dios hacerlo? El Señor Jesucristo se encargó de esta obra. Dicen algunas personas que las buenas obras nos hacen dignos del favor de Dios. Pero la vida de Jesús no borró ni un solo pecado. Fue una vida perfecta, divina, amable y cariñosa hasta lo infinito. Cada paso que el Señor Jesús dio en la tierra fue consagrado a la gloria de Dios.

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El octavo día

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El pueblo de Israel

Aunque el pensamiento de Dios fue revelarse a toda criatura, escogió un pueblo para que recibiera esta revelación. Y lo escogió según Su propia soberanía, no debido a una calificación particular. Su historia demuestra claramente que el privilegio de ser depositario de los oráculos de Dios no requiere, de entrada, un carácter de nobleza moral.

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Introducción - Qué es la paz y quién la tiene

“Y no solamente con respecto a él (Abraham) se escribió que le fue contada, sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación”.

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Jesucristo

Por una parte está el Dios santo, y por la otra el hombre pecador… ¿cómo conciliar estas dos cosas? Preguntas semejantes a esta hallamos en el libro de Job, cuya historia nos lleva a tiempos muy antiguos: ¿Cómo se justificará el hombre con Dios? (Job 9:2).

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La entera satisfacción de Dios: ¡un Sustituto!

Un marinero asistió a una reunión en la cual se predicaba el Evangelio. Lo que escuchó le interesó vivamente y, cuando la reunión terminó, fue a hablar con el predicador. Pero aunque se le presentaba el Evangelio de una manera sencilla, siempre respondía con estas palabras: «No me doy por satisfecho». Entonces el predicador le contestó:

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La eterna seguridad del creyente

Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. (Juan 10:27-28)

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La Iglesia

La Iglesia o Asamblea se menciona por primera vez en el evangelio de Mateo, donde el Señor Jesús declara: “Sobre esta roca edificaré mi iglesia” (Mateo 16:18).

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