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La picadura de la abeja

¿Sabías que la abeja, después de picar, muere porque su aguijón queda prendido donde ha picado?

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La recompensa por un vaso de agua

La pequeña Alicia había aprendido de memoria el versículo que dice: “Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente…, de cierto os digo que no perderá su recompensa”.

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La tormenta de nieve

Por una estrecha carretera, un ómnibus transportaba a un grupo de escolares, quienes iban de vuelta a sus casas. La tormenta de nieve era cada vez más fuerte; tan fuerte llegó a ser que en cierto momento, la vía quedó completamente tapada. El ómnibus se salió del camino y sus ruedas quedaron hundidas en la nieve y el barro.

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Max, el gallina

–¡Gallina! ¡Max, el gallina! ¡Max, eres un gallina! –resonaba graciosamente desde el bosque.

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Mirar el lado bueno

Dos niñas jugaban con una pelota de plástico. Pero el viento no las dejaba divertirse a gusto porque les desviaba el balón. Entonces Nelly, enojada, dijo: –Si Dios no enviara el viento podríamos jugar tranquilas. –No, Nelly– le hizo ver su hermana Susy. Dios envía el viento para que seque la ropa que mamá lavó y que tanto necesitamos.

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Nido de cigüeñas

–Mamá ¿por qué no tenemos gansos comos los demás? Al hacer esta pregunta, Lorenzo –un pequeño de apenas diez años–no se dio cuenta de que una sombra pasaba por la pálida cara de la mujer que daba rápidas vueltas a la rueca para no estar ociosa ni siquiera en la penumbra. –Antes teníamos muchos gansos –dijo ella en voz baja, como para sí misma.

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No soy mío

Un día, la pequeña Susy dijo a su padre: –Quisiera dar algún dinero para el servicio de Dios, pero no tengo nada. –Dios no espera que le des lo que no tienes –contestó su padre. Pero hay otras cosas que puedes hacer, mira…

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No temas

Una señora estaba en el hospital. Tenía una enfermedad grave y debía ser operada. Para darse valor se puso a buscar en la Biblia todos los textos que dicen “no temas”. En ese momento pasó el médico quien al día siguiente debía realizar la operación. Se paró junto a la cama de la paciente y preguntó: –¿Qué está leyendo usted, señora?

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Nunca hay que mentir

Hace muchos, muchos años Fritz Oberlin, un siervo del Señor, era conocido como excelente maestro. Cierta vez llevó a vivir en su casa a una niña, quien había perdido a sus padres por ser enemigos del gobierno.

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Perdidos en la nieve

Había caído mucha nieve. Dos niños y su maestra subieron, pues, a lo alto de la montaña para patinar en un pequeño trineo. Mientras hacían el último descenso, se iba haciendo de noche. De repente el trineo se les escapó de las manos y siguió bajando solo hasta chocar contra un árbol. Tenían que ir a buscarlo, en tanto que la oscuridad avanzaba.

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Prisionero

Un magnífico saucedal se extendía a lo largo del río. En primavera y verano zumbaban en él las abejas y los abejorros. También a los niños que vivían en la ciudad les gustaba jugar allí. Cortaban varas y hacían silbatos y flautas. A nadie le molestaba el griterío de indios y vaqueros, y entre las matas había algunos lindos lugares para pescar.

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¿Qué camino?

Una niña fue por primera vez a la escuela dominical. Volvió a su casa muy entusiasmada por lo que allí había oído. Cuando la familia estuvo sentada a la mesa, ella preguntó a su padre: –¿Papá, amas tú al Salvador? El padre no quería saber nada de Dios ni de su Palabra; por lo que contestó de malhumor: –Seguramente tu madre o tu tía te enseñaron eso.

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¿Quién lavará mi corazón?

Para enseñar a su hija que el pecado es una cosa sucia, una madre tenía la costumbre de hacerle lavar la boca cada vez que esta mentía. Al mismo tiempo le explicaba que esas cosas malas que salían de su boca venían de su corazón malo, el cual necesitaba ser limpiado.

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Quisiera ir allá

Cierta noche, el pequeño Alfredo volvía a su casa tiritando de frío. Al llegar, su madre le preguntó: –¿Encontraste algún trabajo hoy? –No, nada. –Entonces ¿no has comido desde esta mañana? Alfredo no contestó. Después de un rato preguntó: –Mamá, ¿quién es Dios? –Hijo mío, ¡qué pregunta me haces! Será mejor que vayas a acostarte.

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Seguridad

El tren llegó a una pequeña estación. Allí, un niño de unos seis años de edad subió al vagón donde yo estaba. El tren siguió su marcha. El chico, muy alegre, sentado junto a la ventanilla, contemplaba la hermosura del paisaje. Me extrañaba ver que el niño estaba solo y que nadie lo había acompañado ni despedido en la estación. Por eso le pregunté:

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Si es un niño…

Francisco de Asís era un hombre famoso. Cierto día, por estar muy ocupado con un trabajo importante, le dijo a uno de sus amigos que nadie debía molestarlo. Incluso, si algún sabio deseaba verle, debía volver otro día. Después de haber dado esas órdenes, Francisco se quedó pensando y agregó: –Pero… si es un niño, llámame.

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Un monte echado en el mar

En un día muy frío, el propietario de una granja y el arrendatario volvían a sus casas caminando a orillas del mar. Conversaban tan animadamente que ni prestaban atención al fuerte viento que levantaba olas enormes. Hablaban de la Biblia. –No, señor –decía el campesino–; usted dirá lo que quiera, pero yo no creo todo lo que dice la Biblia. En ella hay cosas que no pueden ser verdad.

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Una mosca

Cierta vez, un siervo del Señor predicaba en una ciudad de Irlanda. Allí vivía un hombre que no quería saber nada de la Palabra de Dios. Sin embargo, le gustaban los himnos y cánticos. Por eso se presentó en el lugar donde hablaba aquel siervo. Para no oírle se tapaba los oídos con las dos manos y solo se los destapaba cuando entonaban algún cántico.

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Yo lo hice

Iba a empezar la clase de lectura para los chicos de tercer grado, cuando la maestra notó cierta agitación en las últimas filas. –¿Qué pasa, Pedro? –preguntó ella–. El niño se levantó muy nervioso y respondió: –Alguien tomó mi lápiz nuevo.

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A los adultos

Esta es una recopilación y adaptación de narraciones para niños. Tiene el propósito de ayudarles a conocer algo de Dios, el Padre y el Hijo. No tiene la pretensión de ser un manual de instrucción religiosa ni un compendio de moral cristiana.

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A los niños

¡Un barco está en peligro! A la derecha e izquierda del canal de navegación hay bancos de arena escondidos bajo el agua a poca profundidad. Cuando una nave choca con esos bancos y queda como clavada en ellos, corre el peligro de ser destrozada por las olas que levanta la tempestad.

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Abraham y su casa

El segundo pasaje que quiero citar se refiere a la vida de Abraham.

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Algunas consideraciones finales

A menudo uno quisiera tener una regla general para cada uno de los diversos detalles de la administración doméstica. Alguien puede preguntar, por ejemplo, qué tipo de castigos, qué tipo de recompensas y qué tipo de entretenimientos debería adoptar un padre cristiano.

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Ejemplos tomados del Nuevo Testamento

Ahora bien, dejando el Antiguo Testamento, veamos si no hallamos, en las sagradas páginas del Nuevo, amplias y numerosas pruebas en apoyo de nuestra tesis. En esta parte del Libro de Dios, ¿acaso el Espíritu Santo separa la familia de un hombre de los privilegios y responsabilidades que el Antiguo Testamento le confieren? Veremos muy claramente que él no hace nada de eso.

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