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Un único lugar, un solo centro

¡Qué privilegio indecible para cuantos amaban a Dios reunirse en el sitio donde el nombre de Dios era ensalzado! ¡Qué gracia querer reunir a su pueblo alrededor suyo en ocasiones! Este hecho no perjudicaba en nada los derechos y privilegios personales de los israelitas. Al contrario, abundaban aún más.

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Un yugo imposible de llevar

La lectura del capítulo 15 de los Hechos nos enseña como responde el Espíritu Santo a toda tentativa de poner a los creyentes bajo la ley como regla de vida. “Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés” (v. 5).

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Una conciencia sensible

Dudamos que este deber sea comprendido como debiera. Tememos que haya una forma de obrar superficial, ligera e inconsiderada en cuanto al pecado y a la caída, que ha de contristar al Espíritu de Dios. Nos contentamos con una simple confesión de labios para afuera, sin tener el corazón lleno del profundo sentimiento de lo malo que es el pecado a los ojos de Dios.

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Una descripción profética

Entonces habló Moisés a oídos de toda la congregación de Israel las palabras de este cántico hasta acabarlo” (cap. 31:30). Esta relevante sección del divino volumen reclama nuestra atención unida a la oración. Comprende todas las relaciones de Dios con Israel, desde el principio hasta el fin. Nos ofrece un solemne relato de su grave pecado, de la ira y juicio divinos.

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Una dificultad impide participar en la Pascua

No obstante, este capítulo nos presenta la Pascua desde el punto de vista del desierto; esto explica por qué se menciona en él la siguiente circunstancia: “Pero hubo algunos que estaban inmundos a causa de muerto, y no pudieron celebrar la pascua aquel día; y vinieron delante de Moisés y delante de Aarón aquel día” (v. 6).

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Una esposa para el Hijo

Para comprender en forma clara y completa el contenido de este capítulo, consideremos los puntos que siguen: el juramento, el testimonio y el resultado de la misión de Eliezer.

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Una nueva creación

Esta gran verdad es enseñada en 2 Corintios 5:17, donde leemos: Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

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Una parte común entre Dios y los sacerdotes

El considerar juntamente todas estas diferencias notables que hay entre el holocausto y el sacrificio de paz permite distinguir las dos ofrendas con gran claridad. En la ofrenda de paz hay algo más que la perfecta sumisión de Cristo a la voluntad de Dios. El adorador es introducido, no solo para mirar, sino para comer. Esto da un carácter acentuado a esta ofrenda.

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Una seria advertencia

Estimado lector, ¿comprende la aplicación que tiene a usted mismo? ¿Ha descubierto, a la luz de la presencia de Dios, que usted verdaderamente ha fracasado, que ha naufragado y que no tiene ninguna excusa que alegar? ¿Ha sido inducido a aplicarse personalmente las dos frases en las que nos hemos detenido: “no entraréis” y “cuando hayáis entrado”?

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Una vida con Dios

Aun cuando veamos a Abraham caído en faltas de detalle, notamos en él algo que, de manera general, le distingue: una vida con Dios, elevada, verdadera, íntima, por lo que, en la parte de su historia que meditamos, disfruta de tres privilegios particulares, a saber: de ofrecer a Dios algo que le es agradable; de estar en plena comunión con Dios y de interceder por otros delante de Dios.

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Unanimidad

¿Qué, pues, dice la Escritura en cuanto a las condiciones morales necesarias de la oración en común, dado que este es el tema que nos ocupa aquí? Abramos la Biblia en Mateo 18:19: “Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos”.

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Unidad del cuerpo de Cristo y falsa doctrina

Y si todo esto era indiscutible para Israel, ¡cuánto más lo es para la Iglesia de Dios! Podemos estar seguros de que nada es tan aborrecible a Dios como la indiferencia a todo lo relacionado con Cristo. El eterno propósito y consejo de Dios es glorificar a su Hijo.

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Variedad de servicios bajo las órdenes de Cristo

Siempre se debe tener en cuenta que su tarea variaba, y que, además, cada uno debía trabajar bajo las órdenes de Aarón. Había una responsabilidad individual en la más armoniosa acción colectiva.

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Verás delante de ti la tierra, mas no entrarás allá

También es notable ver cómo este capítulo termina recordando los actos administrativos de Dios para con su fiel siervo Moisés.

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“Veré la sangre…”

El israelita no descansaba en sus propios pensamientos, ni en sus sentimientos, ni tampoco en sus experiencias relativas a la sangre. Esto habría sido descansar sobre un miserable fundamento de arena. Sus pensamientos y sus sentimientos podían ser profundos o superficiales; pero fuesen profundos o superficiales, nada tenían que ver con el fundamento de su paz.

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“Viva”

Tenemos primero el vocablo “viva”. “Allegándoos a él, como a piedra viva, rechazada en verdad de los hombres, mas para con Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sois edificados” (1 Pedro 2:4-5, V. M.).

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Volveos e id…

“Jehová nuestro Dios nos habló en Horeb, diciendo: Habéis estado bastante tiempo en este monte. Volveos e id al monte del amorreo y a todas sus comarcas, en el Arabá, en el monte, en los valles, en el Neguev, y junto a la costa del mar, a la tierra del cananeo, y al Líbano, hasta el gran río, el río Eufrates” (v. 6-7).

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Vosotros habéis visto todo lo que Jehová ha hecho

Volvamos ahora nuestra atención sobre la aplicación práctica de estas verdades a la conciencia de cada miembro de la congregación.

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“Y Aarón calló”

Hay algo extraordinario en el modo en que Aarón recibió el rudo golpe de la justicia de Dios: “Y Aarón calló” (v. 3). Era una escena solemne.

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Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí

¿En qué situación estamos ahora como cristianos? Oigamos la respuesta: “Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios.

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“Yo soy el que soy”

“Y respondió Dios a Moisés: Yo soy el que soy. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: Yo soy me envió a vosotros” (v. 14). El título que Dios toma aquí es maravillosamente significativo. Escudriñando en las Escrituras los diversos nombres con que Dios se revela, vemos que cada uno de ellos está en relación íntima con las distintas necesidades de aquellos con quienes Dios se pone en relación.

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“Yo soy tu escudo y tu galardón”

Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande” (v. 1). Dios no permitió que su siervo sufriera pérdida alguna por haber rechazado las ofertas del mundo.

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Yo y mi casa

Después de recordar al pueblo los diez mandamientos, Moisés le enseñó otros estatutos de parte de Dios: “Estos, pues, son los mandamientos, estatutos y decretos que Jehová vuestro Dios mandó que os enseñase, para que los pongáis por obra en la tierra a la cual pasáis vosotros para tomarla; para que temas a Jehová tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te mando, tú, tu

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Zabulón e Isacar

“A Zabulón dijo: Alégrate, Zabulón, cuando salieres; y tú, Isacar, en tus tiendas. Llamarán a los pueblos a su monte; allí sacrificarán sacrificios de justicia, por lo cual chuparán la abundancia de los mares, y los tesoros escondidos de la arena” (v. 18-19).

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