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The Mackintosh Treasury

Un hombre en Cristo

A todos aquellos cuyos ojos fueron abiertos para ver su verdadera condición natural, que fueron convencidos de pecado por el poder del Espíritu Santo, y que no conocen el verdadero significado de un corazón quebrantado y de un espíritu contrito, les resultará profundamente interesante conocer el divino secreto del reposo y la paz.

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Un hombre mundano y un hombre de fe

Al abrir cada nueva porción de este libro del Génesis, se renueva en nosotros la idea de que estos capítulos son la sementera de todas las doctrinas bíblicas, y que ellos encierran a la vez los fundamentos de toda la historia de la humanidad.

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Pláticas sencillas

Un hombre muy rico

No solo las pretensiones humanas o los pecados groseros pueden impedir al hombre alcanzar la salvación, y seguir al Señor. El siguiente relato nos muestra que los bienes terrenales que poseía un hombre intachable, constituyeron un gran obstáculo para su salvación.

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Pláticas sencillas

Un hombre necio

Un hombre vino a rogarle a Jesús que interviniera entre él y su hermano para repartir una herencia. Jesús le respondió: “Hombre, ¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor?” (v. 14). El Señor no estaba en el mundo para favorecer a los hombres en sus intereses materiales. Había venido a abrir el camino hacia el cielo a los pecadores esparcidos en un mundo arruinado y perdido.

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Un horrible pecado: chismear

Los versículos 16 y 17 exigen una atención especial. “No andarás chismeando entre tu pueblo” (v. 16). Es una recomendación que conviene a los hijos de Dios de todos los tiempos. Un chismoso o calumniador hace un mal incalculable. Se ha dicho con razón que hace daño a tres personas: a sí mismo, a quien le escucha, y a aquel de quien habla.

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Un mandamiento de amor

Cada siete años harás remisión. Y esta es la manera de la remisión: perdonará a su deudor todo aquel que hizo empréstito de su mano, con el cual obligó a su prójimo; no lo demandará más a su prójimo, o a su hermano, porque es pregonada la remisión de Jehová.

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Pláticas sencillas

Un nuevo mandamiento

Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros (v. 34-35).

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Un plan humano para apaciguar a Esaú

Aun cuando Jacob había pedido que Dios le librara de su hermano Esaú, es evidente que no tenía confianza en Su intervención, pues procura apaciguar a Esaú mediante un regalo. Su confianza descansa en este regalo y no en Dios solo. Engañoso es el corazón más que todas las cosas (Jeremías 17:9).

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Un poder dudoso

Un hecho característico de los días del fin, de estos malos días que nos han llegado, es que se habla mucho de poder y poco de obediencia a la Palabra de Dios.

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Un privilegio inestimable

Jehová había fijado su morada en medio de su pueblo rescatado y en ningún otro sitio. La redención era la base esencial de la morada de Dios en medio de los hombres. Fuera de la redención, la presencia divina no podía sino acarrear la destrucción del hombre; pero, conocida la redención, esta presencia proporciona al rescatado el más alto privilegio y la más resplandeciente gloria.

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Un pueblo restaurado, de vuelta y bendito

Este capítulo es de profundo interés e importancia. Es profético y nos presenta algunas de “las cosas secretas” a que hace referencia la última parte del capítulo anterior.

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Un puesto y un servicio especial

Los levitas estaban especialmente designados, de entre las demás tribus, para ocupar un puesto y cumplir un servicio muy particulares.

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Un reposo venidero

No se crea que hemos perdido de vista el muy importante hecho de que el sábado tendrá que ser celebrado otra vez en la tierra de Israel y en todo el mundo. Seguramente que sí. Queda un reposo para el pueblo de Dios (Hebreos 4:9).

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Un resultado feliz para otros

Este resultado feliz para Isaac mismo produjo un efecto saludable en otros: “Y Abimelec vino a él desde Gerar, y Ahuzat, amigo suyo, y Ficol, capitán de su ejército. Y les dijo Isaac: ¿Por qué venís a mí, pues que me habéis aborrecido, y me echasteis de entre vosotros?

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Un rey que no conocía a Dios

“Entretanto, se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no conocía a José; y dijo a su pueblo: He aquí, el pueblo de los hijos de Israel es mayor y más fuerte que nosotros. Ahora, pues, seamos sabios para con él, para que no se multiplique, y acontezca que viniendo guerra, él también se una a nuestros enemigos y pelee contra nosotros, y se vaya de la tierra” (v. 8-10).

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Pláticas sencillas

Un sabio consejo

No contentos con ser responsables de la sangre inocente, estos jefes todavía querían añadir a su culpabilidad la muerte de los apóstoles: “Ellos, oyendo esto, se enfurecían y querían matarlos” (v. 33). Si hubiesen temido pensando en sus pecados, hubieran encontrado el perdón en Aquel a quien habían crucificado; pero, endurecidos por su orgullo, iban a cargar su conciencia con otros crímenes.

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Un sacrificio más excelente

Todas estas consideraciones nos ayudan a comprender algo del significado y de la virtud de la declaración que hemos hecho: “Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín”. Caín no tuvo esta fe y, por lo tanto, no trajo sacrificio cruento. Abel tuvo fe y, por lo tanto, ofreció la sangre y la grosura que tipifican tanto la vida como la excelencia innata de la persona de Cristo.

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Un sacrificio quemado al fuego: olor grato para Dios

“Y lavará con agua los intestinos y las piernas, y el sacerdote hará arder todo sobre el altar; holocausto es, ofrenda encendida de olor grato para Jehová” (v. 9). El lavatorio que se ordena aquí hacía que el sacrificio, en figura, fuera tal como Cristo era esencialmente: puro interior y exteriormente.

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Un solo centro: El nombre de Jesús

Repetiremos la pregunta y rogamos fervorosamente al lector que la considere y responda en la presencia de Dios y a la luz de la Escritura: ¿Dónde podría hallar el apóstol esa disposición el próximo domingo en Londres, París, o en cualquiera otro sitio de la cristiandad?

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The Mackintosh Treasury

Un Sumo Sacerdote que se compadece de nuestras debilidades

Ahora bien, la epístola a los Hebreos nos presenta tres preciosas facetas del servicio sacerdotal del Señor. En primer lugar, leemos en el capítulo 4:

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Un único lugar, un solo centro

¡Qué privilegio indecible para cuantos amaban a Dios reunirse en el sitio donde el nombre de Dios era ensalzado! ¡Qué gracia querer reunir a su pueblo alrededor suyo en ocasiones! Este hecho no perjudicaba en nada los derechos y privilegios personales de los israelitas. Al contrario, abundaban aún más.

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Un yugo imposible de llevar

La lectura del capítulo 15 de los Hechos nos enseña como responde el Espíritu Santo a toda tentativa de poner a los creyentes bajo la ley como regla de vida. “Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés” (v. 5).

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Pláticas sencillas

Una advertencia a los discípulos

Para ir al monte de los Olivos era necesario salir de la ciudad, descender hasta el torrente de Cedrón y subir la colina enfrente de Jerusalén. En vez de dejarse agobiar por el peso de todo lo que le esperaba, Jesús aprovechó el tiempo de la marcha hacia Getsemaní para advertir a los discípulos lo que sucedería. La profecía de Zacarías iba a cumplirse:

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Pláticas sencillas

Una apariencia de piedad

Tras demostrar el estado ruin de los jefes del pueblo, Jesús sintió la necesidad de advertir a las multitudes, y a los discípulos, para que distinguieran entre la manera de actuar de estos jefes religiosos y la Escritura que ellos enseñaban. Su respeto exterior por la Palabra divina incitaba a que se considerara su conducta; esto debería hacerse siempre.

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