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El Nombre que congrega

“El que conmigo no recoge, desparrama” (Mateo 12:30).

Jesús: “No hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12). Tampoco hay otra persona que sea el centro de la reunión de los redimidos (Mateo 18:20). El deseo del Señor también es congregar a sus redimidos alrededor Suyo, para ser su Centro. Pero uno debe tener mucho cuidado para no aplicar estricta y teóricamente las verdades concernientes a la congregación, mientras individualmente deshonra al Señor, lo cual desacredita Su Nombre y Su testimonio, además de ser piedra de tropiezo para los que quieren acercarse.

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La Iglesia

Las páginas que siguen tienen por objeto recordar las enseñanzas de las Sagradas Escrituras acerca del importante asunto de la Iglesia o Asamblea del Dios viviente (1 Timoteo 3:15). El estado actual del mundo cristianizado no es precisamente el mismo que el del tiempo en que el Señor ponía de nuevo en luz, por medio de servidores calificados, muchas verdades olvidadas. Estas verdades han sido difundidas quizá mucho más de lo que ellos pudieron sospechar. Pero el enemigo las ha mezclado artificiosamente con innumerables y perniciosos errores, por lo cual no es siempre fácil separar lo que se halla fundado en la Palabra de Dios de lo que es inaceptable para todo aquel que desee obedecer a la Palabra.

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Congregarse conforme a la voluntad de Dios

Reunirse de manera diferente a la que nos enseña la Palabra de Dios no puede ser más que una forma religiosa. No digamos que una alma sincera, aunque mal esclarecida, no encontrará nada en tal reunión, y que Dios no puede agradarse de ella (Hechos 10:35).

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El cuerpo de Cristo

“¿Por qué me persigues?”,

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El ministerio y los dones

Leer 1 Corintios 12; Efesios 4:7-16; Romanos 12:4-8; 1 Pedro 4:10-11. En todos estos pasajes se resalta una cosa primordial: el Señor da. En Efesios, es Cristo quien ha dado; en Corintios, es Dios quien “ha colocado” en la Iglesia; en Romanos y en 1 Pedro se tienen dones de gracia diferentes.

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Introducción

Las páginas que siguen tienen por objeto recordar las enseñanzas de las Sagradas Escrituras acerca del importante asunto de la Iglesia o Asamblea

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Introducción

La Palabra dice, hablando de Jesús: No hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos (Hechos 4:12). Tampoco hay otra persona que sea el centro de la reunión de los redimidos (Mateo 18:20).

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La casa de Dios

La Palabra también nos presenta al conjunto de los creyentes como la casa de Dios aquí en la tierra.

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La Cena y la Mesa del Señor

Los pasajes sobre la institución de la Cena en los tres primeros evangelios y en 1 Corintios 11 hablan en primer lugar a nuestros corazones. ¡Cuánto había “deseado” el Señor comer, por última vez, la pascua con sus discípulos!

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La cuestión del nombre

Empecemos estableciendo un punto que muy a menudo es considerado a la ligera: debemos repudiar todo nombre distintivo mediante el cual daríamos aprobación a una división más de la Iglesia.

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La esposa

Leer Efesios 5:22-32; Mateo 13:45-46; Apocalipsis 19:7-9; 21.

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La Iglesia según el pensamiento de Dios

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La marcha de la asamblea

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La obra del servicio

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La ruina

¿Por qué esta casa, tan bien fundada y edificada en el principio, ha sido arruinada al punto de presentar la confusión actual? Mientras dormían los hombres… un enemigo ha hecho esto (Mateo 13:25, 28).

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Las reuniones

Una misma y preciosa exhortación domina por entero la vida práctica de la asamblea: “Todas vuestras cosas sean hechas con amor” (1 Corintios 16:14). Este amor, inseparable de la verdad (2 Juan 3), ciñe su “vínculo”, el de la “perfección” (Colosenses 3:14), alrededor de los creyentes, particularmente en las ocasiones en que la iglesia se halla reunida.

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Lo que los hombres han hecho de la Iglesia

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Principios de la congregación de los cristianos

Las instrucciones y exhortaciones del Nuevo Testamento raramente consideran al cristiano en un estado aislado, sino como formando parte de un conjunto, el de los “santos” (Romanos 1:7; 1 Corintios 1:2; 14:33; 16:1; Judas 4; etc.). Esta cualidad de “santos” no es el resultado de algún mérito en ellos; son santos por la vocación de Dios, en virtud de la perfecta obra de Cristo.

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¿Qué hacer en el presente estado de cosas?

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Reunidos en asamblea

La Palabra reconoce ocasiones en que la Iglesia como tal está reunida en la presencia del Señor, teniendo fe en Su promesa: “Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Estas reuniones tienen cuatro caracteres:

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1. El principio del “remanente”

Cuando Israel hizo el becerro de oro, la justicia de Dios hubiera tenido que destruir al pueblo. Sin embargo, respondió a la intercesión de Moisés y lo perdonó.

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1. Iglesias de afirmación católica

La iglesia romana afirma ser “la Iglesia”, la única, y monopoliza el título de católica, es decir universal. Pero, en diversos grados, reivindican el mismo título las grandes iglesias orientales que no reconocen al papa romano.

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2. El principio según el cual lo que es de Dios subsiste

Hemos visto que si la casa de Dios confiada al hombre ha sido arruinada, no ocurre lo mismo con el cuerpo de Cristo constituido por todos los rescatados. Este, a los ojos del Señor y para la fe, subsiste hoy como en los primeros días.

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2. Iglesias parciales

Las otras iglesias son organizaciones religiosas que se han separado de las precedentes, principalmente desde la Reforma, para constituir iglesias independientes, expresamente parciales y distintas dentro de la cristiandad. Sean o no nacionales, nada cambia con referencia a sus fundamentos.

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