¿No hay respuesta a mi oración?
¿No hay respuesta a mi oración?

J. Koechlin - 2000

Con frecuencia leemos la Palabra de Dios de manera superficial, y esto es para nuestro perjuicio, sobre todo cuando se trata de enseñanzas relativas a la oración. El desconocimiento de los principales pasajes que se nos presentan en el Nuevo Testamento puede tener consecuencias nefastas para la vida espiritual, conduciendo al desaliento y a la incredulidad. ¿Quién de nosotros no ha experimentado esos sentimientos porque, aparentemente, su oración no tuvo respuesta?

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Condición 1

Todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré
(Juan 14:13-14).

La promesa repetida alterna con una condición esencial que a veces se nos escapa. ¿Estamos siempre conscientes de que nuestras oraciones van más allá de nuestras propias circunstancias o de aquellas de las personas por las cuales intercedemos? Ellas interesan al Padre y al Hijo. Dios, quien vela por la gloria de Cristo, no puede permitir el uso excesivo del nombre de Jesús.

Para pedir algo en el nombre del Señor debemos estar seguros de que nuestro ruego es conforme al deseo de Aquel a quien el Padre no puede rehusar nada.

“Yo lo haré”, afirma entonces el Señor Jesús. Dicho de otro modo, mediante el poder de su nombre y por el hecho de que goza de un crédito ilimitado ante el Padre, hallará respuesta; Dios no puede rechazar la petición de su Hijo amado.

Esta consideración nos trae a la memoria lo que el Hijo es para el Padre y nos enseña a no usar el nombre del Señor en vano, como si fuese una fórmula que lo solucionara todo.